La Victoria — Estudia la Biblia Hoy





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Mateo 4:5-11
RVR1960 5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, 6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. 7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. 8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. 11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían. NTV 5 Después el diablo lo llevó a la santa ciudad, Jerusalén, al punto más alto del templo, 6 y dijo: — Si eres el Hijo de Dios, ¡tírate! Pues las Escrituras dicen: “Él ordenará a sus ángeles que te protejan. Y te sostendrán con sus manos para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra”. 7 Jesús le respondió: — Las Escrituras también dicen: “No pondrás a prueba al Señor tu Dios” . 8 Luego el diablo lo llevó a la cima de una montaña muy alta y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria que hay en ellos. 9 — Te daré todo esto — dijo — si te arrodillas y me adoras. 10 — Vete de aquí, Satanás — le dijo Jesús — , porque las Escrituras dicen: “Adora al Señor tu Dios y sírvele únicamente a él” . 11 Entonces el diablo se fue, y llegaron ángeles a cuidar a Jesús.
Marcos 1:12-13
RVR1960 12 Y luego el Espíritu le impulsó al desierto. 13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían. NTV 12 Luego el Espíritu lo impulsó a ir al desierto, 13 donde Jesús fue tentado por Satanás durante cuarenta días. Estaba a la intemperie entre los animales salvajes, y los ángeles lo cuidaban.
Lucas 4:5-13
RVR1960 5 Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. 6 Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. 7 Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. 8 Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. 9 Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; 10 porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden; 11 y, En las manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. 12 Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios. 13 Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo. NTV 5 Entonces el diablo lo llevó a una parte alta y desplegó ante él todos los reinos del mundo en un solo instante. 6 — Te daré la gloria de estos reinos y autoridad sobre ellos — le dijo el diablo — , porque son míos para dárselos a quien yo quiera. 7 Te daré todo esto si me adoras. 8 Jesús le respondió: — Las Escrituras dicen: “Adora al Señor tu Dios y sírvele únicamente a él” . 9 Entonces el diablo lo llevó a Jerusalén, al punto más alto del templo, y dijo: — Si eres el Hijo de Dios, ¡tírate! 10 Pues las Escrituras dicen: “Él ordenará a sus ángeles que te protejan y te guarden. 11 Y te sostendrán con sus manos para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra”. 12 Jesús le respondió: — Las Escrituras también dicen: “No pondrás a prueba al Señor tu Dios” . 13 Cuando el diablo terminó de tentar a Jesús, lo dejó hasta la siguiente oportunidad.

“Entonces el diablo le pasa a la santa ciudad, y le pone sobre las almenas del templo, y le dice: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; que escrito está: A sus ángeles mandará por ti, y te alzarán en las manos, para que nunca tropieces con tu pie en piedra.”Satanás supone ahora que ha hecho frente a Jesús en su propio terreno. El astuto enemigo le presenta palabras procedentes de la boca de Dios. Se da todavía por un ángel de luz y evidencia conocer las Escrituras y comprender su significado. Como Jesús empleó antes la Palabra de Dios para sostener su fe, el tentador la usa ahora para apoyar su engaño. Pretende haber estado tan sólo probando la fidelidad de Jesús, y elogia su firmeza. Como el Salvador había manifestado confianza en Dios, Satanás le insta a dar otra prueba de su fe.

Pero otra vez la tentación va precedida de la insinuación de desconfianza: “Si eres Hijo de Dios.” Cristo se sintió tentado a contestar al “si;” pero se abstuvo de la menor aceptación de la duda; No podía hacer peligrar su vida a fin de dar pruebas a Satanás.

El tentador pensaba aprovechar de la humanidad de Cristo e incitarle a la presunción. Pero aunque Satanás puede instar, no puede obligar a pecar. Dijo, pues, a Jesús: “Échate abajo,” sabiendo que no podía arrojarle, porque Dios se interpondría para librarle. Ni podía Satanás obligar a Jesús a arrojarse. A menos que Cristo cediese a la tentación, no podía ser vencido. Ni aun todo el poder de la tierra o del infierno podía obligarle a apartarse en un ápice de la voluntad de su Padre.

El tentador no puede nunca obligarnos a hacer lo malo. No puede dominar nuestra mente, a menos que la entreguemos a su dirección. La voluntad debe consentir y la fe abandonar su confianza en Cristo, antes que Satanás pueda ejercer su poder sobre nosotros. Pero todo deseo pecaminoso que acariciamos le da un punto de apoyo. Todo detalle en que dejamos de alcanzar la norma divina es una puerta abierta por la cual él puede entrar para tentarnos y destruirnos. Y todo fracaso o derrota de nuestra parte le da ocasión de vituperar a Cristo.

Cuando Satanás citó la promesa: “A sus ángeles mandará por ti,” omitió las palabras: “que te guarden en todos tus caminos;” es decir, en todos los caminos que Dios haya elegido. Jesús se negó a salir de la senda de la obediencia. Aunque manifestaba perfecta confianza en su Padre, no quería colocarse, sin que le fuera ordenado, en una posición que justificase la intervención de su Padre para salvarle de la muerte. No quería obligar a la Providencia a acudir en su auxilio, y dejar de dar al hombre un ejemplo de confianza y sumisión.

Jesús declaró a Satanás: “Escrito está además: No tentarás al Señor tu Dios.” Estas palabras fueron dirigidas por Moisés a los hijos de Israel cuando tenían sed en el desierto, y exigieron que Moisés les diese agua, exclamando: “¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?” Éxodo 17:7. Dios había obrado maravillosamente en favor suyo; sin embargo, al verse en dificultades, dudaron de él, y exigieron pruebas de que estaba con ellos. En su incredulidad, trataron de probarle. Satanás instaba a Cristo a hacer lo mismo. Dios había testificado ya de que Jesús era su Hijo; y ahora pedir pruebas de que era el Hijo de Dios era dudar de la Palabra de Dios, era tentarle. Y se podía hacer lo mismo al pedir lo que Dios no había prometido. Era manifestar desconfianza; en realidad, tentarle. No debemos presentar nuestras peticiones a Dios para probar si cumplirá su palabra, sino porque él la cumplirá; no para probar que nos ama, sino porque él nos ama. “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” Hebreos 11:6
RVR1960 6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. NTV 6 De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad.
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Pero la fe no va en ningún sentido unida a la presunción. Sólo el que tenga verdadera fe se halla seguro contra la presunción. Porque la presunción es la falsificación satánica de la fe. La fe se aferra a las promesas de Dios, y produce la obediencia. La presunción también se aferra a las promesas, pero las usa como Satanás, para disculpar la transgresión. La fe habría inducido a nuestros primeros padres a confiar en el amor de Dios, y a obedecer sus mandamientos. La presunción los indujo a transgredir su ley, creyendo que su gran amor los salvaría de las consecuencias de su pecado. No es fe lo que reclama el favor del Cielo sin cumplir las condiciones bajo las cuales se concede una merced. La fe verdadera tiene su fundamento en las promesas y provisiones de las Escrituras.

Muchas veces, cuando Satanás no logra excitar la desconfianza, nos induce a la presunción. Si puede hacernos entrar innecesariamente en el camino de la tentación, sabe que la victoria es suya. Dios guardará a todos los que anden en la senda de la obediencia; pero el apartarse de ella es aventurarse en terreno de Satanás. Allí, lo seguro es que caeremos. El Salvador nos ha ordenado: “Velad y orad, para que no entréis en tentación.” San Marcos 14:38
RVR1960 38 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. NTV 38 Velen y oren para que no cedan ante la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil».
. La meditación y la oración nos impedirían precipitarnos, sin orden alguna, al peligro, y así nos ahorraríamos muchas derrotas.

Sin embargo, no deberíamos desanimarnos cuando nos asalta la tentación. Muchas veces, al encontrarnos en situación penosa, dudamos de que el Espíritu de Dios nos haya estado guiando. Pero fue la dirección del Espíritu la que llevó a Jesús al desierto, para ser tentado por Satanás. Cuando Dios nos somete a una prueba, tiene un fin que lograr para nuestro bien. Jesús no confió presuntuosamente en las promesas de Dios yendo a la tentación sin recibir la orden, ni se entregó a la desesperación cuando la tentación le sobrevino. Ni debemos hacerlo nosotros. “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar.” Él dice: “Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo. E invócame en el día de la angustia: te libraré, y tú me honrarás.” 1 Corintios 10:13
RVR1960 13 No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. NTV 13 Las tentaciones que enfrentan en su vida no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir.
; Salmos 50:14-15
RVR1960 14 Sacrifica a Dios alabanza, Y paga tus votos al Altísimo; 15 E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás. NTV 14 Haz que la gratitud sea tu sacrificio a Dios y cumple los votos que le has hecho al Altísimo. 15 Luego llámame cuando tengas problemas, y yo te rescataré, y tú me darás la gloria».
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Jesús salió victorioso de la segunda tentación, y luego Satanás se le manifestó en su verdadero carácter. Pero no se le apareció como un odioso monstruo, de pezuñas hendidas y alas de murciélago. Era un poderoso ángel, aunque caído. Se declaró jefe de la rebelión y dios de este mundo.

Colocando a Jesús sobre una alta montaña, hizo desfilar delante de él, en vista panorámica, todos los reinos del mundo en toda su gloria. La luz del sol hería ciudades llenas de templos, palacios de mármol, campos feraces y viñedos cargados de frutos. Los rastros del mal estaban ocultos. Los ojos de Jesús, hasta poco tiempo antes afectados por una visión de lobreguez y desolación, contemplaban ahora una escena de insuperable belleza y prosperidad. Entonces se oyó la voz del tentador: “A tí te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí es entregada, y a quien quiero la doy: pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos.”

La misión de Cristo podía cumplirse únicamente por medio de padecimientos. Le esperaba una vida de tristeza, penurias y conflicto, y una muerte ignominiosa. Debía llevar los pecados del mundo entero. Debía soportar la separación del amor de su Padre. El tentador le ofrecía la entrega del poder que había usurpado. Cristo podía librarse del espantoso porvenir reconociendo la supremacía de Satanás. Pero hacerlo hubiera sido renunciar a la victoria del gran conflicto. Tratando de ensalzarse por encima del Hijo de Dios, era como Satanás había pecado en el cielo. Si prevaleciese ahora, significaría el triunfo de la rebelión.

Cuando Satanás declaró a Cristo: El reino y la gloria del mundo me son entregados, y a quien quiero los doy, dijo algo que era verdad solamente en parte; y lo dijo con fines de engaño. El dominio que ejercía Satanás era el que había arrebatado a Adán, pero Adán era vicegerente del Creador. El suyo no era un dominio independiente. La tierra es de Dios, y él ha confiado todas las cosas a su Hijo. Adán había de reinar sujeto a Cristo. Cuando Adán entregó su soberanía en las manos de Satanás, Cristo continuó siendo aún el Rey legítimo. Por esto el Señor había dicho al rey Nabucodonosor: “El Altísimo se enseñorea del reino de los hombres, y . . a quien él quiere lo da.” Daniel 4:17
RVR1960 17 La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la resolución, para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres. NTV 17 Pues esto es lo que decretaron los mensajeros; es lo que ordenan los santos, para que todos sepan que el Altísimo gobierna los reinos del mundo y los entrega a cualquiera que él elija, incluso a las personas más humildes’.
. Satanás puede ejercer su usurpada autoridad únicamente en la medida en que Dios lo permite.

Cuando el tentador ofreció a Cristo el reino y la gloria del mundo, se propuso que Cristo renunciase al verdadero reino del mundo y ejerciese el dominio sujeto a Satanás. Tal era la clase de dominio en que se cifraban las esperanzas de los judíos. Deseaban el reino de este mundo. Si Cristo hubiese consentido en ofrecerles semejante reino, le habrían recibido gustosamente. Pero la maldición del pecado, con toda su desgracia, pesaba sobre él. Cristo declaró al tentador: “Vete, Satanás, que escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás.”

El que se había rebelado en el cielo ofreció a Cristo los reinos de este mundo para comprar su homenaje a los principios del mal; pero Cristo no quiso venderse; había venido para establecer un reino de justicia, y no quería abandonar sus propósitos. Satanás se acerca a los hombres con la misma tentación, y tiene más éxito con ellos. Les ofrece el reino de este mundo a condición de que reconozcan su supremacía. Demanda que sacrifiquen su integridad, desprecien la conciencia, satisfagan su egoísmo. Cristo los invita a buscar primero el reino de Dios y su justicia; pero Satanás anda a su lado y les dice: Cualquiera sea la verdad acerca de la vida eterna, para tener éxito en este mundo, debéis servirme. Tengo vuestro bienestar en mis manos. Puedo daros riquezas, placeres, honores y felicidad. Oíd mi consejo. No os dejéis arrastrar por nociones caprichosas de honradez o abnegación. Yo os prepararé el camino. Y así multitudes son engañadas. Consienten en vivir para servirse a sí mismas, y Satanás queda satisfecho. Al par que las seduce con la esperanza del dominio mundanal, conquista el dominio del alma. Pero él ofrece lo que no puede otorgar, lo que pronto se le quitará. En pago, las despoja de su derecho a la herencia de los hijos de Dios.

Satanás había puesto en duda que Jesús fuese el Hijo de Dios. En su sumaria despedida tuvo una prueba que no podía contradecir. La divinidad fulguró a través de la humanidad doliente. Satanás no tuvo poder para resistir la orden. Retorciéndose de humillación e ira, se vio obligado a retirarse de la presencia del Redentor del mundo. La victoria de Cristo fue tan completa como lo había sido el fracaso de Adán.

Así podemos nosotros resistir la tentación y obligar a Satanás a alejarse. Jesús venció por la sumisión a Dios y la fe en él, y mediante el apóstol nos dice: “Someteos pues a Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá. Allegaos a Dios, y él se allegará a vosotros.” Santiago 4:7-8
RVR1960 7 Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. 8 Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. NTV 7 Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. 8 Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes. Lávense las manos, pecadores; purifiquen su corazón, porque su lealtad está dividida entre Dios y el mundo.
. No podemos salvarnos a nosotros mismos del poder del tentador; él venció a la humanidad, y cuando nosotros tratamos de resistirle con nuestra propia fuerza caemos víctimas de sus designios; pero “torre fuerte es el nombre de Jehová: a él correrá el justo, y será levantado.” Proverbios 18:10
RVR1960 10 Torre fuerte es el nombre de Jehová; A él correrá el justo, y será levantado. NTV 10 El nombre del Señor es una fortaleza firme; los justos corren a él y quedan a salvo.
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Satanás tiembla y huye delante del alma más débil que busca refugio en ese nombre poderoso.
Después que el enemigo hubo huido, Jesús cayó exhausto al suelo, con la palidez de la muerte en el rostro. Los ángeles del cielo habían contemplado el conflicto, mirando a su amado General mientras pasaba por indecibles sufrimientos para preparar una vía de escape para nosotros. Había soportado la prueba, una prueba mayor que cualquiera que podamos ser llamados a soportar. Los ángeles sirvieron entonces al Hijo de Dios, mientras estaba postrado como moribundo. Fue fortalecido con alimentos y consolado por un mensaje del amor de su Padre, así como por la seguridad de que todo el cielo había triunfado en su victoria. Reanimándose, su gran corazón se hinchió de simpatía por el hombre y salió para completar la obra que había empezado, para no descansar hasta que el enemigo estuviese vencido y redimida nuestra especie caída.

Nunca podrá comprenderse el costo de nuestra redención hasta que los redimidos estén con el Redentor delante del trono de Dios. Entonces, al percibir de repente nuestros sentidos arrobados las glorias de la patria eterna, recordaremos que Jesús dejó todo esto por nosotros, que no sólo se desterró de las cortes celestiales, sino que por nosotros corrió el riesgo de fracasar y de perderse eternamente. Entonces arrojaremos nuestras coronas a sus pies, y elevaremos este canto: “¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!” Apocalipsis 5:12
RVR1960 12 que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. NTV 12 Ellos cantaban en un potente coro: «Digno es el Cordero que fue sacrificado, de recibir el poder y las riquezas y la sabiduría y la fuerza y el honor y la gloria y la bendición».
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