Introducción
¿Es posible permanecer fiel a Dios cuando todo a nuestro alrededor nos presiona a pensar, creer y actuar de manera diferente? Esta es la pregunta que encontramos al iniciar el estudio del libro de Daniel. El capítulo 1 nos presenta a cuatro jóvenes hebreos que fueron arrancados de su hogar, separados de sus familias y llevados cautivos a una tierra extraña. Habían perdido muchas cosas: su nación, su cultura y la posibilidad de vivir libremente en la tierra prometida. Sin embargo, conservaron lo más importante: su fe en Dios.
El libro de Daniel no comienza con profecías ni con visiones impresionantes. Comienza con una prueba aparentemente sencilla relacionada con la alimentación y la fidelidad personal. Sin embargo, detrás de esta prueba se encontraba una lucha mucho más profunda: una batalla por la mente, la identidad y la lealtad de estos jóvenes. El versículo clave del capítulo declara: “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey” Daniel 1:8
. Esta decisión marcaría el rumbo de toda su vida y nos enseña una lección fundamental: la fidelidad en las cosas pequeñas prepara al creyente para permanecer firme en las pruebas más grandes.
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8 Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.
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8 Sin embargo, Daniel estaba decidido a no contaminarse con la comida y el vino dados por el rey. Le pidió permiso al jefe del Estado Mayor para no comer esos alimentos inaceptables.
I. El contexto de Daniel 1
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1 En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió.
2 Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios.
3 Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes,
4 muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos.
5 Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey.
6 Entre estos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá.
7 A estos el jefe de los eunucos puso nombres: puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego.
8 Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.
9 Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos;
10 y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza.
11 Entonces dijo Daniel a Melsar, que estaba puesto por el jefe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías:
12 Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber.
13 Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas.
14 Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con ellos diez días.
15 Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey.
16 Así, pues, Melsar se llevaba la porción de la comida de ellos y el vino que habían de beber, y les daba legumbres.
17 A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.
18 Pasados, pues, los días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor.
19 Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey.
20 En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.
21 Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro. Daniel 1: 1 : 2 R. 24.
1; 2 Cr. 36.
5-7. Daniel 1: 4 : 2 R. 20.
17-18; Is. 39.
7-8; 2 R. 24.
10-16; 2 Cr. 36.
10.
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1 Durante el tercer año del reinado de Joacim, rey de Judá, llegó a Jerusalén el rey Nabucodonosor de Babilonia y la sitió.
2 El Señor le dio la victoria sobre el rey Joacim de Judá y le permitió llevarse algunos de los objetos sagrados del templo de Dios. Así que Nabucodonosor se los llevó a Babilonia y los puso en la casa del tesoro del templo de su dios.
3 Luego el rey ordenó a Aspenaz, jefe del Estado Mayor, que trajera al palacio a algunos de los jóvenes de la familia real de Judá y de otras familias nobles, que habían sido llevados a Babilonia como cautivos.
4 «Selecciona solo a jóvenes sanos, fuertes y bien parecidos — le dijo — . Asegúrate de que sean instruidos en todas las ramas del saber, que estén dotados de conocimiento y de buen juicio y que sean aptos para servir en el palacio real. Enseña a estos jóvenes el idioma y la literatura de Babilonia».
5 El rey les asignó una ración diaria de la comida y del vino que provenían de su propia cocina. Debían recibir entrenamiento por tres años y después entrarían al servicio real.
6 Daniel, Ananías, Misael y Azarías fueron cuatro de los jóvenes seleccionados, todos de la tribu de Judá.
7 El jefe del Estado Mayor les dio nuevos nombres babilónicos: A Daniel lo llamó Beltsasar. A Ananías lo llamó Sadrac. A Misael lo llamó Mesac. A Azarías lo llamó Abed-nego.
8 Sin embargo, Daniel estaba decidido a no contaminarse con la comida y el vino dados por el rey. Le pidió permiso al jefe del Estado Mayor para no comer esos alimentos inaceptables.
9 Ahora bien, Dios había hecho que el jefe del Estado Mayor le tuviera respeto y afecto a Daniel,
10 pero le respondió: «Tengo miedo de mi señor el rey quien ordenó que ustedes comieran estos alimentos y bebieran este vino. Si se vuelven pálidos y delgados en comparación con otros jóvenes de su edad, temo que el rey mandará a decapitarme».
11 Entonces Daniel habló con el asistente que había sido designado por el jefe del Estado Mayor para cuidar a Daniel, Ananías, Misael y Azarías,
12 y le dijo: «Por favor, pruébanos durante diez días con una dieta de vegetales y agua.
13 Al cumplirse los diez días, compara nuestro aspecto con el de los otros jóvenes que comen de la comida del rey. Luego decide de acuerdo con lo que veas».
14 El asistente aceptó la sugerencia de Daniel y los puso a prueba por diez días.
15 Al cumplirse los diez días, Daniel y sus tres amigos se veían más saludables y mejor nutridos que los jóvenes alimentados con la comida asignada por el rey.
16 Así que, desde entonces, el asistente les dio de comer solo vegetales en lugar de los alimentos y el vino que servían a los demás.
17 A estos cuatro jóvenes Dios les dio aptitud excepcional para comprender todos los aspectos de la literatura y la sabiduría; y a Daniel Dios le dio la capacidad especial de interpretar el significado de visiones y sueños.
18 Cuando se cumplió el período de instrucción ordenado por el rey, el jefe del Estado Mayor llevó a todos los jóvenes ante el rey Nabucodonosor.
19 El rey habló con ellos y ninguno le causó mejor impresión que Daniel, Ananías, Misael y Azarías. De modo que entraron al servicio real.
20 Cada vez que el rey los consultaba sobre cualquier asunto que exigiera sabiduría y juicio equilibrado, los encontraba diez veces más capaces que todos los magos y brujos de su reino.
21 Daniel permaneció en el servicio real hasta el primer año del rey Ciro.
: El ataque de Babilonia
1; 2 Cr. 36.
5-7. Daniel 1: 4 : 2 R. 20.
17-18; Is. 39.
7-8; 2 R. 24.
10-16; 2 Cr. 36.
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El capítulo comienza narrando la conquista de Jerusalén por parte del rey Nabucodonosor. Aproximadamente en el año 605 a.C., Babilonia derrotó a Judá y llevó cautivos a muchos de sus habitantes, incluyendo a jóvenes nobles de gran inteligencia y potencial. Entre ellos se encontraban Daniel, Ananías, Misael y Azarías.
Sin embargo, Babilonia no estaba interesada únicamente en conquistar territorios. Su propósito era transformar a estos jóvenes en auténticos babilonios. El imperio entendía que para controlar el futuro debía moldear la mente de la nueva generación.
Para lograrlo utilizó varias estrategias. Primero, cambió su lugar de residencia. Los jóvenes fueron trasladados de Jerusalén, centro de la adoración al verdadero Dios, a Babilonia, centro de la idolatría y el poder humano. Segundo, se modificó su educación. Según Daniel 1:4
, debían aprender la lengua y la literatura de los caldeos. Tercero, se les cambiaron los nombres. Daniel, cuyo nombre significa “Dios es mi juez”, pasó a llamarse Beltsasar; Ananías se convirtió en Sadrac; Misael en Mesac; y Azarías en Abed-nego. Los nuevos nombres estaban asociados a las divinidades babilónicas. Finalmente, se intentó cambiar sus hábitos alimenticios mediante la provisión de la comida y el vino del rey.
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4 muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos.
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4 «Selecciona solo a jóvenes sanos, fuertes y bien parecidos — le dijo — . Asegúrate de que sean instruidos en todas las ramas del saber, que estén dotados de conocimiento y de buen juicio y que sean aptos para servir en el palacio real. Enseña a estos jóvenes el idioma y la literatura de Babilonia».
El objetivo era claro: borrar su identidad espiritual y reemplazarla por una identidad pagana.
Aunque han transcurrido muchos siglos, el enemigo continúa utilizando métodos similares. La cultura moderna, las filosofías seculares, ciertos sistemas educativos, los medios de comunicación y las presiones sociales intentan con frecuencia moldear el pensamiento de los creyentes. La pregunta para nosotros es la misma que enfrentaron Daniel y sus amigos: ¿permitiremos que el mundo defina quiénes somos o permaneceremos fieles a nuestra identidad como hijos de Dios?
II. Daniel propuso en su corazón
El punto central del capítulo se encuentra en Daniel 1:8
. Allí leemos que Daniel “propuso en su corazón” no contaminarse. Esta expresión revela que la victoria espiritual comenzó mucho antes de la prueba misma. Daniel no tomó una decisión impulsiva cuando la comida fue colocada delante de él. Había decidido previamente que obedecería a Dios sin importar las circunstancias.
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8 Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.
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8 Sin embargo, Daniel estaba decidido a no contaminarse con la comida y el vino dados por el rey. Le pidió permiso al jefe del Estado Mayor para no comer esos alimentos inaceptables.
La verdadera fidelidad siempre nace en el corazón. Las grandes pruebas simplemente revelan las decisiones que hemos tomado en privado. Cuando llegan momentos de presión, las personas no desarrollan un carácter nuevo; manifiestan el carácter que ya han cultivado.
La Biblia presenta otros ejemplos similares. José decidió permanecer fiel cuando fue tentado en Egipto. Josué declaró: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”. Rut decidió seguir al Dios de Israel aun cuando eso significaba abandonar su tierra y sus costumbres. En cada caso, la fidelidad fue el resultado de una decisión previa y consciente.
Desde la perspectiva adventista, este principio tiene una importancia especial. El conflicto final descrito en Daniel y Apocalipsis requerirá hombres y mujeres cuya lealtad haya sido desarrollada mediante decisiones diarias de obediencia. Nadie estará preparado para las grandes pruebas si no aprende primero a ser fiel en las pequeñas.
La verdadera grandeza consiste en hacer lo correcto porque es correcto. También enseña que Daniel y sus compañeros fueron fortalecidos porque aprendieron a obedecer a Dios en los asuntos cotidianos de la vida.
Por esta razón debemos preguntarnos: ¿qué decisiones diarias están formando nuestro carácter? La oración, el estudio de la Biblia, la honestidad, la pureza de pensamiento y la fidelidad en nuestros deberes cotidianos son aspectos aparentemente pequeños, pero son precisamente los que preparan al cristiano para desafíos mayores.
III. La reforma pro-salud en Daniel 1
Cuando Daniel rechazó la comida del rey, no estaba simplemente siguiendo una preferencia alimenticia. Había profundas razones espirituales detrás de su decisión. Algunos de aquellos alimentos probablemente eran considerados inmundos según las leyes dadas por Dios a Israel. Además, muchos de ellos habían sido dedicados previamente a los ídolos babilónicos. Daniel comprendía que la mesa del rey representaba mucho más que alimento; simbolizaba la aceptación de los valores y prácticas de Babilonia.
Por ello solicitó una dieta sencilla basada en legumbres y agua durante un período de prueba. Al final de los diez días, él y sus compañeros mostraron mejor apariencia y mayor salud que quienes consumían la comida real.
La Iglesia Adventista encuentra en este relato importantes principios relacionados con la reforma pro-salud. Desde el principio de la creación, Dios mostró interés por el bienestar físico de sus hijos. Génesis 1:29
presenta la alimentación original dada a la humanidad. Más adelante, el apóstol Pablo enseñó que nuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo 1 Corintios 6:19-20
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29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.
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29 Entonces Dios dijo: «¡Miren! Les he dado todas las plantas con semilla que hay sobre la tierra y todos los árboles frutales para que les sirvan de alimento.
. Asimismo, 3 Juan 2
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19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
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19 ¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos, 20 porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo.
expresa el deseo divino de que prosperemos y tengamos salud.
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2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.
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2 Querido amigo, espero que te encuentres bien, y que estés tan saludable en cuerpo así como eres fuerte en espíritu.
Es importante recordar que la salud no salva a nadie. La salvación es exclusivamente por la gracia de Cristo mediante la fe. Sin embargo, la salud influye directamente sobre nuestra capacidad de pensar, comprender y servir a Dios. El adventismo ha enfatizado históricamente que existe una estrecha relación entre el bienestar físico, mental y espiritual.
Elena de White escribió en Consejos sobre el Régimen Alimenticio que la relación entre la mente y el cuerpo es muy íntima. También señaló que todo hábito que promueva la salud física favorece el desarrollo de una mente fuerte y un carácter equilibrado.
Daniel comprendió que una mente clara era indispensable para cumplir la misión que Dios tenía para él. Por eso cuidó diligentemente aquello que podía afectar su discernimiento espiritual.
IV. Dios honra la fidelidad
Al llegar al final del capítulo observamos una verdad extraordinaria. El verdadero protagonista no es Daniel, ni la dieta, ni la inteligencia natural de los jóvenes. El protagonista es Dios.
Varias veces el texto enfatiza la acción divina. Daniel 1:2
afirma que Dios entregó a Judá en manos de Nabucodonosor. Daniel 1:9
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2 Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios.
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2 El Señor le dio la victoria sobre el rey Joacim de Judá y le permitió llevarse algunos de los objetos sagrados del templo de Dios. Así que Nabucodonosor se los llevó a Babilonia y los puso en la casa del tesoro del templo de su dios.
declara que Dios concedió a Daniel gracia y buena voluntad delante del jefe de los eunucos. Finalmente, Daniel 1:17
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9 Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos;
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9 Ahora bien, Dios había hecho que el jefe del Estado Mayor le tuviera respeto y afecto a Daniel,
afirma que Dios les dio conocimiento, inteligencia y sabiduría.
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17 A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.
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17 A estos cuatro jóvenes Dios les dio aptitud excepcional para comprender todos los aspectos de la literatura y la sabiduría; y a Daniel Dios le dio la capacidad especial de interpretar el significado de visiones y sueños.
Esto nos recuerda que la fidelidad humana siempre depende de la gracia divina. Daniel decidió obedecer, pero fue Dios quien produjo los resultados.
Como consecuencia de su fidelidad, estos jóvenes recibieron sabiduría excepcional, conocimiento superior y una comprensión especial de los propósitos divinos. Daniel recibió además el don de entender visiones y sueños, preparación indispensable para la misión profética que desempeñaría durante toda su vida.
La lección es clara. Dios honra a quienes le honran. Aunque la obediencia no elimina las dificultades, sí coloca al creyente en una posición donde puede recibir las bendiciones y la dirección divina.
Aplicación para el tiempo del fin
Desde la perspectiva adventista, Daniel 1
constituye una introducción al gran conflicto entre la verdad y el error que se desarrolla en todo el libro. Antes de encontrarnos con la imagen de oro de Daniel 3
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1 En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió.
2 Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios.
3 Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes,
4 muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos.
5 Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey.
6 Entre estos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá.
7 A estos el jefe de los eunucos puso nombres: puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego.
8 Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.
9 Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos;
10 y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza.
11 Entonces dijo Daniel a Melsar, que estaba puesto por el jefe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías:
12 Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber.
13 Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas.
14 Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con ellos diez días.
15 Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey.
16 Así, pues, Melsar se llevaba la porción de la comida de ellos y el vino que habían de beber, y les daba legumbres.
17 A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.
18 Pasados, pues, los días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor.
19 Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey.
20 En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.
21 Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro. Daniel 1: 1 : 2 R. 24.
1; 2 Cr. 36.
5-7. Daniel 1: 4 : 2 R. 20.
17-18; Is. 39.
7-8; 2 R. 24.
10-16; 2 Cr. 36.
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1 Durante el tercer año del reinado de Joacim, rey de Judá, llegó a Jerusalén el rey Nabucodonosor de Babilonia y la sitió.
2 El Señor le dio la victoria sobre el rey Joacim de Judá y le permitió llevarse algunos de los objetos sagrados del templo de Dios. Así que Nabucodonosor se los llevó a Babilonia y los puso en la casa del tesoro del templo de su dios.
3 Luego el rey ordenó a Aspenaz, jefe del Estado Mayor, que trajera al palacio a algunos de los jóvenes de la familia real de Judá y de otras familias nobles, que habían sido llevados a Babilonia como cautivos.
4 «Selecciona solo a jóvenes sanos, fuertes y bien parecidos — le dijo — . Asegúrate de que sean instruidos en todas las ramas del saber, que estén dotados de conocimiento y de buen juicio y que sean aptos para servir en el palacio real. Enseña a estos jóvenes el idioma y la literatura de Babilonia».
5 El rey les asignó una ración diaria de la comida y del vino que provenían de su propia cocina. Debían recibir entrenamiento por tres años y después entrarían al servicio real.
6 Daniel, Ananías, Misael y Azarías fueron cuatro de los jóvenes seleccionados, todos de la tribu de Judá.
7 El jefe del Estado Mayor les dio nuevos nombres babilónicos: A Daniel lo llamó Beltsasar. A Ananías lo llamó Sadrac. A Misael lo llamó Mesac. A Azarías lo llamó Abed-nego.
8 Sin embargo, Daniel estaba decidido a no contaminarse con la comida y el vino dados por el rey. Le pidió permiso al jefe del Estado Mayor para no comer esos alimentos inaceptables.
9 Ahora bien, Dios había hecho que el jefe del Estado Mayor le tuviera respeto y afecto a Daniel,
10 pero le respondió: «Tengo miedo de mi señor el rey quien ordenó que ustedes comieran estos alimentos y bebieran este vino. Si se vuelven pálidos y delgados en comparación con otros jóvenes de su edad, temo que el rey mandará a decapitarme».
11 Entonces Daniel habló con el asistente que había sido designado por el jefe del Estado Mayor para cuidar a Daniel, Ananías, Misael y Azarías,
12 y le dijo: «Por favor, pruébanos durante diez días con una dieta de vegetales y agua.
13 Al cumplirse los diez días, compara nuestro aspecto con el de los otros jóvenes que comen de la comida del rey. Luego decide de acuerdo con lo que veas».
14 El asistente aceptó la sugerencia de Daniel y los puso a prueba por diez días.
15 Al cumplirse los diez días, Daniel y sus tres amigos se veían más saludables y mejor nutridos que los jóvenes alimentados con la comida asignada por el rey.
16 Así que, desde entonces, el asistente les dio de comer solo vegetales en lugar de los alimentos y el vino que servían a los demás.
17 A estos cuatro jóvenes Dios les dio aptitud excepcional para comprender todos los aspectos de la literatura y la sabiduría; y a Daniel Dios le dio la capacidad especial de interpretar el significado de visiones y sueños.
18 Cuando se cumplió el período de instrucción ordenado por el rey, el jefe del Estado Mayor llevó a todos los jóvenes ante el rey Nabucodonosor.
19 El rey habló con ellos y ninguno le causó mejor impresión que Daniel, Ananías, Misael y Azarías. De modo que entraron al servicio real.
20 Cada vez que el rey los consultaba sobre cualquier asunto que exigiera sabiduría y juicio equilibrado, los encontraba diez veces más capaces que todos los magos y brujos de su reino.
21 Daniel permaneció en el servicio real hasta el primer año del rey Ciro.
, el horno de fuego, el foso de los leones o las grandes profecías de los capítulos posteriores, encontramos a un joven que decide ser fiel en un asunto aparentemente sencillo.
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1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.
2 Y envió el rey Nabucodonosor a que se reuniesen los sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado.
3 Fueron, pues, reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor.
4 Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas,
5 que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado;
6 y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
7 Por lo cual, al oír todos los pueblos el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado.
8 Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos.
9 Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive.
10 Tú, oh rey, has dado una ley que todo hombre, al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postre y adore la estatua de oro;
11 y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
12 Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado.
13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que le trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones delante del rey.
14 Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?
15 Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?
16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto.
17 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.
18 Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.
19 Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado.
20 Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo.
21 Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.
22 Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego.
23 Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.
24 Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey.
25 Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.
26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego.
27 Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían.
28 Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios.
29 Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como este.
30 Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia.
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1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro que medía veintisiete metros de altura y dos metros y medio de ancho y la levantó sobre la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia.
2 Luego envió mensajes a los altos funcionarios, autoridades, gobernadores, asesores, tesoreros, jueces y magistrados y a todos los funcionarios provinciales para que asistieran a la dedicación de la estatua que había levantado.
3 De modo que todas estas autoridades vinieron y se pusieron de pie ante la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado.
4 Entonces un vocero proclamó: «¡Gente de todas las razas, naciones y lenguas escuchen el mandato del rey!
5 Cuando oigan tocar la trompeta, la flauta, la cítara, la lira, el arpa, la zampoña y otros instrumentos musicales, inclínense rostro en tierra y rindan culto a la estatua de oro del rey Nabucodonosor.
6 ¡Cualquiera que se rehúse a obedecer será arrojado inmediatamente a un horno ardiente! ».
7 Así que al sonido de los instrumentos musicales, toda la gente, de cualquier raza, nación o lengua, se inclinó rostro en tierra y rindió culto a la estatua de oro que había levantado el rey Nabucodonosor.
8 Sin embargo, algunos de los astrólogos se presentaron ante el rey y denunciaron a los judíos.
9 Dijeron al rey Nabucodonosor: «¡Que viva el rey!
10 Usted emitió un decreto que exige a todo el pueblo inclinarse y rendir culto a la estatua de oro al oír tocar la trompeta, la flauta, la cítara, la lira, el arpa, la zampoña y otros instrumentos musicales.
11 Ese decreto también establece que quienes se rehúsen a obedecer serán arrojados dentro de un horno ardiente.
12 Pues hay algunos judíos — Sadrac, Mesac y Abed-nego — a los que usted puso a cargo de la provincia de Babilonia que no le prestan atención, su majestad. Se niegan a servir a los dioses de su majestad y no rinden culto a la estatua de oro que usted ha levantado».
13 Entonces Nabucodonosor se enfureció y ordenó que trajeran ante él a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Cuando los trajeron,
14 Nabucodonosor les preguntó: — ¿Es cierto, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que ustedes se rehúsan a servir a mis dioses y a rendir culto a la estatua de oro que he levantado?
15 Les daré una oportunidad más para inclinarse y rendir culto a la estatua que he hecho cuando oigan el sonido de los instrumentos musicales. Sin embargo, si se niegan, serán inmediatamente arrojados al horno ardiente y entonces, ¿qué dios podrá rescatarlos de mi poder?
16 Sadrac, Mesac y Abed-nego contestaron: — Oh Nabucodonosor, no necesitamos defendernos delante de usted.
17 Si nos arrojan al horno ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos. Él nos rescatará de su poder, su majestad;
18 pero aunque no lo hiciera, deseamos dejar en claro ante usted que jamás serviremos a sus dioses ni rendiremos culto a la estatua de oro que usted ha levantado.
19 Entonces Nabucodonosor se enfureció tanto con Sadrac, Mesac y Abed-nego que el rostro se le desfiguró a causa de la ira. Mandó calentar el horno siete veces más de lo habitual.
20 Entonces ordenó que algunos de los hombres más fuertes de su ejército ataran a Sadrac, Mesac y Abed-nego y los arrojaran al horno ardiente.
21 Así que los ataron y los arrojaron al horno, totalmente vestidos con sus pantalones, turbantes, túnicas y demás ropas.
22 Ya que el rey, en su enojo, había exigido que el horno estuviera bien caliente, las llamas mataron a los soldados mientras arrojaban dentro a los tres hombres.
23 De esa forma Sadrac, Mesac y Abed-nego, firmemente atados, cayeron a las rugientes llamas.
24 De pronto, Nabucodonosor, lleno de asombro, se puso de pie de un salto y exclamó a sus asesores: — ¿No eran tres los hombres que atamos y arrojamos dentro del horno? — Sí, su majestad, así es — le contestaron.
25 — ¡Miren! — gritó Nabucodonosor — . ¡Yo veo a cuatro hombres desatados que caminan en medio del fuego sin sufrir daño! ¡Y el cuarto hombre se parece a un dios!
26 Entonces Nabucodonosor se acercó tanto como pudo a la puerta del horno en llamas y gritó: «¡Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salgan y vengan aquí! ». Así que Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron del fuego.
27 Entonces los altos funcionarios, autoridades, gobernadores y asesores los rodearon y vieron que el fuego no los había tocado. No se les había chamuscado ni un cabello, ni se les había estropeado la ropa. ¡Ni siquiera olían a humo!
28 Entonces Nabucodonosor dijo: «¡Alabado sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego! Envió a su ángel para rescatar a sus siervos que confiaron en él. Desafiaron el mandato del rey y estuvieron dispuestos a morir en lugar de servir o rendir culto a otro dios que no fuera su propio Dios.
29 Por lo tanto, yo decreto: si alguien, cualquiera sea su raza, nación o lengua, habla en contra del Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, será despedazado y su casa será reducida a un montón de escombros. ¡No hay otro dios que pueda rescatar de esta manera! ».
30 Luego el rey ascendió a Sadrac, Mesac y Abed-nego a puestos aún más altos en la provincia de Babilonia.
La fidelidad en la mesa preparó a Daniel y a sus amigos para la fidelidad en la adoración. Quienes aprendieron a obedecer en lo pequeño estuvieron listos para permanecer firmes cuando se les exigió escoger entre obedecer a Dios o someterse a los mandatos humanos.
De la misma manera, el pueblo de Dios en los últimos días está siendo preparado mediante experiencias diarias de fidelidad. Cada decisión correcta fortalece el carácter y profundiza la confianza en el Señor.
Preguntas para discusión
¿Por qué Babilonia intentó cambiar la identidad de los jóvenes hebreos?
¿Qué significa hoy “proponer en el corazón” servir a Dios?
¿Por qué la alimentación llegó a ser una prueba espiritual para Daniel?
¿Qué relación existe entre salud física y discernimiento espiritual?
¿De qué maneras la cultura actual intenta moldear nuestra identidad cristiana?
¿Cómo nos preparan las decisiones pequeñas para las pruebas mayores?
¿Qué aspecto de la experiencia de Daniel considera más relevante para su vida personal?
Conclusión
Daniel 1 nos enseña que la fidelidad no comienza en el momento de la crisis, sino mucho antes. Mientras Babilonia intentaba transformar a Daniel, Dios estaba formando a un profeta. El secreto de su vida no fue una inteligencia extraordinaria ni circunstancias favorables. Fue una decisión firme y constante de obedecer al Señor.
La declaración de Daniel 1:8
resume toda la lección: “Daniel propuso en su corazón no contaminarse”. Esa decisión tomada en la juventud abrió el camino para una vida de servicio, influencia y poder espiritual.
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8 Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.
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8 Sin embargo, Daniel estaba decidido a no contaminarse con la comida y el vino dados por el rey. Le pidió permiso al jefe del Estado Mayor para no comer esos alimentos inaceptables.
Hoy Dios sigue buscando hombres y mujeres que, como Daniel, decidan permanecer fieles aun cuando el mundo los invite a transigir. La pregunta final para cada participante es: ¿qué decisión de fidelidad me está llamando Dios a tomar hoy?.