Escuela Sabática

CONTENIDO
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA
LUNES — El costo del discipulado
MARTES — La montaña y la multitud
MIERCOLES — ¿Quién es el más grande?
JUEVES — La persona sana en el infierno
VIERNES - Para Estudiar y Meditar
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA
Marcos 8:22-38
Mateo 20:29-34
RVR1960
22 Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase.
23 Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.
24 Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.
25 Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.
26 Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. (Mt. 16.
13-20; Lc. 9.
18-21)
27 Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?
28 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.
29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.
30 Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno. (Mt. 16.
21-28; Lc. 9.
22-27)
31 Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.
32 Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle.
33 Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
35 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.
36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
NTV
22 Cuando llegaron a Betsaida, algunas personas llevaron a un hombre ciego ante Jesús y le suplicaron que lo tocara y lo sanara.
23 Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevó fuera de la aldea. Luego escupió en los ojos del hombre, puso sus manos sobre él y le preguntó: — ¿Puedes ver algo ahora?
24 El hombre miró a su alrededor y dijo: — Sí, veo a algunas personas, pero no puedo verlas con claridad; parecen árboles que caminan.
25 Entonces Jesús puso nuevamente sus manos sobre los ojos del hombre y fueron abiertos. Su vista fue totalmente restaurada y podía ver todo con claridad.
26 Jesús lo envió a su casa y le dijo: — No pases por la aldea cuando regreses a tu casa.
27 Jesús y sus discípulos salieron de Galilea y fueron a las aldeas cerca de Cesarea de Filipo. Mientras caminaban, él les preguntó: — ¿Quién dice la gente que soy?
28 — Bueno — contestaron — , algunos dicen Juan el Bautista, otros dicen Elías, y otros dicen que eres uno de los otros profetas.
29 Entonces les preguntó: — Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Pedro contestó: — Tú eres el Mesías.
30 Pero Jesús les advirtió que no le contaran a nadie acerca de él.
31 Entonces Jesús comenzó a decirles que el Hijo del Hombre tendría que sufrir muchas cosas terribles y ser rechazado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los maestros de la ley religiosa. Lo matarían, pero tres días después resucitaría.
32 Mientras hablaba abiertamente de eso con sus discípulos, Pedro lo llevó aparte y empezó a reprenderlo por decir semejantes cosas.
33 Jesús se dio la vuelta, miró a sus discípulos y reprendió a Pedro: «¡Aléjate de mí, Satanás! — dijo — . Ves las cosas solamente desde el punto de vista humano, no del punto de vista de Dios».
34 Entonces llamó a la multitud para que se uniera a los discípulos, y dijo: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su propia manera de vivir, tomar su cruz y seguirme.
35 Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás; pero si entregas tu vida por mi causa y por causa de la Buena Noticia, la salvarás.
36 ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma?
37 ¿Hay algo que valga más que tu alma?
38 Si alguien se avergüenza de mí y de mi mensaje en estos días de adulterio y de pecado, el Hijo del Hombre se avergonzará de esa persona cuando regrese en la gloria de su Padre con sus santos ángeles».
Juan 12:25
RVR1960
(Mr. 10.
46-52; Lc. 18.
35-43)
29 Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud.
30 Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
31 Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
32 Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga?
33 Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.
34 Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron.
NTV
29 Mientras Jesús y sus discípulos salían de la ciudad de Jericó, una gran multitud los seguía.
30 Dos hombres ciegos estaban sentados junto al camino. Cuando oyeron que Jesús venía en dirección a ellos, comenzaron a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros! ».
31 «¡Cállense! », les gritó la multitud. Sin embargo, los dos ciegos gritaban aún más fuerte: «¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros! ».
32 Cuando Jesús los oyó, se detuvo y los llamó: — ¿Qué quieren que haga por ustedes?
33 — Señor — dijeron — , ¡queremos ver!
34 Jesús se compadeció de ellos y les tocó los ojos. ¡Al instante pudieron ver! Luego lo siguieron.
Marcos 9
RVR1960
25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.
NTV
25 Los que aman su vida en este mundo la perderán. Los que no le dan importancia a su vida en este mundo la conservarán por toda la eternidad.
Malaquías 4:5-6
RVR1960
1 También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder. (Mt. 17.
1-13; Lc. 9.
28-36)
2 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos.
3 Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.
4 Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.
5 Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.
6 Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados.
7 Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.
8 Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.
9 Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos.
10 Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos.
11 Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?
12 Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada?
13 Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él. (Mt. 17.
14-21; Lc. 9.
37-43)
14 Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.
15 Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron.
16 Él les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos?
17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti a mi hijo, que tiene un espíritu mudo,
18 el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.
19 Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.
20 Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos.
21 Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño.
22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.
23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.
25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.
26 Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.
27 Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.
28 Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?
29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno. (Mt. 17.
22-23; Lc. 9.
43-45)
30 Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese.
31 Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día.
32 Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle. (Mt. 18.
1-5; Lc. 9.
46-48)
33 Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?
34 Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor.
35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.
36 Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo:
37 El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió. (Lc. 9.
49-50)
38 Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía.
39 Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí.
40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
41 Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa. (Mt. 18.
6-9; Lc. 17.
1-2)
42 Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar.
43 Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado,
44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado,
46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno,
48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
49 Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.
50 Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros. Marcos 9: 2 : 2 P. 1.
17-18. Marcos 9: 7 : Mt. 3.
17; Mr. 1.
11; Lc. 3.
22. Marcos 9: 11 : Mal. 4.
5; Mt. 11.
14. Marcos 9: 34 : Lc. 22.
24. Marcos 9: 35 : Mt. 20.
26-27; 23.
11; Mr. 10.
43-44; Lc. 22.
26. Marcos 9: 37 : Mt. 10.
40; Lc. 10.
16; Jn. 13.
20. Marcos 9: 40 : Mt. 12.
30; Lc. 11.
23. Marcos 9: 41 : Mt. 10.
42. Marcos 9: 43 : Mt. 5.
30. Marcos 9: 47 : Mt. 5.
29. Marcos 9: 48 : Is. 66.
24. Marcos 9: 50 : Mt. 5.
13; Lc. 14.
34-35.
NTV
1 Jesús continuó diciendo: «¡Les digo la verdad, algunos de los que están aquí ahora no morirán antes de ver el reino de Dios llegar con gran poder! ».
2 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan y los llevó a una montaña alta para estar a solas. Mientras los hombres observaban, la apariencia de Jesús se transformó,
3 y su ropa se volvió blanca resplandeciente, más de lo que cualquier blanqueador terrenal jamás podría lograr.
4 Después aparecieron Elías y Moisés y comenzaron a conversar con Jesús.
5 Pedro exclamó: «Rabí, ¡es maravilloso que estemos aquí! Hagamos tres enramadas como recordatorios: una para ti, una para Moisés y la otra para Elías».
6 Dijo esto porque realmente no sabía qué otra cosa decir, pues todos estaban aterrados.
7 Luego una nube los cubrió y, desde la nube, una voz dijo: «Este es mi Hijo muy amado. Escúchenlo a él».
8 De pronto, cuando miraban ellos a su alrededor, Moisés y Elías se habían ido, y vieron solo a Jesús con ellos.
9 Mientras descendían de la montaña, él les dijo que no le contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del Hombre se levantara de los muertos.
10 Así que guardaron el secreto, pero a menudo se preguntaban qué quería decir con «levantarse de los muertos».
11 Entonces le preguntaron: — ¿Por qué los maestros de la ley religiosa insisten en que Elías debe regresar antes de que venga el Mesías?
12 Jesús contestó: — Es cierto que Elías viene primero a fin de dejar todo preparado. Sin embargo, ¿por qué las Escrituras dicen que el Hijo del Hombre debe sufrir mucho y ser tratado con total desprecio?
13 Pero les digo, Elías ya vino, y ellos prefirieron maltratarlo, tal como lo predijeron las Escrituras.
14 Cuando regresaron adonde estaban los demás discípulos, vieron que los rodeaba una gran multitud y que algunos maestros de la ley religiosa discutían con ellos.
15 Cuando la multitud vio a Jesús, todos se llenaron de asombro y corrieron a saludarlo.
16 — ¿Sobre qué discuten? — preguntó Jesús.
17 Un hombre de la multitud tomó la palabra y dijo: — Maestro, traje a mi hijo para que lo sanaras. Está poseído por un espíritu maligno que no le permite hablar.
18 Y, siempre que este espíritu se apodera de él, lo tira violentamente al suelo y él echa espuma por la boca, rechina los dientes y se pone rígido. Así que les pedí a tus discípulos que echaran fuera al espíritu maligno, pero no pudieron hacerlo.
19 Jesús les dijo: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho».
20 Así que se lo llevaron. Cuando el espíritu maligno vio a Jesús, le causó una violenta convulsión al muchacho, quien cayó al piso retorciéndose y echando espuma por la boca.
21 — ¿Hace cuánto tiempo que le pasa esto? — preguntó Jesús al padre del muchacho. — Desde que era muy pequeño — contestó él — .
22 A menudo el espíritu lo arroja al fuego o al agua para matarlo. Ten misericordia de nosotros y ayúdanos si puedes.
23 — ¿Cómo que “si puedo”? — preguntó Jesús — . Todo es posible si uno cree.
24 Al instante el padre clamó: — ¡Sí, creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad!
25 Cuando Jesús vio que aumentaba el número de espectadores, reprendió al espíritu maligno. «Escucha, espíritu que impides que este muchacho oiga y hable — dijo — . ¡Te ordeno que salgas de este muchacho y nunca más entres en él! ».
26 Entonces el espíritu gritó, le causó otra convulsión violenta al muchacho y salió de él. El muchacho quedó como muerto. Un murmullo recorrió la multitud: «Está muerto», decía la gente.
27 Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó, y el muchacho se puso de pie.
28 Más tarde, cuando Jesús quedó a solas en la casa con sus discípulos, ellos le preguntaron: — ¿Por qué nosotros no pudimos expulsar ese espíritu maligno?
29 Jesús contestó: — Esa clase solo puede ser expulsada con oración.
30 Saliendo de esa región, viajaron por Galilea. Jesús no quería que nadie supiera que él estaba allí,
31 porque deseaba pasar más tiempo con sus discípulos y enseñarles. Les dijo: «El Hijo del Hombre será traicionado y entregado en manos de sus enemigos. Lo matarán, pero tres días después se levantará de los muertos».
32 Ellos no entendieron lo que quería decir, sin embargo, tenían miedo de preguntarle.
33 Después de llegar a Capernaúm e instalarse en una casa, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué venían conversando en el camino? ».
34 Pero no le contestaron porque venían discutiendo sobre quién de ellos era el más importante.
35 Jesús se sentó y llamó a los doce discípulos y dijo: «Quien quiera ser el primero debe tomar el último lugar y ser el sirviente de todos los demás».
36 Entonces puso a un niño pequeño en medio de ellos. Y, tomándolo en sus brazos, les dijo:
37 «Todo el que recibe de mi parte a un niño pequeño como este me recibe a mí, y todo el que me recibe, no solo me recibe a mí, sino también a mi Padre, quien me envió».
38 Juan le dijo a Jesús: — Maestro, vimos a alguien usar tu nombre para expulsar demonios, pero le dijimos que no lo hiciera, porque no pertenece a nuestro grupo.
39 — ¡No lo detengan! — dijo Jesús — . Nadie que haga un milagro en mi nombre podrá luego hablar mal de mí.
40 Todo el que no está en contra de nosotros está a nuestro favor.
41 Si alguien les da a ustedes incluso un vaso de agua porque pertenecen al Mesías, les digo la verdad, esa persona ciertamente será recompensada.
42 »Si tú haces que uno de estos pequeños que confían en mí caiga en pecado, sería mejor que te arrojaran al mar con una gran piedra de molino atada al cuello.
43 Si tu mano te hace pecar, córtatela. Es preferible entrar en la vida eterna con una sola mano que en el fuego inextinguible del infierno con las dos manos.
45 Si tu pie te hace pecar, córtatelo. Es preferible entrar en la vida eterna con un solo pie que ser arrojado al infierno con los dos pies.
47 Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo. Es preferible entrar en el reino de Dios con un solo ojo que tener los dos ojos y ser arrojado al infierno,
48 “donde los gusanos nunca mueren y el fuego nunca se apaga”.
49 »Pues cada uno será probado con fuego.
50 La sal es buena para condimentar, pero si pierde su sabor, ¿cómo la harán salada de nuevo? Entre ustedes deben tener las cualidades de la sal y vivir en paz unos con otros.
Lucas 9:30-31
RVR1960
5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
6 El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.
NTV
5 »Miren, les envío al profeta Elías antes de que llegue el gran y terrible día del Señor.
6 Sus predicaciones harán volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres. De lo contrario, vendré y haré caer una maldición sobre la tierra».
RVR1960
30 Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;
31 quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén.
NTV
30 De repente aparecieron dos hombres, Moisés y Elías, y comenzaron a hablar con Jesús.
31 Se veían llenos de gloria. Y hablaban sobre la partida de Jesús de este mundo, lo cual estaba a punto de cumplirse en Jerusalén.
VERSÍCULO DE MEMORIA
Marcos 8:34
RVR1960
34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
NTV
34 Entonces llamó a la multitud para que se uniera a los discípulos, y dijo: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su propia manera de vivir, tomar su cruz y seguirme.
SÁBADO — INTRODUCCIÓN
La primera mitad de Marcos dirige la atención hacia quién es Jesús. Sus poderosos milagros y enseñanzas apuntan en la misma dirección: él es el Mesías. Ahora, en este punto crucial de la narración, Jesús preguntará a sus discípulos quién creen ellos que es.
Pedro dará una respuesta estentórea a esa pregunta, y Jesús comenzará inmediatamente a explicar adónde lo conducirán sus pasos como Mesías; como sabemos, a la Cruz.
En la última parte de Marcos 8, y hasta el final de Marcos 10, Jesús se enfoca en instruir a sus discípulos acerca de su derrotero. En estos capítulos, él hará predicciones acerca de la Cruz, que serán seguidas por una instrucción especial acerca del discipulado. Estas poderosas lecciones siguen siendo relevantes hoy.
Esta sección del segundo Evangelio se destaca por la curación de dos hombres ciegos, uno en la mitad de Marcos 8 y el otro al final de Marcos 10. Estos dos milagros funcionan como paréntesis al comienzo y al final del contenido que se encuentra entre ellos e ilustran dramáticamente que el discipulado incluye la percepción espiritual acerca de quién es Jesús y dónde está yendo. Así como sus enseñanzas desafiaron a sus discípulos hace dos mil años, siguen confrontando hoy a sus discípulos modernos con el elevado costo y la recompensa de seguirlo.
DOMINGO — Viendo claramente
Lee Marcos 8:22-30
RVR1960
22 Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase.
23 Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.
24 Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.
25 Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.
26 Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. (Mt. 16.
13-20; Lc. 9.
18-21)
27 Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?
28 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.
29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.
30 Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno.
NTV
22 Cuando llegaron a Betsaida, algunas personas llevaron a un hombre ciego ante Jesús y le suplicaron que lo tocara y lo sanara.
23 Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevó fuera de la aldea. Luego escupió en los ojos del hombre, puso sus manos sobre él y le preguntó: — ¿Puedes ver algo ahora?
24 El hombre miró a su alrededor y dijo: — Sí, veo a algunas personas, pero no puedo verlas con claridad; parecen árboles que caminan.
25 Entonces Jesús puso nuevamente sus manos sobre los ojos del hombre y fueron abiertos. Su vista fue totalmente restaurada y podía ver todo con claridad.
26 Jesús lo envió a su casa y le dijo: — No pases por la aldea cuando regreses a tu casa.
27 Jesús y sus discípulos salieron de Galilea y fueron a las aldeas cerca de Cesarea de Filipo. Mientras caminaban, él les preguntó: — ¿Quién dice la gente que soy?
28 — Bueno — contestaron — , algunos dicen Juan el Bautista, otros dicen Elías, y otros dicen que eres uno de los otros profetas.
29 Entonces les preguntó: — Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Pedro contestó: — Tú eres el Mesías.
30 Pero Jesús les advirtió que no le contaran a nadie acerca de él.
¿Por qué necesitó Jesús dos toques para sanar al hombre ciego? ¿Qué lecciones surgen de este relato?
Los evangelios reportan el caso de varias personas ciegas curadas por Jesús. Además de este pasaje de Marcos 8
, la sanación del ciego Bartimeo se reporta en Marcos 10:46-52
RVR1960
(Mt. 15.
32-39)
1 En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo:
2 Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer;
3 y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.
4 Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a estos aquí en el desierto?
5 Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete.
6 Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud.
7 Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante.
8 Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.
9 Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió.
10 Y luego entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta. (Mt. 16.
1-4; Lc. 12.
54-56)
11 Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle.
12 Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.
13 Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera. (Mt. 16.
5-12)
14 Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca.
15 Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.
16 Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan.
17 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?
18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?
19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce.
20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete.
21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?
22 Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase.
23 Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.
24 Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.
25 Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.
26 Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. (Mt. 16.
13-20; Lc. 9.
18-21)
27 Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?
28 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.
29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.
30 Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno. (Mt. 16.
21-28; Lc. 9.
22-27)
31 Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.
32 Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle.
33 Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
35 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.
36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles. Marcos 8: 11 : Mt. 12.
38; Lc. 11.
16. Marcos 8: 12 : Mt. 12.
39; Lc. 11.
29. Marcos 8: 15 : Lc. 12.
1. Marcos 8: 18 : Is. 6.
9-10; Jer. 5.
21; Ez. 12.
2. Marcos 8: 28 : Mr. 6.
14-15; Lc. 9.
7-8. Marcos 8: 29 : Jn. 6.
68-69. Marcos 8: 34 : Mt. 10.
38; Lc. 14.
27. Marcos 8: 35 : Mt. 10.
39; Lc. 17.
33; Jn. 12.
25.
NTV
1 En esos días, se reunió otra gran multitud, y de nuevo la gente quedó sin alimentos. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
2 — Siento compasión por ellos. Han estado aquí conmigo durante tres días y no les queda nada para comer.
3 Si los envío a sus casas con hambre, se desmayarán en el camino porque algunos han venido desde muy lejos.
4 Sus discípulos respondieron: — ¿Cómo vamos a conseguir comida suficiente para darles de comer aquí en el desierto?
5 — ¿Cuánto pan tienen? — preguntó Jesús. — Siete panes — contestaron ellos.
6 Entonces Jesús le dijo a la gente que se sentara en el suelo. Luego tomó los siete panes, dio gracias a Dios por ellos, los partió en trozos y se los dio a sus discípulos, quienes repartieron el pan entre la multitud.
7 También encontraron unos pescaditos, así que Jesús los bendijo y pidió a sus discípulos que los repartieran.
8 Todos comieron cuanto quisieron. Después los discípulos recogieron siete canastas grandes con la comida que sobró.
9 Ese día había unos cuatro mil hombres en la multitud, y Jesús los envió a sus casas luego de que comieron.
10 Inmediatamente después, subió a una barca con sus discípulos y cruzó a la región de Dalmanuta.
11 Cuando los fariseos oyeron que Jesús había llegado, se acercaron y comenzaron a discutir con él. Para ponerlo a prueba, exigieron que les mostrara una señal milagrosa del cielo que demostrara su autoridad.
12 Cuando Jesús oyó esto, suspiró profundamente en su espíritu y dijo: «¿Por qué esta gente sigue exigiendo una señal milagrosa? Les digo la verdad, no daré ninguna señal a esta generación».
13 Luego regresó a la barca y los dejó y cruzó al otro lado del lago.
14 Pero los discípulos se habían olvidado de llevar comida y solo tenían un pan en la barca.
15 Mientras cruzaban el lago, Jesús les advirtió: «¡Atención! ¡Tengan cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes! ».
16 Al oír esto, comenzaron a discutir entre sí, pues no habían traído nada de pan.
17 Jesús supo lo que hablaban, así que les dijo: — ¿Por qué discuten por no tener pan? ¿Todavía no saben ni entienden? ¿Tienen el corazón demasiado endurecido para comprenderlo?
18 “Tienen ojos, ¿y no pueden ver? Tienen oídos, ¿y no pueden oír?” ¿No recuerdan nada en absoluto?
19 Cuando alimenté a los cinco mil con cinco panes, ¿cuántas canastas con sobras recogieron después? — Doce — contestaron ellos.
20 — Y cuando alimenté a los cuatro mil con siete panes, ¿cuántas canastas grandes con sobras recogieron? — Siete — dijeron.
21 — ¿Todavía no entienden? — les preguntó.
22 Cuando llegaron a Betsaida, algunas personas llevaron a un hombre ciego ante Jesús y le suplicaron que lo tocara y lo sanara.
23 Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevó fuera de la aldea. Luego escupió en los ojos del hombre, puso sus manos sobre él y le preguntó: — ¿Puedes ver algo ahora?
24 El hombre miró a su alrededor y dijo: — Sí, veo a algunas personas, pero no puedo verlas con claridad; parecen árboles que caminan.
25 Entonces Jesús puso nuevamente sus manos sobre los ojos del hombre y fueron abiertos. Su vista fue totalmente restaurada y podía ver todo con claridad.
26 Jesús lo envió a su casa y le dijo: — No pases por la aldea cuando regreses a tu casa.
27 Jesús y sus discípulos salieron de Galilea y fueron a las aldeas cerca de Cesarea de Filipo. Mientras caminaban, él les preguntó: — ¿Quién dice la gente que soy?
28 — Bueno — contestaron — , algunos dicen Juan el Bautista, otros dicen Elías, y otros dicen que eres uno de los otros profetas.
29 Entonces les preguntó: — Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Pedro contestó: — Tú eres el Mesías.
30 Pero Jesús les advirtió que no le contaran a nadie acerca de él.
31 Entonces Jesús comenzó a decirles que el Hijo del Hombre tendría que sufrir muchas cosas terribles y ser rechazado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los maestros de la ley religiosa. Lo matarían, pero tres días después resucitaría.
32 Mientras hablaba abiertamente de eso con sus discípulos, Pedro lo llevó aparte y empezó a reprenderlo por decir semejantes cosas.
33 Jesús se dio la vuelta, miró a sus discípulos y reprendió a Pedro: «¡Aléjate de mí, Satanás! — dijo — . Ves las cosas solamente desde el punto de vista humano, no del punto de vista de Dios».
34 Entonces llamó a la multitud para que se uniera a los discípulos, y dijo: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su propia manera de vivir, tomar su cruz y seguirme.
35 Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás; pero si entregas tu vida por mi causa y por causa de la Buena Noticia, la salvarás.
36 ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma?
37 ¿Hay algo que valga más que tu alma?
38 Si alguien se avergüenza de mí y de mi mensaje en estos días de adulterio y de pecado, el Hijo del Hombre se avergonzará de esa persona cuando regrese en la gloria de su Padre con sus santos ángeles».
, Mateo se refiere a dos ciegos Mateo 20:29-34
RVR1960
(Mt. 20.
29-34; Lc. 18.
35-43)
46 Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.
47 Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
48 Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama.
50 Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.
51 Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.
52 Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.
NTV
46 Después llegaron a Jericó y mientras Jesús y sus discípulos salían de la ciudad, una gran multitud los siguió. Un mendigo ciego llamado Bartimeo (hijo de Timeo) estaba sentado junto al camino.
47 Cuando Bartimeo oyó que Jesús de Nazaret estaba cerca, comenzó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! ».
48 «¡Cállate! », muchos le gritaban, pero él gritó aún más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí! ».
49 Cuando Jesús lo oyó, se detuvo y dijo: «Díganle que se acerque». Así que llamaron al ciego. «Anímate — le dijeron — . ¡Vamos, él te llama! ».
50 Bartimeo echó a un lado su abrigo, se levantó de un salto y se acercó a Jesús.
51 — ¿Qué quieres que haga por ti? — preguntó Jesús. — Mi Rabí — dijo el hombre ciego — , ¡quiero ver!
52 Y Jesús le dijo: — Puedes irte, pues tu fe te ha sanado. Al instante el hombre pudo ver y siguió a Jesús por el camino.
y Juan 9 narra la historia de la curación efectuada por Jesús en favor de un ciego de nacimiento enviado a lavarse en el estanque de Siloé.
RVR1960
(Mr. 10.
46-52; Lc. 18.
35-43)
29 Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud.
30 Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
31 Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
32 Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga?
33 Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.
34 Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron.
NTV
29 Mientras Jesús y sus discípulos salían de la ciudad de Jericó, una gran multitud los seguía.
30 Dos hombres ciegos estaban sentados junto al camino. Cuando oyeron que Jesús venía en dirección a ellos, comenzaron a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros! ».
31 «¡Cállense! », les gritó la multitud. Sin embargo, los dos ciegos gritaban aún más fuerte: «¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros! ».
32 Cuando Jesús los oyó, se detuvo y los llamó: — ¿Qué quieren que haga por ustedes?
33 — Señor — dijeron — , ¡queremos ver!
34 Jesús se compadeció de ellos y les tocó los ojos. ¡Al instante pudieron ver! Luego lo siguieron.
Pero esta historia de Marcos 8
es singular, ya que solo aparece allí y es el único milagro de Jesús que requiere dos acciones para producir salud perfecta. Como parte de la historia, un detalle conmovedor es que Jesús toma al hombre de la mano y lo conduce fuera del poblado. Uno puede percibir su simpatía por la limitación del hombre.
RVR1960
(Mt. 15.
32-39)
1 En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo:
2 Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer;
3 y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.
4 Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a estos aquí en el desierto?
5 Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete.
6 Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud.
7 Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante.
8 Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.
9 Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió.
10 Y luego entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta. (Mt. 16.
1-4; Lc. 12.
54-56)
11 Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle.
12 Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.
13 Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera. (Mt. 16.
5-12)
14 Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca.
15 Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.
16 Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan.
17 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?
18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?
19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce.
20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete.
21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?
22 Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase.
23 Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.
24 Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.
25 Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.
26 Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. (Mt. 16.
13-20; Lc. 9.
18-21)
27 Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?
28 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.
29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.
30 Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno. (Mt. 16.
21-28; Lc. 9.
22-27)
31 Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.
32 Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle.
33 Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
35 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.
36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles. Marcos 8: 11 : Mt. 12.
38; Lc. 11.
16. Marcos 8: 12 : Mt. 12.
39; Lc. 11.
29. Marcos 8: 15 : Lc. 12.
1. Marcos 8: 18 : Is. 6.
9-10; Jer. 5.
21; Ez. 12.
2. Marcos 8: 28 : Mr. 6.
14-15; Lc. 9.
7-8. Marcos 8: 29 : Jn. 6.
68-69. Marcos 8: 34 : Mt. 10.
38; Lc. 14.
27. Marcos 8: 35 : Mt. 10.
39; Lc. 17.
33; Jn. 12.
25.
NTV
1 En esos días, se reunió otra gran multitud, y de nuevo la gente quedó sin alimentos. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
2 — Siento compasión por ellos. Han estado aquí conmigo durante tres días y no les queda nada para comer.
3 Si los envío a sus casas con hambre, se desmayarán en el camino porque algunos han venido desde muy lejos.
4 Sus discípulos respondieron: — ¿Cómo vamos a conseguir comida suficiente para darles de comer aquí en el desierto?
5 — ¿Cuánto pan tienen? — preguntó Jesús. — Siete panes — contestaron ellos.
6 Entonces Jesús le dijo a la gente que se sentara en el suelo. Luego tomó los siete panes, dio gracias a Dios por ellos, los partió en trozos y se los dio a sus discípulos, quienes repartieron el pan entre la multitud.
7 También encontraron unos pescaditos, así que Jesús los bendijo y pidió a sus discípulos que los repartieran.
8 Todos comieron cuanto quisieron. Después los discípulos recogieron siete canastas grandes con la comida que sobró.
9 Ese día había unos cuatro mil hombres en la multitud, y Jesús los envió a sus casas luego de que comieron.
10 Inmediatamente después, subió a una barca con sus discípulos y cruzó a la región de Dalmanuta.
11 Cuando los fariseos oyeron que Jesús había llegado, se acercaron y comenzaron a discutir con él. Para ponerlo a prueba, exigieron que les mostrara una señal milagrosa del cielo que demostrara su autoridad.
12 Cuando Jesús oyó esto, suspiró profundamente en su espíritu y dijo: «¿Por qué esta gente sigue exigiendo una señal milagrosa? Les digo la verdad, no daré ninguna señal a esta generación».
13 Luego regresó a la barca y los dejó y cruzó al otro lado del lago.
14 Pero los discípulos se habían olvidado de llevar comida y solo tenían un pan en la barca.
15 Mientras cruzaban el lago, Jesús les advirtió: «¡Atención! ¡Tengan cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes! ».
16 Al oír esto, comenzaron a discutir entre sí, pues no habían traído nada de pan.
17 Jesús supo lo que hablaban, así que les dijo: — ¿Por qué discuten por no tener pan? ¿Todavía no saben ni entienden? ¿Tienen el corazón demasiado endurecido para comprenderlo?
18 “Tienen ojos, ¿y no pueden ver? Tienen oídos, ¿y no pueden oír?” ¿No recuerdan nada en absoluto?
19 Cuando alimenté a los cinco mil con cinco panes, ¿cuántas canastas con sobras recogieron después? — Doce — contestaron ellos.
20 — Y cuando alimenté a los cuatro mil con siete panes, ¿cuántas canastas grandes con sobras recogieron? — Siete — dijeron.
21 — ¿Todavía no entienden? — les preguntó.
22 Cuando llegaron a Betsaida, algunas personas llevaron a un hombre ciego ante Jesús y le suplicaron que lo tocara y lo sanara.
23 Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevó fuera de la aldea. Luego escupió en los ojos del hombre, puso sus manos sobre él y le preguntó: — ¿Puedes ver algo ahora?
24 El hombre miró a su alrededor y dijo: — Sí, veo a algunas personas, pero no puedo verlas con claridad; parecen árboles que caminan.
25 Entonces Jesús puso nuevamente sus manos sobre los ojos del hombre y fueron abiertos. Su vista fue totalmente restaurada y podía ver todo con claridad.
26 Jesús lo envió a su casa y le dijo: — No pases por la aldea cuando regreses a tu casa.
27 Jesús y sus discípulos salieron de Galilea y fueron a las aldeas cerca de Cesarea de Filipo. Mientras caminaban, él les preguntó: — ¿Quién dice la gente que soy?
28 — Bueno — contestaron — , algunos dicen Juan el Bautista, otros dicen Elías, y otros dicen que eres uno de los otros profetas.
29 Entonces les preguntó: — Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Pedro contestó: — Tú eres el Mesías.
30 Pero Jesús les advirtió que no le contaran a nadie acerca de él.
31 Entonces Jesús comenzó a decirles que el Hijo del Hombre tendría que sufrir muchas cosas terribles y ser rechazado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los maestros de la ley religiosa. Lo matarían, pero tres días después resucitaría.
32 Mientras hablaba abiertamente de eso con sus discípulos, Pedro lo llevó aparte y empezó a reprenderlo por decir semejantes cosas.
33 Jesús se dio la vuelta, miró a sus discípulos y reprendió a Pedro: «¡Aléjate de mí, Satanás! — dijo — . Ves las cosas solamente desde el punto de vista humano, no del punto de vista de Dios».
34 Entonces llamó a la multitud para que se uniera a los discípulos, y dijo: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su propia manera de vivir, tomar su cruz y seguirme.
35 Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás; pero si entregas tu vida por mi causa y por causa de la Buena Noticia, la salvarás.
36 ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma?
37 ¿Hay algo que valga más que tu alma?
38 Si alguien se avergüenza de mí y de mi mensaje en estos días de adulterio y de pecado, el Hijo del Hombre se avergonzará de esa persona cuando regrese en la gloria de su Padre con sus santos ángeles».
Pero ¿por qué dos toques? Aunque este es el único de sus milagros que incluye dos acciones, eso no implica una falta de poder de parte de Jesús. En lugar de ello, se trata probablemente de una parábola actuada; es decir, de una acción destinada a ilustrar el hecho de que la percepción espiritual a veces requiere cierto tiempo para desarrollarse. Esta interpretación se ve corroborada por el patrón literario de esta sección de Marcos, donde la instrucción dada a los discípulos acerca de sus futuras muerte y resurrección tiene la curación de un hombre ciego al comienzo y al final. La restauración de la visión llega a ser así una metáfora acerca del discipulado perspicaz.
Los docentes aman las preguntas. Estas son a menudo la llave para abrir o desbloquear el entendimiento de un estudiante. En este pasaje de Marcos 8 se encuentra el punto de inflexión del libro. Tres características confirman esta aseveración. Primero, Jesús interroga a sus discípulos acerca de su identidad, algo que no había hecho hasta este punto. Segundo, Pedro es la única persona no endemoniada que declara que Jesús es el Mesías. Tercero, inmediatamente después de esta revelación acerca de quién es Jesús, él comienza a explicar adónde se encamina: a la Cruz.
¿Por qué pide Jesús a sus discípulos que no digan a nadie que él es el Mesías? Parece algo ilógico para el establecimiento del Reino de Dios. Sin embargo, la palabra “mesías” tenía en los días de Jesús una connotación de derrocamiento del Gobierno romano. Jesús no había venido para ser esa clase de mesías; de allí su llamado al silencio acerca de su identidad.
¿Qué nos enseña esta historia acerca de algunos momentos en los que es importante no decir ciertas cosas, sin importar cuán ciertas puedan ser?
LUNES — El costo del discipulado
Lee Marcos 8:31-38
RVR1960
(Mt. 16.
21-28; Lc. 9.
22-27)
31 Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.
32 Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle.
33 Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
35 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.
36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
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31 Entonces Jesús comenzó a decirles que el Hijo del Hombre tendría que sufrir muchas cosas terribles y ser rechazado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los maestros de la ley religiosa. Lo matarían, pero tres días después resucitaría.
32 Mientras hablaba abiertamente de eso con sus discípulos, Pedro lo llevó aparte y empezó a reprenderlo por decir semejantes cosas.
33 Jesús se dio la vuelta, miró a sus discípulos y reprendió a Pedro: «¡Aléjate de mí, Satanás! — dijo — . Ves las cosas solamente desde el punto de vista humano, no del punto de vista de Dios».
34 Entonces llamó a la multitud para que se uniera a los discípulos, y dijo: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su propia manera de vivir, tomar su cruz y seguirme.
35 Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás; pero si entregas tu vida por mi causa y por causa de la Buena Noticia, la salvarás.
36 ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma?
37 ¿Hay algo que valga más que tu alma?
38 Si alguien se avergüenza de mí y de mi mensaje en estos días de adulterio y de pecado, el Hijo del Hombre se avergonzará de esa persona cuando regrese en la gloria de su Padre con sus santos ángeles».
¿Qué dice aquí Jesús acerca del costo de seguirlo?
Los discípulos habían llegado a un punto decisivo en su relación con Jesús. Ahora saben que él es el Mesías. El lector de Marcos lo sabe desde el comienzo del libro Marcos 1:1
y, por lo tanto, ha tenido una ventaja con respecto a los discípulos, a veces torpes.
RVR1960
1 Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
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1 Esta es la Buena Noticia acerca de Jesús el Mesías, el Hijo de Dios. Comenzó
En un principio, cuando Jesús los llamó, dijo que los convertiría en pescadores de hombres Marcos 1:17
No hubo problemas entonces. Pero ahora que realmente saben quién es, él les revela el objetivo de su misión: que le es necesario padecer muchas cosas, ser rechazado, morir y resucitar después de tres días.
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17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.
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17 Jesús los llamó: «Vengan, síganme, ¡y yo les enseñaré cómo pescar personas! ».
Son noticias impactantes. Pedro, quien acaba de confesar que Jesús es el Mesías, lo lleva aparte y comienza a reprenderlo por decir eso. El evangelista presenta todo esto en forma de discurso indirecto, pero ahora reporta las palabras de Jesús, palabras que sin duda dejaron pasmado a Pedro mientras las escuchaba. El Maestro lo llama Satanás y le dice que se aparte de su camino, puesto que tales pensamientos no están en armonía con la voluntad de Dios.
“Las palabras de Pedro no eran de naturaleza que fuesen de ayuda y solaz para Jesús en la gran prueba que lo esperaba. No estaban en armonía con el misericordioso propósito de Dios hacia un mundo perdido, ni con la lección de abnegación que Jesús había venido a enseñar por medio de su propio ejemplo” (DTG 391).
Los seguidores de Jesús están llamados a tener el mismo objetivo que él tiene, a tomar su cruz y seguirlo. La crucifixión era el método romano de ejecución más cruel, humillante e intimidatorio. Todos querían evitar la cruz. Por lo tanto, ¿cómo querría alguien adoptar la cruz como símbolo de su devoción a Jesús?
Jesús no solo explica el costo del discipulado, sino también su gran recompensa. En la paradoja de la fe cristiana, perder la vida llega a ser la manera de encontrarla. En contraste, ganar el mundo entero pero renunciar a la vida eterna carece de sentido, así como el misionero Jim Elliot lo expresó en su diario personal el 28 de octubre de 1949: “No es tonto quien da lo que no puede conservar para ganar lo que no puede perder”.
“El que ama su vida la perderá; y el que desprecia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” Juan 12:25
¿Cómo has experimentado la realidad de estas palabras?
RVR1960
25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.
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25 Los que aman su vida en este mundo la perderán. Los que no le dan importancia a su vida en este mundo la conservarán por toda la eternidad.
MARTES — La montaña y la multitud
Lee Marcos 9:1-13
RVR1960
1 También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder. (Mt. 17.
1-13; Lc. 9.
28-36)
2 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos.
3 Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.
4 Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.
5 Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.
6 Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados.
7 Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.
8 Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.
9 Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos.
10 Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos.
11 Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?
12 Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada?
13 Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.
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1 Jesús continuó diciendo: «¡Les digo la verdad, algunos de los que están aquí ahora no morirán antes de ver el reino de Dios llegar con gran poder! ».
2 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan y los llevó a una montaña alta para estar a solas. Mientras los hombres observaban, la apariencia de Jesús se transformó,
3 y su ropa se volvió blanca resplandeciente, más de lo que cualquier blanqueador terrenal jamás podría lograr.
4 Después aparecieron Elías y Moisés y comenzaron a conversar con Jesús.
5 Pedro exclamó: «Rabí, ¡es maravilloso que estemos aquí! Hagamos tres enramadas como recordatorios: una para ti, una para Moisés y la otra para Elías».
6 Dijo esto porque realmente no sabía qué otra cosa decir, pues todos estaban aterrados.
7 Luego una nube los cubrió y, desde la nube, una voz dijo: «Este es mi Hijo muy amado. Escúchenlo a él».
8 De pronto, cuando miraban ellos a su alrededor, Moisés y Elías se habían ido, y vieron solo a Jesús con ellos.
9 Mientras descendían de la montaña, él les dijo que no le contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del Hombre se levantara de los muertos.
10 Así que guardaron el secreto, pero a menudo se preguntaban qué quería decir con «levantarse de los muertos».
11 Entonces le preguntaron: — ¿Por qué los maestros de la ley religiosa insisten en que Elías debe regresar antes de que venga el Mesías?
12 Jesús contestó: — Es cierto que Elías viene primero a fin de dejar todo preparado. Sin embargo, ¿por qué las Escrituras dicen que el Hijo del Hombre debe sufrir mucho y ser tratado con total desprecio?
13 Pero les digo, Elías ya vino, y ellos prefirieron maltratarlo, tal como lo predijeron las Escrituras.
¿Qué vieron Pedro, Santiago y Juan una noche con Jesús?
La predicción de Jesús en Marcos 9:1
de que algunos que estaban con él no gustarían la muerte antes de ver el Reino de Dios venir en gloria se cumplió pocos días después, cuando llevó consigo a Pedro, Santiago y Juan a un alto monte. Allí se transfigura ante ellos con la gloria del Reino celestial.
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1 También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder.
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1 Jesús continuó diciendo: «¡Les digo la verdad, algunos de los que están aquí ahora no morirán antes de ver el reino de Dios llegar con gran poder! ».
Elías y Moisés descienden entonces del ámbito celestial y conversan con Jesús. Lucas destaca que hablaban de la partida (griego exodos) de Jesús, que habría de ocurrir en Jerusalén Lucas 9:30-31
De esta manera, la escena de gloria está ligada a la muerte de Jesús en la cruz ver Marcos 9:9
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30 Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;
31 quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén.
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30 De repente aparecieron dos hombres, Moisés y Elías, y comenzaron a hablar con Jesús.
31 Se veían llenos de gloria. Y hablaban sobre la partida de Jesús de este mundo, lo cual estaba a punto de cumplirse en Jerusalén.
y sería una fuente de esperanza cuando los discípulos lo vieran crucificado.
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9 Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos.
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9 Mientras descendían de la montaña, él les dijo que no le contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del Hombre se levantara de los muertos.
La mañana siguiente, tras la experiencia en el monte, los tres discípulos preguntaron a Jesús acerca de la venida previa de Elías. Esta idea está probablemente ligada a la expectación de que Elías reaparecería antes que el Mesías compara con Malaquías 4:5-6
Jesús contesta que Elías ya ha venido, refiriéndose a Juan el Bautista. Así como mataron a Juan el Bautista, Jesús también moriría, pero habría de resucitar tres días después.
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5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
6 El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.
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5 »Miren, les envío al profeta Elías antes de que llegue el gran y terrible día del Señor.
6 Sus predicaciones harán volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres. De lo contrario, vendré y haré caer una maldición sobre la tierra».
Tras la noche de gloria, la escena al pie del monte era un triste caos ver Marcos 9:14-29
Los nueve discípulos habían encontrado a un muchacho endemoniado al que no pudieron sanar. Cuando Jesús aparece en la escena, todos corren a su encuentro. La historia sigue con un desarrollo acerca del poder del demonio sobre el joven. Jesús dedica lo que parece un considerable tiempo a inquirir acerca de los detalles de la posesión demoníaca. Resulta demasiado para el padre, quien exclama: “Si puedes algo, ayúdanos. Compadécete de nosotros” Marcos 9:22
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(Mt. 17.
14-21; Lc. 9.
37-43)
14 Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.
15 Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron.
16 Él les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos?
17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti a mi hijo, que tiene un espíritu mudo,
18 el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.
19 Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.
20 Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos.
21 Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño.
22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.
23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.
25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.
26 Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.
27 Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.
28 Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?
29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.
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14 Cuando regresaron adonde estaban los demás discípulos, vieron que los rodeaba una gran multitud y que algunos maestros de la ley religiosa discutían con ellos.
15 Cuando la multitud vio a Jesús, todos se llenaron de asombro y corrieron a saludarlo.
16 — ¿Sobre qué discuten? — preguntó Jesús.
17 Un hombre de la multitud tomó la palabra y dijo: — Maestro, traje a mi hijo para que lo sanaras. Está poseído por un espíritu maligno que no le permite hablar.
18 Y, siempre que este espíritu se apodera de él, lo tira violentamente al suelo y él echa espuma por la boca, rechina los dientes y se pone rígido. Así que les pedí a tus discípulos que echaran fuera al espíritu maligno, pero no pudieron hacerlo.
19 Jesús les dijo: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho».
20 Así que se lo llevaron. Cuando el espíritu maligno vio a Jesús, le causó una violenta convulsión al muchacho, quien cayó al piso retorciéndose y echando espuma por la boca.
21 — ¿Hace cuánto tiempo que le pasa esto? — preguntó Jesús al padre del muchacho. — Desde que era muy pequeño — contestó él — .
22 A menudo el espíritu lo arroja al fuego o al agua para matarlo. Ten misericordia de nosotros y ayúdanos si puedes.
23 — ¿Cómo que “si puedo”? — preguntó Jesús — . Todo es posible si uno cree.
24 Al instante el padre clamó: — ¡Sí, creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad!
25 Cuando Jesús vio que aumentaba el número de espectadores, reprendió al espíritu maligno. «Escucha, espíritu que impides que este muchacho oiga y hable — dijo — . ¡Te ordeno que salgas de este muchacho y nunca más entres en él! ».
26 Entonces el espíritu gritó, le causó otra convulsión violenta al muchacho y salió de él. El muchacho quedó como muerto. Un murmullo recorrió la multitud: «Está muerto», decía la gente.
27 Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó, y el muchacho se puso de pie.
28 Más tarde, cuando Jesús quedó a solas en la casa con sus discípulos, ellos le preguntaron: — ¿Por qué nosotros no pudimos expulsar ese espíritu maligno?
29 Jesús contestó: — Esa clase solo puede ser expulsada con oración.
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22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.
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22 A menudo el espíritu lo arroja al fuego o al agua para matarlo. Ten misericordia de nosotros y ayúdanos si puedes.
Jesús capta inmediatamente la expresión de duda. La respuesta del Señor podría ser parafraseada de la siguiente manera: “¿Cómo que ‘si puedes’?” Marcos 9:23
Súbitamente, como si fuera un relámpago, el padre percibe que no solo su hijo tiene un problema. Él mismo tiene un problema de incredulidad, y esta puede impedir que su hijo sea sanado. El desesperado padre se abandona a la misericordia de Jesús con la memorable frase: “Creo, ayuda mi incredulidad” Marcos 9:24
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23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
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23 — ¿Cómo que “si puedo”? — preguntó Jesús — . Todo es posible si uno cree.
Y Jesús sana al muchacho.
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24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.
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24 Al instante el padre clamó: — ¡Sí, creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad!
¿En qué situaciones, si las hubo, has tenido que clamar: “Creo, ayuda mi incredulidad”? ¿Qué aprendiste de esas experiencias?
MIERCOLES — ¿Quién es el más grande?
Lee Marcos 9:30-41
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(Mt. 17.
22-23; Lc. 9.
43-45)
30 Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese.
31 Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día.
32 Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle. (Mt. 18.
1-5; Lc. 9.
46-48)
33 Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?
34 Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor.
35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.
36 Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo:
37 El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió. (Lc. 9.
49-50)
38 Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía.
39 Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí.
40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
41 Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.
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30 Saliendo de esa región, viajaron por Galilea. Jesús no quería que nadie supiera que él estaba allí,
31 porque deseaba pasar más tiempo con sus discípulos y enseñarles. Les dijo: «El Hijo del Hombre será traicionado y entregado en manos de sus enemigos. Lo matarán, pero tres días después se levantará de los muertos».
32 Ellos no entendieron lo que quería decir, sin embargo, tenían miedo de preguntarle.
33 Después de llegar a Capernaúm e instalarse en una casa, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué venían conversando en el camino? ».
34 Pero no le contestaron porque venían discutiendo sobre quién de ellos era el más importante.
35 Jesús se sentó y llamó a los doce discípulos y dijo: «Quien quiera ser el primero debe tomar el último lugar y ser el sirviente de todos los demás».
36 Entonces puso a un niño pequeño en medio de ellos. Y, tomándolo en sus brazos, les dijo:
37 «Todo el que recibe de mi parte a un niño pequeño como este me recibe a mí, y todo el que me recibe, no solo me recibe a mí, sino también a mi Padre, quien me envió».
38 Juan le dijo a Jesús: — Maestro, vimos a alguien usar tu nombre para expulsar demonios, pero le dijimos que no lo hiciera, porque no pertenece a nuestro grupo.
39 — ¡No lo detengan! — dijo Jesús — . Nadie que haga un milagro en mi nombre podrá luego hablar mal de mí.
40 Todo el que no está en contra de nosotros está a nuestro favor.
41 Si alguien les da a ustedes incluso un vaso de agua porque pertenecen al Mesías, les digo la verdad, esa persona ciertamente será recompensada.
¿Qué tiene de diferente esta segunda predicción de Jesús acerca de su muerte y su resurrección compara con Marcos 8:31
? Por otra parte, ¿acerca de qué discuten los discípulos y qué instrucción les da Jesús?
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31 Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.
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31 Entonces Jesús comenzó a decirles que el Hijo del Hombre tendría que sufrir muchas cosas terribles y ser rechazado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los maestros de la ley religiosa. Lo matarían, pero tres días después resucitaría.
En la primera predicción, Jesús se refiere a quienes lo rechazarán y matarán. En la segunda, dice que será traicionado. El traidor no es señalado en esta ocasión, pero el lector ya sabe quién es en virtud de la identificación de Judas ver Marcos 3:19
El Señor menciona nuevamente que se le dará muerte y que resucitará tres días después. Pero los discípulos parecen aún menos interesados en los detalles de esta predicción que en la primera. Las noticias indeseadas no despiertan el interés.
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19 y Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron a casa.
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19 Judas Iscariote (quien después lo traicionó).
En Marcos 8:27
, Jesús estaba al norte del Mar de Galilea, cerca de Cesarea de Filipo. En Marcos 9:30
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(Mt. 16.
13-20; Lc. 9.
18-21)
27 Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?
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27 Jesús y sus discípulos salieron de Galilea y fueron a las aldeas cerca de Cesarea de Filipo. Mientras caminaban, él les preguntó: — ¿Quién dice la gente que soy?
estaba atravesando Galilea, y en Marcos 9:33
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(Mt. 17.
22-23; Lc. 9.
43-45)
30 Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese.
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30 Saliendo de esa región, viajaron por Galilea. Jesús no quería que nadie supiera que él estaba allí,
entra en Capernaum. Por lo tanto, no es difícil visualizar su derrotero de norte a sur. No obstante, entra en Capernaum solo mientras los doce discípulos lo siguen a la distancia. En la casa les pregunta acerca de la discusión que tuvieron en el camino. Nadie se expresa, lo que es señal segura de que no se sienten cómodos con la pregunta, casi como niños sorprendidos mientras hacen algo que saben que está mal. Su conversación había sido acerca de quién de ellos era el más importante. Aunque la mayoría de la gente no lo admitiría, esta pregunta acerca de quién es el más importante es algo en lo que todos piensan. Pero, en el Reino de Dios, esta idea resulta invertida.
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(Mt. 18.
1-5; Lc. 9.
46-48)
33 Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?
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33 Después de llegar a Capernaúm e instalarse en una casa, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué venían conversando en el camino? ».
Jesús responde al problema en dos pasos. En primer lugar, afirma claramente que para ser el primero, el más importante, es necesario llegar a ser un servidor. Luego, ilustra el significado de lo que ha dicho mediante una acción. Evidentemente había un niño cerca escuchando. Jesús toma al niño y lo coloca en medio del grupo, algo sin duda intimidatorio para el pequeño. Pero entonces Jesús lo toma en sus brazos, descomprimiendo así la escena, y enseña que si reciben al niño, lo reciben a él. Y si lo reciben a él, reciben a su Padre. De esa manera, el niño más humilde queda vinculado con Dios mismo.
Juan hace una pregunta acerca de quienes no forman parte del círculo de los seguidores de Jesús, y él enseña la importante lección de que quienes no están contra nosotros están a nuestro favor. El Señor afirma que ayudar a otros mediante el servicio cristiano, aun de maneras modestas, no pasa inadvertido en el Cielo.
¿Cuál es la idea bíblica de la grandeza en contraste con la del mundo? ¿Cuál de ellas estás buscando lograr?
JUEVES — La persona sana en el infierno
Lee Marcos 9:42-50
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(Mt. 18.
6-9; Lc. 17.
1-2)
42 Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar.
43 Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado,
44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado,
46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno,
48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
49 Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.
50 Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros.
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42 »Si tú haces que uno de estos pequeños que confían en mí caiga en pecado, sería mejor que te arrojaran al mar con una gran piedra de molino atada al cuello.
43 Si tu mano te hace pecar, córtatela. Es preferible entrar en la vida eterna con una sola mano que en el fuego inextinguible del infierno con las dos manos.
45 Si tu pie te hace pecar, córtatelo. Es preferible entrar en la vida eterna con un solo pie que ser arrojado al infierno con los dos pies.
47 Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo. Es preferible entrar en el reino de Dios con un solo ojo que tener los dos ojos y ser arrojado al infierno,
48 “donde los gusanos nunca mueren y el fuego nunca se apaga”.
49 »Pues cada uno será probado con fuego.
50 La sal es buena para condimentar, pero si pierde su sabor, ¿cómo la harán salada de nuevo? Entre ustedes deben tener las cualidades de la sal y vivir en paz unos con otros.
¿Qué tienen en común las enseñanzas de Jesús de este texto?
A primera vista, este pasaje parece un conjunto de enseñanzas dispares de Jesús agrupadas sin una razón en particular. Sin embargo, una mirada más cuidadosa revela que cada enseñanza sucesiva contiene una palabra clave que la vincula con la anterior. El pasaje gira en torno a tres términos o expresiones principales que hacen avanzar la instrucción paso a paso: “ocasión de caer”, “fuego” y “sal”. La primera enseñanza es acerca de los “pequeños”, en referencia a los nuevos creyentes. En el Reino de Dios, se encomienda a los maestros y los líderes la responsabilidad de velar por estos nuevos conversos con especial cuidado, a semejanza de los requerimientos éticos del Antiguo Testamento para el cuidado de los más vulnerables en la sociedad de antaño: las viudas, los huérfanos y los extranjeros. Jesús habla hiperbólicamente de que sería preferible ser ahogado en el mar antes que hacer pecar a uno de estos “pequeños”.
La expresión clave “ocasión de caer” conduce hacia la enseñanza más prolongada dentro de este pasaje. Dos dilemas confrontan al lector. En primer lugar, ¿está Jesús realmente enseñando a la gente a amputarse un brazo, una pierna, o sacarse un ojo? Segundo, ¿está enseñando la existencia de un infierno eternamente ardiente? La respuesta al primer interrogante es no. Jesús no está hablando en favor de la mutilación, algo que el judaísmo rechazaba ver Deuteronomio 14:1
1 Reyes 18:27-28
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1 Hijos sois de Jehová vuestro Dios; no os sajaréis, ni os raparéis a causa de muerto.
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1 »Israel, dado que eres el pueblo del Señor tu Dios, nunca te hagas cortaduras en el cuerpo ni te afeites el cabello que está encima de la frente en señal de duelo por un muerto.
El Señor está empleando una hipérbole, o exageración, para establecer su punto. La pérdida de una mano, un pie o un ojo es algo terrible. ¡Cuánto más desastroso debería ser para un cristiano el hecho de pecar!
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27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle.
28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos.
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27 Cerca del mediodía, Elías comenzó a burlarse de ellos. «Tendrán que gritar más fuerte — se mofaba — , ¡sin duda que es un dios! ¡Tal vez esté soñando despierto o quizá esté haciendo sus necesidades! ¡Seguramente salió de viaje o se quedó dormido y necesita que alguien lo despierte! ».
28 Así que ellos gritaron más fuerte y, como acostumbraban hacer, se cortaron con cuchillos y espadas hasta quedar bañados en sangre.
La segunda pregunta también recibe una respuesta negativa. Jesús no está enseñando la existencia de un infierno eternamente candente. ¿Cómo lo sabemos? Primero, porque el pasaje contiene un cierto tono humorístico. Imagina a personas entrando en la Jerusalén celestial con un solo ojo, pie o mano. Considera luego la idea de que ciertas personas anatómicamente completas fueran arrojadas al infierno. ¿No debería ser a la inversa? ¿La persona saludable en el infierno? De eso se trata el género comedia. Una comedia tal acerca de un asunto tan serio lo conduce a uno a considerar que Jesús está ilustrando un punto mediante una hipérbole, o exageración. El pecado es algo que debería ser tomado tan en serio que sería preferible perder una mano, un pie o un ojo en lugar de pecar.
En cuanto al infierno, lo eterno de él son sus consecuencias, no su fuego. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” Juan 3:16
énfasis añadido. Quienes se pierden no se queman para siempre; en su lugar, ellos mueren para siempre, ¡una gran diferencia!
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16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
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16 »Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
VIERNES - Para Estudiar y Meditar
Lee los capítulos titulados “Nada será imposible” y “¿Quién es el mayor?”, en el libro El Deseado de todas las gentes, de Elena de White, pp. 401-418.
“Antes de la honra viene la humildad. Para ocupar un lugar elevado ante los hombres, el cielo elige al obrero que como Juan el Bautista, toma un lugar humilde delante de Dios. El discípulo que más se asemeja a un niño es el más eficiente en la labor para Dios. Los seres celestiales pueden cooperar con aquel que no trata de ensalzarse a sí mismo sino de salvar almas” (DTG 411).
“Todo lo que nos da ventaja sobre otro -sea la educación o el refinamiento, la nobleza de carácter, el entrenamiento cristiano o la experiencia religiosa nos impone una deuda para con los menos favorecidos; y debemos servirlos en cuanto esté en nuestro poder. Si somos fuertes, debemos sostener las manos de los débiles. Los ángeles de gloria, que contemplan el rostro del Padre en el Cielo, se gozan en servir a sus pequeñuelos. Las almas temblorosas, que tal vez tienen muchos rasgos de carácter censurables, les son especialmente encargadas. Hay siempre ángeles presentes donde más se los necesita, con quienes tienen que pelear la batalla más dura contra el yo y cuyo ambiente es más desalentador. Y los verdaderos seguidores de Cristo cooperarán en ese ministerio” (DTG 415).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
Lee nuevamente Marcos 8:27-29
. ¿Cuán a menudo confiesas a otros tu creencia en Jesús como el Cristo?
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(Mt. 16.
13-20; Lc. 9.
18-21)
27 Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?
28 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.
29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.
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27 Jesús y sus discípulos salieron de Galilea y fueron a las aldeas cerca de Cesarea de Filipo. Mientras caminaban, él les preguntó: — ¿Quién dice la gente que soy?
28 — Bueno — contestaron — , algunos dicen Juan el Bautista, otros dicen Elías, y otros dicen que eres uno de los otros profetas.
29 Entonces les preguntó: — Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Pedro contestó: — Tú eres el Mesías.
PREGUNTA 1
¿Cuál es el equilibrio adecuado entre la experiencia de la comunión con Cristo en la cumbre del monte y la experiencia del servicio en favor de las necesidades de otros en la llanura?
PREGUNTA 2
Analicen como clase la respuesta acerca de la grandeza, al final de la sección del miércoles. ¿Qué concluyeron acerca de la diferencia entre lo que el mundo considera grandeza y la opinión de Dios al respecto? ¿A quiénes considera grandes el mundo, contrariamente a como los ve Dios? En contraste, ¿a quiénes podría Dios considerar como grandes mientras que el mundo los ignora o aun desprecia? ¿Qué nos dice esta diferencia acerca de cuán deformados y distorsionados son los ideales del mundo?
PREGUNTA 3
¿Cómo podemos aprender a considerar tan seriamente el pecado que, como Jesús dijo, veamos el hecho de pecar como algo peor que perder figuradamente una parte de nuestro cuerpo?
Repaso de la Lección
LECCIONES DE VIDA - Pr. Robert Costa