Apocalipsis 12:17
Apocalipsis 19:10
RVR1960
17 Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.
NTV
17 Así que el dragón se enfureció contra la mujer y le declaró la guerra al resto de sus hijos, a todos los que obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen firmes en su testimonio de Jesús.
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10 Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.
NTV
10 Entonces me postré a sus pies para adorarlo, pero me dijo: «No, no me adores a mí. Yo soy un siervo de Dios, como tú y tus hermanos que dan testimonio de su fe en Jesús. Adora únicamente a Dios, porque la esencia de la profecía es dar un claro testimonio de Jesús».
Introducción
Una promesa para el pueblo del tiempo del fin
En nuestro estudio anterior vimos que Dios nunca ha dejado de hablar a la humanidad. Desde Enoc hasta Juan el Bautista, levantó hombres inspirados por el Espíritu Santo para comunicar su voluntad, corregir el pecado, fortalecer la fe y preparar a su pueblo para los acontecimientos venideros. La historia bíblica demuestra que, en los momentos decisivos del plan de la salvación, Dios siempre proveyó dirección mediante el ministerio profético.
Esto nos lleva a una pregunta fundamental: si Dios manifestó el don profético a lo largo de la historia bíblica, ¿prometió hacerlo también antes del regreso de Jesucristo? La respuesta no debe basarse en tradiciones, opiniones o experiencias personales, sino únicamente en la Palabra de Dios.
El libro de Apocalipsis presenta una descripción del pueblo fiel de Dios en los últimos días. En Apocalipsis 12:17
"Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo." se mencionan dos características distintivas del remanente: guarda los mandamientos de Dios y tiene el testimonio de Jesucristo. Más adelante, el propio Apocalipsis identifica ese testimonio con el espíritu de la profecía Apocalipsis 19:10
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17 Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.
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17 Así que el dragón se enfureció contra la mujer y le declaró la guerra al resto de sus hijos, a todos los que obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen firmes en su testimonio de Jesús.
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10 Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.
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10 Entonces me postré a sus pies para adorarlo, pero me dijo: «No, no me adores a mí. Yo soy un siervo de Dios, como tú y tus hermanos que dan testimonio de su fe en Jesús. Adora únicamente a Dios, porque la esencia de la profecía es dar un claro testimonio de Jesús».
Estas dos características aparecen unidas porque Dios nunca pide obediencia sin proporcionar dirección. El Señor no deja a su pueblo enfrentar solo los desafíos espirituales, sino que le concede la luz necesaria para permanecer fiel.
Vivimos precisamente en ese tiempo. Nunca antes la humanidad había tenido acceso a tanta información y, al mismo tiempo, experimentado tanta confusión espiritual. Mateo 24:24
- "Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas..." Existen innumerables voces que afirman representar la verdad, doctrinas contradictorias que dividen a millones de personas y movimientos religiosos que prometen nuevas revelaciones. En semejante escenario, el pueblo de Dios necesita más que nunca el discernimiento que únicamente el Espíritu Santo puede conceder.
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24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.
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24 Pues se levantarán falsos mesías y falsos profetas y realizarán grandes señales y milagros para engañar, de ser posible, aun a los elegidos de Dios.
Por eso, el estudio del don de profecía no es una simple curiosidad doctrinal. Es una enseñanza práctica que fortalece nuestra confianza en la dirección de Dios para su iglesia y nos ayuda a comprender cómo el Señor continúa guiando a su pueblo mientras se prepara para el glorioso regreso de Jesucristo.
I. Joel 2 y la promesa del Espíritu
Una promesa para los últimos días
Muchos creyentes asocian la obra del Espíritu Santo únicamente con el Pentecostés descrito en el libro de los Hechos. Sin embargo, la Biblia muestra que aquel derramamiento no agotó el cumplimiento de las promesas divinas. Pentecostés fue el comienzo de una obra que alcanzará su máxima manifestación antes del regreso de Cristo.
Siglos antes del nacimiento de Jesús, el profeta Joel anunció esta promesa:
«Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones...» Joel 2:28-29
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28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. 29 Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.
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28 »Entonces, después de hacer todas esas cosas, derramaré mi Espíritu sobre toda la gente. Sus hijos e hijas profetizarán. Sus ancianos tendrán sueños, y sus jóvenes tendrán visiones.
29 En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre los sirvientes, hombres y mujeres por igual.
Este pasaje presenta una de las promesas más amplias acerca de la obra del Espíritu Santo. Dios promete derramar su Espíritu sobre personas de toda edad, condición social y género. Entre las evidencias de ese derramamiento aparecen el ministerio profético, los sueños y las visiones, manifestaciones de la presencia activa del Espíritu Santo en medio de su pueblo.
Cuando Pedro predicó el día de Pentecostés, citó esta profecía para explicar lo que estaba ocurriendo en Jerusalén. Sin embargo, el contexto de Joel muestra que la promesa también apunta a los acontecimientos previos al «día grande y terrible de Jehová», al mencionar señales como el oscurecimiento del sol y la luna convertida en sangre, que son señales del tiempo del fin.
Por esta razón, la interpretación adventista entiende que la profecía de Joel tiene un doble cumplimiento. Comenzó con el derramamiento de la lluvia temprana en Pentecostés y alcanzará su culminación con la lluvia tardía, poco antes de la segunda venida de Cristo.
Oseas 6:3
- "...vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana."
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3 Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.
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3 ¡Oh, si conociéramos al Señor! Esforcémonos por conocerlo. Él nos responderá, tan cierto como viene el amanecer o llegan las lluvias a comienzos de la primavera».
Así como la lluvia temprana permitía la germinación de la semilla y la lluvia tardía preparaba la cosecha, el Espíritu Santo fue derramado al inicio de la iglesia para impulsar la predicación del evangelio y volverá a manifestarse con gran poder para preparar al pueblo de Dios para el regreso de Jesús.
En ese contexto, el don profético ocupa un lugar importante. Mientras el mundo experimenta creciente confusión espiritual, Dios promete que su pueblo contará con la dirección del Espíritu Santo. Él no dependerá únicamente del razonamiento humano, sino de la guía del mismo Espíritu que inspiró a los profetas bíblicos.
Esta promesa revela el amor y el cuidado de Dios por su iglesia. En un tiempo de engaños, falsas doctrinas y confusión religiosa, el Señor promete fortalecer la fe de sus hijos y preservar a su pueblo mediante la dirección segura de su Espíritu y la verdad de las Sagradas Escrituras
II. El testimonio de Jesús
La identidad del don profético
Después de identificar al pueblo remanente como aquellos que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo, el libro de Apocalipsis explica el significado de esta expresión. En Apocalipsis 19:10
, el ángel declara a Juan: «Porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía».
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10 Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.
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10 Entonces me postré a sus pies para adorarlo, pero me dijo: «No, no me adores a mí. Yo soy un siervo de Dios, como tú y tus hermanos que dan testimonio de su fe en Jesús. Adora únicamente a Dios, porque la esencia de la profecía es dar un claro testimonio de Jesús».
Al analizar el contexto del Apocalipsis, descubrimos que el «testimonio de Jesús» no se refiere únicamente al testimonio que los creyentes dan acerca de Cristo, sino al testimonio que procede de Él y que comunica a su iglesia mediante la inspiración profética.
Apocalipsis 1:1-2
presenta una cadena reveladora: la revelación pertenece a Jesucristo; Él la entrega a un ángel, el ángel la comunica al profeta Juan y Juan la transmite a la iglesia. Este proceso muestra que el verdadero origen del mensaje profético es Jesucristo. Él continúa hablando a su pueblo por medio del Espíritu Santo.
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1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,
2 que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.
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1 Esta es una revelación de Jesucristo, la cual Dios le dio para mostrar a sus siervos los acontecimientos que deben suceder pronto. Él envió a un ángel a presentarle esta revelación a su siervo, Juan,
2 quien relató con fidelidad todo lo que vio. Este es su relato de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo.
Por eso, la expresión «espíritu de la profecía» describe la obra del Espíritu Santo manifestándose mediante el don profético para comunicar el mensaje de Cristo a su iglesia. Esta comprensión armoniza con el resto del Nuevo Testamento: Pedro afirma que los profetas hablaron inspirados por el Espíritu Santo, Pablo enseña que el Espíritu reparte los dones según su voluntad y Juan identifica este ministerio con el testimonio que Cristo sigue dando a su pueblo.
En consecuencia, el remanente descrito en Apocalipsis cuenta con la dirección especial del Espíritu Santo mediante el don de profecía. No porque sea superior a otros creyentes, sino porque Dios concede esta ayuda para preparar a su pueblo frente a los desafíos de los últimos días.
Sin embargo, el don profético nunca reemplaza a las Escrituras. Todo verdadero profeta exalta la autoridad de la Biblia, glorifica a Cristo y llama a la obediencia a los mandamientos de Dios. Su ministerio jamás contradice la revelación bíblica; la confirma, la aplica y dirige la atención al Salvador.
Jesús advirtió que surgirían falsos profetas, por lo que la iglesia debe ejercer discernimiento espiritual. La Biblia no invita a rechazar toda manifestación profética, sino a examinarla cuidadosamente. Como escribió Pablo: «No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno».
Así, el testimonio de Jesús revela el cuidado constante de Cristo por su iglesia. Él sigue guiando a su pueblo mediante su Espíritu y lo prepara para el glorioso día de su regreso.
III. Los dones espirituales permanecen hasta la segunda venida
La enseñanza de Efesios 4:11-13
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11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
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11 Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. 12 Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo. 13 Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo.
Una de las objeciones más comunes contra la continuidad del don profético sostiene que todos los dones espirituales cesaron con la muerte de los apóstoles. Sin embargo, el Nuevo Testamento enseña lo contrario.
En Efesios 4:11-13
, Pablo afirma que Cristo constituyó apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros para perfeccionar a los santos, edificar la iglesia y prepararla para la obra del ministerio.
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11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
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11 Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. 12 Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo. 13 Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo.
Este pasaje muestra que los dones espirituales fueron concedidos para el beneficio permanente del pueblo de Dios. No son privilegios personales, sino instrumentos mediante los cuales el Espíritu Santo fortalece y guía a la iglesia.
Es significativo que Pablo mencione el don de profecía junto con el evangelismo, el pastorado y la enseñanza. Si se afirmara que el don profético terminó en el primer siglo, habría que demostrar también que los demás dones dejaron de existir. Sin embargo, la iglesia reconoce que aún hoy existen pastores, evangelistas y maestros. El mismo principio puede aplicarse al don de profecía, siempre sujeto a las pruebas bíblicas que confirman su autenticidad.
El argumento decisivo se encuentra en la expresión «hasta que». Pablo enseña que estos dones permanecerán hasta que la iglesia alcance la unidad de la fe, el pleno conocimiento de Cristo y la madurez espiritual. Esa meta aún no se ha cumplido. Mientras la iglesia continúe su misión en la tierra, seguirá necesitando los dones que Cristo le concedió, incluido el don profético, cuya función no es añadir nuevas doctrinas, sino fortalecer la fe, conducir al pueblo a una mejor comprensión de las Escrituras y prepararlo para el regreso del Señor.
Dios siempre prepara a su pueblo para las crisis
La historia bíblica revela un principio constante: Dios nunca deja a su pueblo sin dirección en los momentos decisivos. Antes del diluvio levantó a Noé; antes del éxodo llamó a Moisés; durante la apostasía de Israel envió profetas como Elías, Isaías y Jeremías; y antes de la primera venida de Cristo levantó a Juan el Bautista para preparar el camino del Mesías. 2 Crónicas 20:20
- "...Creed a sus profetas, y seréis prosperados."
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20 Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat, estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.
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20 Temprano a la mañana siguiente, el ejército de Judá salió al desierto de Tecoa. De camino, el rey Josafat se detuvo y dijo: «¡Escúchenme, habitantes de Judá y de Jerusalén! Crean en el Señor su Dios y podrán permanecer firmes. Créanles a sus profetas y tendrán éxito».
Este patrón revela el carácter de Dios. Cuanto mayor es la crisis espiritual, mayor es también su interés por guiar a quienes desean permanecer fieles. Por eso, resulta coherente que antes del acontecimiento más trascendental de la historia — la segunda venida de Cristo — el Señor continúe dirigiendo a su iglesia mediante los dones del Espíritu.
El don profético nunca fue dado para satisfacer la curiosidad sobre el futuro ni para exaltar a una persona. Su propósito siempre ha sido llamar al arrepentimiento, fortalecer la fe, preservar al pueblo del engaño y mantener a la iglesia centrada en Cristo.
El Espíritu Santo sigue aplicando las verdades de las Escrituras a las necesidades de cada generación, guiando a la iglesia con el mismo cuidado con que un pastor conduce a su rebaño. Juan 14:26
- El Espíritu Santo enseñará y recordará las palabras de Cristo.
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26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
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26 Sin embargo, cuando el Padre envíe al Abogado Defensor como mi representante — es decir, al Espíritu Santo — , él les enseñará todo y les recordará cada cosa que les he dicho.
Un llamado a permanecer fieles
El libro de Apocalipsis anuncia que, en los últimos días, la verdad y el error estarán en abierto conflicto. Jesús advirtió que surgirían falsos cristos y falsos profetas con el propósito de engañar. Por eso, la iglesia necesita desarrollar un discernimiento espiritual fundamentado en la Palabra de Dios. 1 Juan 4:1
- "No creáis a todo espíritu..."
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1 Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.
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1 Queridos amigos, no les crean a todos los que afirman hablar de parte del Espíritu. Pónganlos a prueba para averiguar si el espíritu que tienen realmente proviene de Dios, porque hay muchos falsos profetas en el mundo.
El verdadero don profético nunca reemplaza la Biblia ni se coloca por encima de ella. Su misión es conducir nuevamente a las Escrituras, fortalecer la confianza en Cristo y promover una vida de obediencia y fidelidad. Cuando un mensaje proviene realmente del Espíritu Santo, produce humildad, amor por Dios y compromiso con su verdad.
La seguridad del pueblo remanente no descansa en experiencias extraordinarias, sino en la revelación bíblica y en la dirección constante del Espíritu Santo. Guiada por ambos, la iglesia puede avanzar con confianza y permanecer firme mientras espera el glorioso regreso de Jesucristo. Juan 8:31-32
- "Si vosotros permaneciereis en mi palabra..."
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31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
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31 Jesús le dijo a la gente que creyó en él: — Ustedes son verdaderamente mis discípulos si se mantienen fieles a mis enseñanzas; 32 y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.
IV. Respuestas a las objeciones más comunes
«La Biblia ya está completa» - 2 Timoteo 3:16-17
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16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
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16 Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto. 17 Dios la usa para preparar y capacitar a su pueblo para que haga toda buena obra.
Una de las preguntas más frecuentes es: si la Biblia está completa, ¿por qué sería necesario el don de profecía?
La respuesta es que el don profético nunca tuvo el propósito de reemplazar las Escrituras ni de añadir un nuevo fundamento para la fe. La Biblia es la revelación normativa de Dios y la única regla infalible de doctrina. Sin embargo, el hecho de que el canon bíblico esté completo no significa que el Espíritu Santo haya dejado de actuar.
La misma Biblia enseña que Cristo continúa concediendo dones espirituales para edificar a su iglesia. Además, no todos los profetas bíblicos escribieron libros que formaran parte del canon. Hombres como Natán, Gad y Ahías ejercieron un ministerio auténtico sin que sus mensajes fueran incorporados a las Escrituras.
«Todos los dones terminaron con los apóstoles» - 1 Corintios 13:8-12
Los dones cesarán cuando venga "lo perfecto", es decir, cuando veamos "cara a cara".
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8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.
9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.
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8 La profecía, el hablar en idiomas desconocidos, y el conocimiento especial se volverán inútiles. ¡Pero el amor durará para siempre!
9 Ahora nuestro conocimiento es parcial e incompleto, ¡y aun el don de profecía revela solo una parte de todo el panorama!
10 Sin embargo, cuando llegue el tiempo de la perfección, esas cosas parciales se volverán inútiles.
11 Cuando yo era niño, hablaba, pensaba y razonaba como un niño; pero cuando crecí, dejé atrás las cosas de niño.
12 Ahora vemos todo de manera imperfecta, como reflejos desconcertantes, pero luego veremos todo con perfecta claridad. Todo lo que ahora conozco es parcial e incompleto, pero luego conoceré todo por completo, tal como Dios ya me conoce a mí completamente.
Efesios 4
enseña que los dones espirituales fueron dados para preparar a la iglesia hasta que alcance la unidad de la fe y la madurez espiritual, una meta que aún no se ha cumplido. Tampoco existe un pasaje bíblico que afirme que el don de profecía cesaría con la muerte de los apóstoles. Por el contrario, las Escrituras exhortan a no menospreciar las profecías, sino a examinarlas cuidadosamente.
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1 Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,
2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,
3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;
4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;
5 un Señor, una fe, un bautismo,
6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.
7 Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.
8 Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.
9 Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?
10 El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,
15 sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
17 Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,
18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;
19 los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.
20 Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo,
21 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.
22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,
23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente,
24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
25 Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.
26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,
27 ni deis lugar al diablo.
28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.
31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efesios 4: 2 : Col. 3.
12-13. Efesios 4: 8 : Sal. 68.
18. Efesios 4: 16 : Col. 2.
19. Efesios 4: 22 : Col. 3.
9. Efesios 4: 24 : Col. 3.
10. Efesios 4: 24 : Gn. 1.
26. Efesios 4: 25 : Zac. 8.
16. Efesios 4: 26 : Sal. 4.
4. Efesios 4: 32 : Col. 3.
13.
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1 Por lo tanto, yo, prisionero por servir al Señor, les suplico que lleven una vida digna del llamado que han recibido de Dios, porque en verdad han sido llamados.
2 Sean siempre humildes y amables. Sean pacientes unos con otros y tolérense las faltas por amor.
3 Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz.
4 Pues hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, tal como ustedes fueron llamados a una misma esperanza gloriosa para el futuro.
5 Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,
6 un solo Dios y Padre de todos, quien está sobre todos, en todos y vive por medio de todos.
7 No obstante, él nos ha dado a cada uno de nosotros un don especial mediante la generosidad de Cristo.
8 Por eso las Escrituras dicen: «Cuando ascendió a las alturas, se llevó a una multitud de cautivos y dio dones a su pueblo».
9 Fíjense que dice «ascendió». Sin duda, eso significa que Cristo también descendió a este mundo inferior.
10 Y el que descendió es el mismo que ascendió por encima de todos los cielos, a fin de llenar la totalidad del universo con su presencia.
11 Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros.
12 Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo.
13 Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo.
14 Entonces ya no seremos inmaduros como los niños. No seremos arrastrados de un lado a otro ni empujados por cualquier corriente de nuevas enseñanzas. No nos dejaremos llevar por personas que intenten engañarnos con mentiras tan hábiles que parezcan la verdad.
15 En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia.
16 Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor.
17 Con la autoridad del Señor digo lo siguiente: ya no vivan como los que no conocen a Dios, porque ellos están irremediablemente confundidos.
18 Tienen la mente llena de oscuridad; vagan lejos de la vida que Dios ofrece, porque cerraron la mente y endurecieron el corazón hacia él.
19 Han perdido la vergüenza. Viven para los placeres sensuales y practican con gusto toda clase de impureza.
20 Pero eso no es lo que ustedes aprendieron acerca de Cristo.
21 Ya que han oído sobre Jesús y han conocido la verdad que procede de él,
22 desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño.
23 En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes.
24 Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo.
25 Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo.
26 Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle». No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados,
27 porque el enojo da lugar al diablo.
28 Si eres ladrón, deja de robar. En cambio, usa tus manos en un buen trabajo digno y luego comparte generosamente con los que tienen necesidad.
29 No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan.
30 No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven. Recuerden que él los identificó como suyos, y así les ha garantizado que serán salvos el día de la redención.
31 Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta.
32 Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.
«Existen muchos falsos profetas» - Deuteronomio 18:21-22
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21 Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado? ;
22 si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.
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21 »Tal vez se pregunten: “¿Cómo sabremos si una profecía viene o no del Señor?”.
22 Si el profeta habla en el nombre del Señor, pero su profecía no se cumple ni ocurre lo que predice, ustedes sabrán que ese mensaje no proviene del Señor. Ese profeta habló sin el respaldo de mi autoridad, y no tienen que temerle.
Jesús advirtió que surgirían falsos profetas, y la historia confirma esa realidad. Sin embargo, la existencia de falsificaciones no elimina la autenticidad del don verdadero. Precisamente por eso, la Biblia establece criterios para discernir entre lo verdadero y lo falso.
Un verdadero profeta estará siempre en armonía con las Escrituras, exaltará a Jesucristo, producirá buenos frutos y conducirá a las personas a una vida de obediencia y comunión con Dios. Por ello, el creyente debe evaluar todo mensaje a la luz de la Palabra de Dios y no dejarse guiar únicamente por las emociones o las apariencias.
V. Aplicaciones prácticas
Dios sigue guiando a su iglesia
Esta enseñanza fortalece nuestra confianza en el cuidado permanente de Dios. Después de la ascensión de Cristo, el Señor no dejó sola a su iglesia. El mismo Espíritu Santo que guió a los creyentes del primer siglo continúa dirigiendo hoy a su pueblo mediante su Palabra y su presencia.
Podemos avanzar con seguridad porque Dios sigue interesado en la misión y en la vida espiritual de su iglesia.
Debemos amar más la Biblia - Salmos 119:105
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105 Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.
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Nun 105 Tu palabra es una lámpara que guía mis pies y una luz para mi camino.
El verdadero don profético nunca disminuye la importancia de las Escrituras; por el contrario, nos conduce a valorarlas más. Todo mensaje inspirado por Dios despierta un mayor deseo de estudiar su Palabra y conocer a Cristo.
Cada creyente necesita cultivar el hábito de leer la Biblia diariamente, pues en ella encontramos la voz de Dios, sus promesas y la revelación de su carácter. Ninguna experiencia espiritual puede sustituir la autoridad de las Escrituras.
Debemos cultivar discernimiento espiritual - Hebreos 5:14
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14 pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.
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14 El alimento sólido es para los que son maduros, los que a fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo.
Vivimos rodeados de mensajes religiosos, interpretaciones contradictorias y supuestas revelaciones. Por eso necesitamos depender del Espíritu Santo para distinguir entre la verdad y el error. El creyente que conoce y practica la Palabra de Dios estará mejor preparado para enfrentar el engaño.
Nuestra misión continúa - Mateo 28:19-20
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19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
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19 Por lo tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
20 Enseñen a los nuevos discípulos a obedecer todos los mandatos que les he dado. Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos».
Aunque el don profético es un don específico concedido por Dios, todos los creyentes somos llamados a compartir el evangelio. Podemos llevar esperanza, enseñar la verdad y conducir a otros hacia Cristo.
Nuestra preparación para el tiempo del fin no consiste solamente en conocer las profecías, sino en vivir una relación diaria con Jesús y reflejar su amor al mundo.
Conclusión
Al recorrer la Biblia encontramos un Dios que nunca ha dejado de comunicarse con su pueblo. Desde los patriarcas hasta la iglesia apostólica, el Señor ha guiado a sus hijos mediante su Palabra, el Espíritu Santo y el ministerio profético.
Apocalipsis revela que esta dirección divina continuaría en el tiempo del fin. El remanente es descrito como un pueblo que guarda los mandamientos de Dios y posee el testimonio de Jesús, identificado como el espíritu de la profecía. Esto no añade una nueva autoridad sobre las Escrituras, sino que confirma la guía constante de Dios en armonía con su Palabra.
Apocalipsis 22:7
- "Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía..."
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7 ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.
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7 «Miren, ¡yo vengo pronto! Benditos son los que obedecen las palabras de la profecía que están escritas en este libro ».
Nuestra respuesta debe ser escuchar su voz, estudiar fielmente la Biblia y permitir que el Espíritu transforme nuestra vida. Con Cristo como centro, podemos avanzar con esperanza y confianza hacia su segunda venida.
Transición hacia el Tema 3
Hasta aquí hemos visto que la Biblia enseña la permanencia del don de profecía hasta el regreso de Cristo y que el pueblo remanente tendría el testimonio de Jesús, es decir, el espíritu de la profecía.
Ahora surge una pregunta fundamental: si Dios prometió manifestar este don en el tiempo del fin, ¿cómo podemos identificar un verdadero profeta? En el próximo estudio, «Las Pruebas Bíblicas de un Verdadero Profeta», analizaremos los criterios que la Biblia establece para reconocer la autenticidad profética y evitar el engaño.