Escuela Sabática

CONTENIDO
DOMINGO — Las opresivas garras del orgullo
MARTES — Moisés, un siervo humilde
JUEVES — Fija tus ojos en cristo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA
1 Juan 2:15-17
Lucas 18:9-14
RVR1960
15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
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15 No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece, porque cuando aman al mundo no tienen el amor del Padre en ustedes. 16 Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo; 17 y este mundo se acaba junto con todo lo que la gente tanto desea; pero el que hace lo que a Dios le agrada vivirá para siempre.
1 Juan 1:9
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9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:
10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.
11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.
13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
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9 Luego Jesús contó la siguiente historia a algunos que tenían mucha confianza en su propia rectitud y despreciaban a los demás:
10 «Dos hombres fueron al templo a orar. Uno era fariseo, y el otro era un despreciado cobrador de impuestos.
11 El fariseo, de pie, apartado de los demás, hizo la siguiente oración: “Te agradezco, Dios, que no soy como otros: tramposos, pecadores, adúlteros. ¡Para nada soy como ese cobrador de impuestos!
12 Ayuno dos veces a la semana y te doy el diezmo de mis ingresos”.
13 »En cambio, el cobrador de impuestos se quedó a la distancia y ni siquiera se atrevía a levantar la mirada al cielo mientras oraba, sino que golpeó su pecho en señal de dolor mientras decía: “Oh Dios, ten compasión de mí, porque soy un pecador”.
14 Les digo que fue este pecador — y no el fariseo — quien regresó a su casa justificado delante de Dios. Pues los que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan serán exaltados».
Hebreos 11:24-26
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9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
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9 pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
Lucas 22:24-27
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24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón,
(A)
25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado,
26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.
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24 Fue por la fe que Moisés, cuando ya fue adulto, rehusó llamarse hijo de la hija del faraón.
25 Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los placeres momentáneos del pecado.
26 Consideró que era mejor sufrir por causa de Cristo que poseer los tesoros de Egipto, pues tenía la mirada puesta en la gran recompensa que recibiría.
Filipenses 2:3-8
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24 Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor.
25 Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores;
26 mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve.
27 Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.
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24 Después comenzaron a discutir quién sería el más importante entre ellos.
25 Jesús les dijo: «En este mundo, los reyes y los grandes hombres tratan a su pueblo con prepotencia; sin embargo, son llamados “amigos del pueblo”.
26 Pero entre ustedes será diferente. El más importante de ustedes deberá tomar el puesto más bajo, y el líder debe ser como un sirviente.
27 ¿Quién es más importante: el que se sienta a la mesa o el que la sirve? El que se sienta a la mesa, por supuesto. ¡Pero en este caso no! , pues yo estoy entre ustedes como uno que sirve.
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3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;
4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.
5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
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3 No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes.
4 No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.
5 Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
6 Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse.
7 En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre,
8 se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales.
VERSÍCULO DE MEMORIA
Lucas 14:11
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11 Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.
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11 Pues aquellos que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan a sí mismos serán exaltados».
SÁBADO — INTRODUCCIÓN
Todos hemos conocido a personas sumamente orgullosas y convencidas de que nunca se equivocan. O tal vez conozcas a alguien que quiere tener el control, que nunca está abierto a la instrucción o a la crítica constructiva. O alguien que parece estar constantemente en conflicto o que es un especialista en menospreciar a los demás. Podemos pensar inmediatamente en otros, pero la verdadera pregunta es: ¿Qué ocurre con cada uno de nosotros? Nos engañamos al señalar a los demás y al negarnos a reconocer el orgullo que existe en nuestra propia vida.
Todos hemos luchado alguna vez con el orgullo y nos hemos creído mejores que quienes nos rodean, al menos en algún aspecto. Alguien dijo en cierta ocasión que el orgullo surge del deseo de demostrar que somos valiosos. Sin embargo, ya deberíamos saber que lo somos, pues fuimos creados por Dios y porque Cristo murió por nosotros.
Esta semana exploraremos el impacto que el orgullo puede tener en nuestra relación con Dios y con los demás, y veremos qué enseña la Biblia acerca de la humildad en nuestras relaciones con los demás y, por supuesto, con Dios.
[Comentario de Elena de White: a ]
DOMINGO — Las opresivas garras del orgullo
La palabra «orgullo» tal vez te hace pensar en algún político arrogante, en una persona rica o famosa o en un pavo real. El orgullo consiste en considerarse más importante o mejor que los demás, y es un sentimiento en el que no se puede ni se debe confiar.
El orgullo comenzó con Lucifer, el querubín protector, quien estaba al servicio de Dios. No sabemos cuándo ni cómo surgió el orgullo en su corazón, pero sí sabemos que ese orgullo dio origen al gran conflicto cósmico entre el bien y el mal. Satanás es lo opuesto a Dios, compara Isaías 14:12-14
con Filipenses 2:5-11
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12 ! ! Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. 13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; 14 sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.
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12 »¡Cómo has caído del cielo, oh estrella luciente, hijo de la mañana! Has sido arrojado a la tierra, tú que destruías a las naciones del mundo. 13 Pues te decías a ti mismo: “Subiré al cielo para poner mi trono por encima de las estrellas de Dios. Voy a presidir en el monte de los dioses, muy lejos en el norte. 14 Escalaré hasta los cielos más altos y seré como el Altísimo”.
. Nuestro mundo ha luchado contra las consecuencias del pecado desde que Satanás sembró la duda en las mentes de Adán y Eva y luego los tentó a amar y confiar en ellos mismos por encima de Dios.
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5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
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5 Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús. 6 Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse. 7 En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre, 8 se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales. 9 Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres 10 para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, 11 y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre.
Lee 1 Juan 2:15-17
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15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
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15 No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece, porque cuando aman al mundo no tienen el amor del Padre en ustedes. 16 Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo; 17 y este mundo se acaba junto con todo lo que la gente tanto desea; pero el que hace lo que a Dios le agrada vivirá para siempre.
¿Qué tres puntos principales enseña este pasaje acerca del orgullo y el amor al mundo?
¿Puede el orgullo ser positivo? Tal vez no en el contexto en que lo conocemos, aunque podemos utilizar la palabra positivamente; por ejemplo, cuando hablamos de los logros de una persona o en el contexto de una profunda satisfacción por algo que alguien ha hecho («¡Estoy muy orgulloso de ti!»). Es importante entender que la búsqueda de la excelencia y del reconocimiento, así como el aprecio por los dones y las habilidades que Dios te ha concedido, no es necesariamente un orgullo malsano. Según las Escrituras, existe un tipo adecuado de amor propio (piensa en el mandato de Jesús en Marcos 12:31
, donde se nos dice que debemos amar a los demás como a nosotros mismos), pero siempre se trata de un amor altruista. Las aspiraciones personales con miras al servicio a Dios y al prójimo tampoco deben considerarse como formas reprensibles de orgullo, ver 1 Timoteo 3:1
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31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos.
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31 El segundo es igualmente importante: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Ningún otro mandamiento es más importante que estos.
. El orgullo consiste en no tributar a Dios la gloria por lo que él hace en nuestra vida.
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1 Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea.
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1 La siguiente declaración es digna de confianza: «Si alguno aspira a convertirse en líder de la iglesia, desea una posición honorable».
Debemos tener cuidado de recordar que nuestras posesiones, habilidades y logros no determinan nuestro valor. En cambio, nuestro valor siempre proviene de Dios, pues todo lo que tenemos, incluso aquello que nos tienta a caer en el orgullo, proviene únicamente de él. Este es un punto que nunca debemos olvidar.
¿Hasta qué punto eres orgulloso? ¿Cómo puede tu orgullo afectar tu relación con Dios y con los demás?
[Comentario de Elena de White: b ]
LUNES — Conócete a ti mismo
Dos hombres asisten a la iglesia para orar. Uno de ellos, un dirigente respetado, se ubica en la entrada antes de que comience el servicio religioso para que los demás asistentes puedan verlo. Ora en voz alta, dando gracias a Dios por su propia bondad. El otro hombre, un marginado de la sociedad, tiene los ojos empañados por las lágrimas debido a la carga de su pecado y se postra en un rincón del templo mientras susurra con desesperación: «Señor, ten piedad de mí, porque soy un pecador».
Lee Lucas 18:9-14
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9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:
10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.
11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.
13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
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9 Luego Jesús contó la siguiente historia a algunos que tenían mucha confianza en su propia rectitud y despreciaban a los demás:
10 «Dos hombres fueron al templo a orar. Uno era fariseo, y el otro era un despreciado cobrador de impuestos.
11 El fariseo, de pie, apartado de los demás, hizo la siguiente oración: “Te agradezco, Dios, que no soy como otros: tramposos, pecadores, adúlteros. ¡Para nada soy como ese cobrador de impuestos!
12 Ayuno dos veces a la semana y te doy el diezmo de mis ingresos”.
13 »En cambio, el cobrador de impuestos se quedó a la distancia y ni siquiera se atrevía a levantar la mirada al cielo mientras oraba, sino que golpeó su pecho en señal de dolor mientras decía: “Oh Dios, ten compasión de mí, porque soy un pecador”.
14 Les digo que fue este pecador — y no el fariseo — quien regresó a su casa justificado delante de Dios. Pues los que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan serán exaltados».
¿Qué piensas de estos dos hombres? ¿Qué pensó Jesús? ¿Qué lección importante hay aquí para todos nosotros?
Nos resulta muy sencillo exaltarnos a nosotros mismos. Dar a conocer a los demás nuestros logros y cuán buenos somos se convierte a veces en una segunda naturaleza. Pero esto no marca ninguna diferencia en nuestra reputación a los ojos del Cielo. De hecho, y contrariamente a lo que podríamos pensar, «el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido» Lucas 18:14
. Jesús también nos aconseja que ocupemos el último lugar y dejemos que el anfitrión sea quien nos ensalce si así lo desea Lucas 14:8-10
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14 Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
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14 Les digo que fue este pecador — y no el fariseo — quien regresó a su casa justificado delante de Dios. Pues los que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan serán exaltados».
. Este reino que enseña Jesús funciona a la inversa y rompe por completo nuestras expectativas.
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8 Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él,
9 y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a este; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar.
10 Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa.
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8 «Cuando te inviten a una fiesta de bodas, no te sientes en el lugar de honor. ¿Qué pasaría si invitaron a alguien más distinguido que tú?
9 El anfitrión vendría y te diría: “Cédele tu asiento a esta persona”. Te sentirías avergonzado, ¡y tendrías que sentarte en cualquier otro lugar que haya quedado libre al final de la mesa!
10 »Más bien, ocupa el lugar más humilde, al final de la mesa. Entonces, cuando el anfitrión te vea, vendrá y te dirá: “¡Amigo, tenemos un lugar mejor para ti!”. Entonces serás honrado delante de todos los demás invitados.
«Cristo puede salvar únicamente al que reconoce que es pecador» (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 125).
Cuando percibimos y reconocemos nuestro verdadero estado de pecaminosidad y nuestra desesperada necesidad de Cristo, podemos acercarnos a él con la certeza de que «si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de todo mal» 1 Juan 1:9
.
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9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
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9 pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
Cuanto más nos acercamos a Cristo, más conscientes nos volvemos de nuestra pecaminosidad e indignidad.
«Hay una sola forma en que podemos obtener un conocimiento verdadero de nosotros mismos. Debemos contemplar a Cristo. La ignorancia de su vida y su carácter induce a los mortales a exaltarse en su propia justicia» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 126).
¿Qué piensa Dios de los soberbios? El apóstol Pedro nos dice: «Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes» 1 Pedro 5:5
. No puede ser más claro.
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5 Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes.
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5 Del mismo modo, ustedes los más jóvenes tienen que aceptar la autoridad de los ancianos; y todos vístanse con humildad en su trato los unos con los otros, porque«Dios se opone a los orgullosos pero da gracia a los humildes».
¿Cuándo fue la última vez que experimentaste la gracia de Dios en tu vida? En verdad, deberíamos experimentar esta gracia a diario. También deberíamos mostrar gracia o misericordia a los demás. Dedica algún tiempo a la oración ahora mismo, pidiendo a Dios que te humille bajo su poderosa mano y sea solamente él quien te exalte a su debido tiempo.
[Comentario de Elena de White: c ]
MARTES — Moisés, un siervo humilde
Los grandes salones del palacio egipcio presumían de opulencia, placer y comodidad. «Moisés fue enseñado en toda la sabiduría de los egipcios, y era poderoso en palabras y hechos» Hechos 7:22
. Una vida de poder, riqueza y popularidad eran suyas, pero Moisés eligió algo muy diferente. «No tiene par como historiador, poeta, filósofo, general y legislador. Con el mundo a su alcance, tuvo fuerza moral para rehusar las halagüeñas perspectivas de riqueza, grandeza y fama, “prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios, antes que gozar de los deleites temporales del pecado”» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 224).
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22 Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras.
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22 A Moisés le enseñaron toda la sabiduría de los egipcios, y era poderoso tanto en palabras como en acciones.
¿Qué dice Hebreos 11:24-26
acerca de por qué Moisés eligió un rumbo diferente y se humilló?
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24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón,
(A)
25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado,
26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.
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24 Fue por la fe que Moisés, cuando ya fue adulto, rehusó llamarse hijo de la hija del faraón.
25 Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los placeres momentáneos del pecado.
26 Consideró que era mejor sufrir por causa de Cristo que poseer los tesoros de Egipto, pues tenía la mirada puesta en la gran recompensa que recibiría.
La humildad posterior de Moisés es notable en vista de cuán poderoso era y de su distinguido origen. Sin embargo, por un acto pecaminoso e impulsivo Éxodo 2:12
, perdió la confianza en sí mismo y su autosuficiencia. Con las montañas como las paredes de su aula y con su orgullo puesto a un lado, durante cuarenta años Moisés fue instruido por Dios acerca de lo que necesitaba saber para guiar a una nación fuera de la esclavitud y rumbo a la Tierra Prometida. El poder y las riquezas de lo que podría haber sido otra vida en Egipto perdieron su relativo brillo cuando Moisés consideró la Eternidad. Dios lo había llamado, y Moisés lo siguió.
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12 Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.
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12 Entonces Moisés miró a todos lados para asegurarse de que nadie lo observaba, y mató al egipcio y escondió el cuerpo en la arena.
Tal vez lo más significativo en relación con este tema es que «Moisés era un hombre muy manso, el más humilde de la tierra» Números 12:3
. Moisés, uno de los grandes patriarcas de la Biblia, es conocido por su humildad y mansedumbre. Piensa en cuán diferentes habrían sido su vida y su liderazgo si el orgullo hubiera penetrado en cada uno de los grandes acontecimientos de su vida: la zarza ardiente, las plagas de Egipto, el cruce del Mar Rojo, la provisión celestial de maná, su comunicación directa con Dios, la recepción de los Diez Mandamientos y el hecho de escuchar las palabras de Dios después de que Moisés golpeó la roca.
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3 Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.
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3 (Ahora bien, Moisés era muy humilde, más que cualquier otra persona en la tierra).
Reflexiona acerca de tu vida. Si alguien tuviera que describirte, ¿diría que eres «humilde» o «manso»? ¿Por qué sí o por qué no? La verdad es que no podemos ser humildes por nosotros mismos. Necesitamos tanto a Jesús porque el pecado forma parte de nuestra vida.
Escucha o lee la letra del himno «Prefiero a mi Cristo» (Himnario adventista, Nº 269) y considera estas palabras en relación con la vida de Moisés y la tuya.
[Comentario de Elena de White: d ]
MIERCOLES — La mayor ofensa
Imagina que eres uno de los discípulos de Jesús. Viajas con él, comes con él, duermes cerca de él y aprendes de él mientras transforma innumerables vidas, incluida la tuya. La gente clama por él y te das cuenta del privilegio que significa haber sido elegido para integrar el grupo de las doce personas más cercanas a él. Entonces empiezas a preguntarte: ¿Quién es el más importante de los discípulos?
Lee Lucas 22:24-27
para considerar la respuesta de Jesús a la disputa de los discípulos sobre el significado de la verdadera grandeza.
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24 Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor.
25 Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores;
26 mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve.
27 Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.
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24 Después comenzaron a discutir quién sería el más importante entre ellos.
25 Jesús les dijo: «En este mundo, los reyes y los grandes hombres tratan a su pueblo con prepotencia; sin embargo, son llamados “amigos del pueblo”.
26 Pero entre ustedes será diferente. El más importante de ustedes deberá tomar el puesto más bajo, y el líder debe ser como un sirviente.
27 ¿Quién es más importante: el que se sienta a la mesa o el que la sirve? El que se sienta a la mesa, por supuesto. ¡Pero en este caso no! , pues yo estoy entre ustedes como uno que sirve.
¿Qué afirmación constituye el núcleo del mensaje de Jesús?
Después de todo el tiempo que habían pasado con Jesús, ese tipo de debate es lo último que alguien habría esperado.
En lugar de estar felices y agradecidos por su llamado, el orgullo se había apoderado de sus corazones y cada uno se creía superior a los demás. Es fácil permitir que tales pensamientos dominen nuestra mente. Pero se nos dice que:
«no hay nada que ofenda tanto a Dios, o que sea tan peligroso para el alma humana, como el orgullo y la suficiencia propia. De todos los pecados es el más pernicioso, el más incurable» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 122).
Esto es algo muy serio. Nuestro orgullo es lo que más ofende a Dios, y es un rasgo de carácter difícil de superar porque a menudo no percibimos su gravedad. En nuestro estado de suficiencia propia, decidimos no evaluarnos pues seguramente el orgullo ocupa en nuestra vida la posición de un monarca. Necesitamos detenernos, evaluarnos y pedir a Dios que abra nuestros ojos para que podamos percibir nuestra verdadera condición, ya que el orgullo puede ser el principal factor que nos impide tener una relación estrecha con Dios.
Si reconoces que solo Dios puede eliminar el orgullo y el egoísmo de tu vida, haz una pausa y eleva esta plegaria ahora mismo:
«Señor, toma mi corazón; porque yo no puedo dártelo. Es tuyo, mantenlo puro, porque yo no puedo guardarlo por ti. Sálvame a pesar de mi yo, mi yo débil y que no se parece a Cristo. Modélame, fórmame, elévame a una atmósfera pura y santa, donde la rica corriente de tu amor pueda fluir por mi alma» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 127).
[Comentario de Elena de White: e ]
JUEVES — Fija tus ojos en cristo
Lee nuevamente Lucas 22:27
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27 Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.
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27 ¿Quién es más importante: el que se sienta a la mesa o el que la sirve? El que se sienta a la mesa, por supuesto. ¡Pero en este caso no! , pues yo estoy entre ustedes como uno que sirve.
¿Cuál es el mensaje clave de este texto para los seguidores de Cristo?
En marcado contraste con el deseo de superioridad de los discípulos y su creencia de que eran mejores que los demás, vemos a Jesús, el máximo ejemplo de humildad. Él dijo: «Yo soy entre ustedes como el que sirve» Lucas 22:27
. Jesús satisfacía cada día las necesidades de quienes lo rodeaban porque estaba lleno de compasión y veía a las multitudes como ovejas sin pastor. Él sabía que la humanidad lo necesitaba más que ninguna otra cosa, aunque pocos se daban cuenta de ello. Jesús renunció al Cielo para morir por la humanidad con la esperanza de que comprendiéramos su acto de gracia y respondiéramos a su invitación a relacionarnos con él.
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27 Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.
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27 ¿Quién es más importante: el que se sienta a la mesa o el que la sirve? El que se sienta a la mesa, por supuesto. ¡Pero en este caso no! , pues yo estoy entre ustedes como uno que sirve.
Lee Filipenses 2:3-8
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3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;
4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.
5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
NTV
3 No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes.
4 No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.
5 Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
6 Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse.
7 En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre,
8 se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales.
¿Qué nos dice este texto acerca de cómo debemos vivir a la luz de la Cruz?
Jesús lo hizo y lo soportó todo. Cuando nos detenemos a reflexionar acerca de ello, percibimos inevitablemente nuestra impureza y nuestra extrema necesidad de él.
Cuando lo contemplamos, todo lo demás, especialmente nosotros mismos y nuestra propia presunta grandeza, palidece hasta volverse completamente insignificante. Quién es Jesús, qué hizo y cuánto ama a su Creación se convierte en la portada y el centro de todo. El orgullo seguramente desaparecerá cuando lo contemplemos a él.
Jesús. Cuán hermoso y poderoso nombre. Él es la personificación de la humildad. Cuando nuestros corazones se abren de par en par para aprender acerca de él, cuando entendemos lo que ha hecho por nosotros, y cuando permitimos que sus palabras de vida penetren en nuestra mente, nos damos cuenta de cuán orgullosos y miserables somos. Si sus propios discípulos, quienes vivieron con él y aprendieron de él, lucharon contra el orgullo, no podemos engañarnos pensando que somos diferentes. Solo podemos crecer en nuestra relación con Jesús cuando somos humildes.
Dedica tiempo ahora mismo a tu relación con Dios. Toma tu Biblia, un bolígrafo y una hoja de papel, y busca un lugar tranquilo, quizás al aire libre. Invita a Dios a que enternezca tu corazón y hable a tu mente. Escribe el Salmos 138
, palabra por palabra. Mientras lo haces, ¿qué palabras llaman especialmente tu atención?
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Salmo de David.
1 Te alabaré con todo mi corazón; Delante de los dioses te cantaré salmos.
2 Me postraré hacia tu santo templo, Y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas.
3 El día que clamé, me respondiste; Me fortaleciste con vigor en mi alma.
4 Te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la tierra, Porque han oído los dichos de tu boca.
5 Y cantarán de los caminos de Jehová, Porque la gloria de Jehová es grande.
6 Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos.
7 Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; Contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, Y me salvará tu diestra.
8 Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos.
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Salmo de David.
1 Te doy gracias, oh Señor, con todo el corazón; delante de los dioses cantaré tus alabanzas.
2 Me inclino ante tu santo templo mientras adoro; alabo tu nombre por tu amor inagotable y tu fidelidad, porque tus promesas están respaldadas por todo el honor de tu nombre.
3 En cuanto oro, tú me respondes; me alientas al darme fuerza.
4 Todos los reyes del mundo te darán gracias, Señor, porque cada uno de ellos escuchará tus palabras.
5 Así es, cantarán acerca de los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es muy grande.
6 Aunque el Señor es grande, se ocupa de los humildes, pero se mantiene distante de los orgullosos.
7 Aunque estoy rodeado de dificultades, tú me protegerás del enojo de mis enemigos. Extiendes tu mano, y el poder de tu mano derecha me salva.
8 El Señor llevará a cabo los planes que tiene para mi vida, pues tu fiel amor, oh Señor, permanece para siempre. No me abandones, porque tú me creaste.
[Comentario de Elena de White: f ]
VIERNES - Para Estudiar y Meditar
«Cuanto más nos acerquemos a Jesús, y más claramente apreciemos la pureza de su carácter, con mayor claridad discerniremos la excesiva pecaminosidad del pecado, y nos sentiremos menos inclinados a ensalzarnos a nosotros mismos» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 127).
«Antes de la honra viene la humildad. Para ocupar un lugar elevado ante los hombres, el cielo elige al obrero que como Juan el Bautista, toma un lugar humilde delante de Dios. El discípulo que más se asemeja a un niño es el más eficiente en la labor para Dios. Los seres celestiales pueden cooperar con aquel que no trata de ensalzarse a sí mismo sino de salvar almas. [...]
»Pero cuando los hombres se ensalzan a sí mismos, y se consideran necesarios para el éxito del gran plan de Dios, el Señor los hace poner a un lado. [...] La sencillez, el olvido de sí mismo y el amor confiado del niñito son los atributos que el cielo aprecia. Son las características de la verdadera grandeza. [...]
»El alma sincera y contrita es de gran valor a la vista de Dios. Él pone su señal sobre los hombres, no según su jerarquía ni su riqueza, ni por su grandeza intelectual, sino por su unión con Cristo» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 411, 412).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
PREGUNTA 1
¿Qué ideas adicionales contienen los siguientes pasajes acerca del orgullo y la humildad? Mateo 23:12
Salmos 25:9
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12 Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
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12 pero aquellos que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan a sí mismos serán exaltados.
Salmos 149:4
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9 Encaminará a los humildes por el juicio, Y enseñará a los mansos su carrera.
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9 Guía a los humildes para que hagan lo correcto; les enseña su camino.
Santiago 4:6-10
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4 Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo; Hermoseará a los humildes con la salvación.
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4 porque el Señor se deleita en su pueblo; él corona al humilde con victoria.
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6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
7 Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.
8 Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
9 Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza.
10 Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.
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6 Y él da gracia con generosidad. Como dicen las Escrituras: «Dios se opone a los orgullosos pero da gracia a los humildes».
7 Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.
8 Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes. Lávense las manos, pecadores; purifiquen su corazón, porque su lealtad está dividida entre Dios y el mundo.
9 Derramen lágrimas por lo que han hecho. Que haya lamento y profundo dolor. Que haya llanto en lugar de risa y tristeza en lugar de alegría.
10 Humíllense delante del Señor, y él los levantará con honor.
PREGUNTA 2
¿Cuándo fue la última vez que te ensalzaste a ti mismo? ¿Cómo afectó eso tu relación con Dios o con aquellos ante quienes lo hiciste?
PREGUNTA 3
¿Qué cambios necesitas hacer en tu vida para humillarte ante Dios y fortalecer tu relación con él?
Repaso de la Lección
LECCIONES DE VIDA - Pr. Robert Costa