Escuela Sabática

CONTENIDO
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA
LUNES — Un árbol maldito y un templo purificado
MARTES — ¿Quién dijo que podías hacer eso?
MIERCOLES — Deberes terrenales y resultados celestiales
JUEVES — El mandamiento más importante
VIERNES - Para Estudiar y Meditar
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA
Marcos 11
1 Reyes 1:32-48
RVR1960
(Mt. 21.
1-11; Lc. 19.
28-40; Jn. 12.
12-19)
1 Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos,
2 y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo.
3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá.
4 Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron.
5 Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?
6 Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron.
7 Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él.
8 También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino.
9 Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
10 ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!
11 Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce. (Mt. 21.
18-19)
12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre.
13 Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos.
14 Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos. (Mt. 21.
12-17; Lc. 19.
45-48; Jn. 2.
13-22)
15 Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;
16 y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno.
17 Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
18 Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina.
19 Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad. (Mt. 21.
19-22)
20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.
21 Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
22 Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.
23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.
24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
25 Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.
26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas. (Mt. 21.
23-27; Lc. 20.
1-8)
27 Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos,
28 y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?
29 Jesús, respondiendo, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas.
30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme.
31 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
32 ¿Y si decimos, de los hombres…? Pero temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta.
33 Así que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas. Marcos 11: 9 : Sal. 118.
25. Marcos 11: 9 : Sal. 118.
26. Marcos 11: 17 : Is. 56.
7. Marcos 11: 17 : Jer. 7.
11. Marcos 11: 23 : Mt. 17.
20; 1 Co. 13.
2. Marcos 11: 26 : Mt. 6.
14-15.
NTV
1 Mientras Jesús y los discípulos se acercaban a Jerusalén, llegaron a las ciudades de Betfagé y Betania, en el monte de los Olivos. Jesús mandó a dos de ellos que se adelantaran.
2 «Vayan a la aldea que está allí — les dijo — . En cuanto entren, verán un burrito atado, que nadie ha montado jamás. Desátenlo y tráiganlo aquí.
3 Si alguien les pregunta: “¿Qué están haciendo?” simplemente digan: “El Señor lo necesita y él lo devolverá pronto”».
4 Los dos discípulos salieron y encontraron el burrito en la calle, atado frente a la puerta principal.
5 Mientras lo desataban, algunos que estaban allí les preguntaron: «¿Qué están haciendo, por qué desatan ese burrito? ».
6 Ellos contestaron lo que Jesús había dicho y se les dio permiso para llevarlo.
7 Así que llevaron el burrito a Jesús y pusieron sus prendas encima y él se sentó allí.
8 Muchos de la multitud tendían sus prendas sobre el camino delante de él y otros extendían ramas frondosas que habían cortado en los campos.
9 Jesús estaba en el centro de la procesión, y la gente que lo rodeaba gritaba: «¡Alaben a Dios! ¡Bendiciones al que viene en el nombre del Señor!
10 ¡Bendiciones al reino que viene, el reino de nuestro antepasado David! ¡Alaben a Dios en el cielo más alto! ».
11 Así Jesús llegó a Jerusalén y entró en el templo. Después de mirar todo detenidamente a su alrededor, salió porque ya era tarde. Después regresó a Betania con los doce discípulos.
12 A la mañana siguiente, cuando salían de Betania, Jesús tuvo hambre.
13 Vio que a cierta distancia había una higuera frondosa, así que se acercó para ver si encontraba higos; pero solo tenía hojas porque aún no había comenzado la temporada de los higos.
14 Entonces Jesús dijo al árbol: «¡Que nadie jamás vuelva a comer tu fruto! ». Y los discípulos lo oyeron.
15 Cuando llegaron de nuevo a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar a los que compraban y vendían animales para los sacrificios. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas,
16 y les prohibió a todos que usaran el templo como un mercado.
17 Les dijo: «Las Escrituras declaran: “Mi templo será llamado casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones».
18 Cuando los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa oyeron lo que Jesús había hecho, comenzaron a planificar cómo matarlo; pero tenían miedo de Jesús, porque la gente estaba asombrada de su enseñanza.
19 Esa tarde Jesús y los discípulos salieron de la ciudad.
20 A la mañana siguiente, al pasar junto a la higuera que él había maldecido, los discípulos notaron que se había marchitado desde la raíz.
21 Pedro recordó lo que Jesús había dicho al árbol el día anterior y exclamó: — ¡Mira, Rabí! ¡La higuera que maldijiste se marchitó y murió!
22 Entonces Jesús dijo a los discípulos: — Tengan fe en Dios.
23 Les digo la verdad, ustedes pueden decir a esta montaña: “Levántate y échate al mar”, y sucederá; pero deben creer de verdad que ocurrirá y no tener ninguna duda en el corazón.
24 Les digo, ustedes pueden orar por cualquier cosa y si creen que la han recibido, será suya.
25 Cuando estén orando, primero perdonen a todo aquel contra quien guarden rencor, para que su Padre que está en el cielo también les perdone a ustedes sus pecados.
27 Nuevamente entraron en Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por la zona del templo, los principales sacerdotes, los maestros de la ley religiosa y los ancianos se le acercaron.
28 — ¿Con qué autoridad haces todas estas cosas? — le reclamaron — . ¿Quién te dio el derecho de hacerlas?
29 — Les diré con qué autoridad hago estas cosas si me contestan una pregunta — respondió Jesús — .
30 La autoridad de Juan para bautizar, ¿provenía del cielo o era meramente humana? ¡Contéstenme!
31 Ellos discutieron el asunto unos con otros: «Si decimos que provenía del cielo, preguntará por qué nosotros no le creímos a Juan.
32 ¿Pero nos atrevemos a decir que era meramente humana? ». Pues tenían temor de lo que haría la gente, porque todos creían que Juan era un profeta.
33 Entonces finalmente contestaron: — No sabemos. Y Jesús respondió: — Entonces yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas.
Zacarías 9:9-10
RVR1960
32 Y el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la presencia del rey.
33 Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y montad a Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón;
34 y allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey sobre Israel, y tocaréis trompeta, diciendo: ¡Viva el rey Salomón!
35 Después iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque a él he escogido para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá.
36 Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey y dijo: Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi señor el rey.
37 De la manera que Jehová ha estado con mi señor el rey, así esté con Salomón, y haga mayor su trono que el trono de mi señor el rey David.
38 Y descendieron el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, y montaron a Salomón en la mula del rey David, y lo llevaron a Gihón.
39 Y tomando el sacerdote Sadoc el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: ¡Viva el rey Salomón!
40 Después subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba la gente con flautas, y hacían grandes alegrías, que parecía que la tierra se hundía con el clamor de ellos.
41 Y lo oyó Adonías, y todos los convidados que con él estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruendo?
42 Mientras él aún hablaba, he aquí vino Jonatán hijo del sacerdote Abiatar, al cual dijo Adonías: Entra, porque tú eres hombre valiente, y traerás buenas nuevas.
43 Jonatán respondió y dijo a Adonías: Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón;
44 y el rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc y al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada, y también a los cereteos y a los peleteos, los cuales le montaron en la mula del rey;
45 y el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo han ungido por rey en Gihón, y de allí han subido con alegrías, y la ciudad está llena de estruendo. Este es el alboroto que habéis oído.
46 También Salomón se ha sentado en el trono del reino,
47 y aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey adoró en la cama.
48 Además el rey ha dicho así: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo mis ojos.
NTV
32 Entonces el rey David ordenó: «Llamen al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Benaía, hijo de Joiada». Cuando ellos llegaron a la presencia del rey,
33 él les dijo: — Lleven a Salomón y a mis funcionarios hasta el manantial de Gihón. Salomón irá montado en mi mula.
34 Una vez allí, el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo ungirán rey de Israel. Hagan sonar el cuerno de carnero y griten: “¡Que viva el rey Salomón!”.
35 Luego escóltenlo de regreso, y él se sentará en mi trono. Él me sucederá en el trono, porque yo lo he nombrado para que sea gobernante de Israel y de Judá.
36 — ¡Amén! — respondió Benaía, hijo de Joiada — . Que el Señor, Dios de mi señor el rey, ordene que así sea.
37 Que el Señor esté con Salomón así como ha estado contigo, mi señor el rey, ¡y que engrandezca el reino de Salomón aún más que el suyo!
38 Entonces el sacerdote Sadoc y el profeta Natán junto con Benaía, hijo de Joiada, y la guardia personal del rey llevaron a Salomón hasta el manantial de Gihón; y Salomón iba montado en la mula que pertenecía al rey David.
39 Allí el sacerdote Sadoc tomó de la carpa sagrada el frasco de aceite de oliva, y ungió a Salomón con el aceite. Luego hicieron sonar el cuerno de carnero, y toda la gente gritó: «¡Que viva el rey Salomón! ».
40 Toda la multitud siguió a Salomón hasta Jerusalén, tocando flautas y gritando de alegría. La celebración estaba tan alegre y estruendosa que el sonido hacía temblar la tierra.
41 Adonías y sus invitados escucharon la celebración y los gritos casi al terminar el banquete. Cuando Joab oyó el sonido del cuerno de carnero, preguntó: «¿Qué está pasando? ¿Por qué hay tanto alboroto en la ciudad? ».
42 No había terminado de hablar, cuando llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar. — Entra — le dijo Adonías — , porque eres un hombre bueno. Seguramente traes buenas noticias.
43 — ¡Para nada! — respondió Jonatán — . ¡Nuestro señor, el rey David, acaba de proclamar rey a Salomón!
44 El rey lo envió al manantial de Gihón con el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, y Benaía, hijo de Joiada, e iban protegidos por la guardia personal del rey. Montaron a Salomón en la mula del rey
45 y Sadoc y Natán lo ungieron rey en el manantial de Gihón. Acaban de regresar, y toda la ciudad está celebrando y festejando. Por eso hay tanto ruido.
46 Es más, ahora mismo Salomón está sentado en el trono real como rey,
47 y todos los funcionarios reales han ido a felicitar al rey David y a decirle: “¡Que su Dios aumente la fama de Salomón aún más que la suya, y que engrandezca el reinado de Salomón aún más que el suyo!”. Entonces el rey inclinó la cabeza en adoración mientras estaba en su cama
48 y dijo: “Alabado sea el Señor, Dios de Israel, quien el día de hoy ha escogido a un sucesor que se siente en mi trono mientras yo aún vivo para presenciarlo”.
Isaías 56:7
RVR1960
9 Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.
10 Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra.
NTV
9 ¡Alégrate, oh pueblo de Sion! ¡Grita de triunfo, oh pueblo de Jerusalén! Mira, tu rey viene hacia ti. Él es justo y victorioso, pero es humilde, montado en un burro: montado en la cría de una burra.
10 Quitaré los carros de guerra de Israel y los caballos de guerra de Jerusalén. Destruiré todas las armas usadas en la batalla, y tu rey traerá paz a las naciones. Su reino se extenderá de mar a mar y desde el río Éufrates hasta los confines de la tierra.
Jeremías 7:11
RVR1960
7 yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.
(A)
NTV
7 Los llevaré a mi monte santo de Jerusalén y los llenaré de alegría en mi casa de oración. Aceptaré sus ofrendas quemadas y sus sacrificios, porque mi templo será llamado casa de oración para todas las naciones.
Marcos 12:1-34
RVR1960
11 ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice Jehová.
NTV
11 ¿No reconocen ustedes mismos que este templo, que lleva mi nombre, se ha convertido en una cueva de ladrones? Les aseguro que veo todo el mal que ocurre allí. ¡Yo, el Señor, he hablado!
RVR1960
(Mt. 21.
33-46; Lc. 20.
9-19)
1 Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.
2 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de estos del fruto de la viña.
3 Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías.
4 Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado.
5 Volvió a enviar otro, y a este mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros.
6 Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.
7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra.
8 Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña.
9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros.
10 ¿Ni aun esta escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo;
11 El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
12 Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron. (Mt. 22.
15-22; Lc. 20.
20-26)
13 Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra.
14 Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?
15 Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea.
16 Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César.
17 Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él. (Mt. 22.
23-33; Lc. 20.
27-40)
18 Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo:
19 Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano.
20 Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia.
21 Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera.
22 Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer.
23 En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?
24 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?
25 Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos.
26 Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
27 Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis. (Mt. 22.
34-40)
28 Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?
29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.
30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.
31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos.
32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él;
33 y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios.
34 Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.
NTV
1 Después Jesús comenzó a enseñarles con historias: «Un hombre plantó un viñedo. Lo cercó con un muro, cavó un hoyo para extraer el jugo de las uvas y construyó una torre de vigilancia. Luego les alquiló el viñedo a unos agricultores arrendatarios y se mudó a otro país.
2 Llegado el tiempo de la cosecha de la uva, envió a uno de sus siervos para recoger su parte de la cosecha;
3 pero los agricultores agarraron al siervo, le dieron una paliza y lo mandaron de regreso con las manos vacías.
4 Entonces el dueño envió a otro siervo, pero lo insultaron y le pegaron en la cabeza.
5 Al próximo siervo que envió, lo mataron. Envió a otros, a unos los golpearon y a otros los mataron,
6 hasta que le quedó solo uno, su hijo, a quien amaba profundamente. Finalmente, el dueño lo envió porque pensó: “Sin duda, respetarán a mi hijo”.
7 »Los agricultores se dijeron unos a otros: “Aquí viene el heredero de esta propiedad. ¡Matémoslo y nos quedaremos con la propiedad!”.
8 Así que lo agarraron, lo asesinaron y tiraron su cuerpo fuera del viñedo.
9 »¿Qué creen qué hará el dueño del viñedo? — preguntó Jesús — . Les diré: irá y matará a esos agricultores y alquilará el viñedo a otros.
10 ¿Nunca leyeron en las Escrituras: “La piedra que los constructores rechazaron ahora se ha convertido en la piedra principal.
11 Esto es obra del Señor y es maravilloso verlo” ? ».
12 Los líderes religiosos querían arrestar a Jesús porque se dieron cuenta de que contaba esa historia en contra de ellos, pues ellos eran los agricultores malvados; pero tenían miedo de la multitud, así que lo dejaron y se marcharon.
13 Después los ancianos enviaron a algunos fariseos y partidarios de Herodes para hacer que Jesús cayera en la trampa de decir algo por lo cual pudiera ser arrestado.
14 — Maestro — dijeron — , sabemos lo honesto que eres. Eres imparcial y no tienes favoritismos. Enseñas con verdad el camino de Dios. Ahora dinos, ¿es correcto que paguemos impuestos al César o no?
15 ¿Debemos o no pagarlos? Jesús se dio cuenta de su hipocresía y dijo: — ¿Por qué intentan atraparme? Muéstrenme una moneda romana, y les diré.
16 Cuando se la dieron, les preguntó: — ¿A quién pertenecen la imagen y el título grabados en la moneda? — Al César — contestaron.
17 — Bien — dijo Jesús — , entonces den al César lo que pertenece al César y den a Dios lo que pertenece a Dios. Su respuesta los dejó totalmente asombrados.
18 Después se acercaron a Jesús algunos saduceos, líderes religiosos que dicen que no hay resurrección después de la muerte. Le plantearon la siguiente pregunta:
19 — Maestro, Moisés nos dio una ley que dice que, si un hombre muere y deja a una esposa sin hijos, su hermano debe casarse con la viuda y darle un hijo para que el nombre del hermano continúe.
20 Ahora bien, supongamos que había siete hermanos. El mayor se casó y murió sin dejar hijos.
21 Entonces el segundo hermano se casó con la viuda, pero también murió sin dejar hijos. Luego el tercer hermano se casó con ella.
22 Lo mismo sucedió con los siete y aún no había hijos. Por último, la mujer también murió.
23 Entonces dinos, ¿de quién será esposa en la resurrección? Pues los siete estuvieron casados con ella.
24 Jesús contestó: — El error de ustedes es que no conocen las Escrituras y no conocen el poder de Dios.
25 Pues, cuando los muertos resuciten, no se casarán ni se entregarán en matrimonio. En este sentido, serán como los ángeles del cielo.
26 »Ahora bien, en cuanto a si los muertos resucitarán, ¿nunca han leído acerca de esto en los escritos de Moisés, en la historia de la zarza ardiente? Mucho después de que Abraham, Isaac y Jacob murieron, Dios le dijo a Moisés: “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”.
27 Por lo tanto, él es Dios de los que están vivos, no de los muertos. Ustedes han cometido un grave error.
28 Uno de los maestros de la ley religiosa estaba allí escuchando el debate. Se dio cuenta de que Jesús había contestado bien, entonces le preguntó: — De todos los mandamientos, ¿cuál es el más importante?
29 Jesús contestó: — El mandamiento más importante es: “¡Escucha, oh Israel! El Señor nuestro Dios es el único Señor.
30 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.
31 El segundo es igualmente importante: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Ningún otro mandamiento es más importante que estos.
32 El maestro de la ley religiosa respondió: — Bien dicho, Maestro. Has hablado la verdad al decir que hay solo un Dios y ningún otro.
33 Además yo sé que es importante amarlo con todo mi corazón y todo mi entendimiento y todas mis fuerzas, y amar a mi prójimo como a mí mismo. Esto es más importante que presentar todas las ofrendas quemadas y sacrificios exigidos en la ley.
34 Al ver cuánto entendía el hombre, Jesús le dijo: — No estás lejos del reino de Dios. Y, a partir de entonces, nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
VERSÍCULO DE MEMORIA
Marcos 11:25
RVR1960
25 Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.
NTV
25 Cuando estén orando, primero perdonen a todo aquel contra quien guarden rencor, para que su Padre que está en el cielo también les perdone a ustedes sus pecados.
SÁBADO — INTRODUCCIÓN
Marcos 2 y 3 registran cinco controversias entre Jesús y los líderes religiosos (ver la lección 3). En la lección de esta semana, cuando Jesús llega a Jerusalén, protagoniza seis controversias con los dirigentes religiosos. Estas dos series de controversias actúan como paréntesis, una al comienzo y otra al final del ministerio terrenal de Jesús. Cada serie tiene que ver con asuntos importantes para la vida cristiana. Las instrucciones de Jesús, aun en estas situaciones polémicas, orientan a los creyentes tanto en asuntos fundamentales de la fe como en cuestiones prácticas de la vida cotidiana.
Los líderes religiosos acuden a confrontar, tratar de confundir y derrotar a Jesús, pero sin éxito. Parte de la lección de esta semana incluirá analizar precisamente qué hace que las personas se opongan a Dios y, a su vez, considerará qué pueden hacer los cristianos para superar los prejuicios y hablar al corazón de quienes resisten el llamado del Espíritu.
En Marcos 11, el ministerio de Jesús tendrá lugar en Jerusalén durante la Pascua (marzo-abril). Marcos 11 al 16 cubre poco más de una semana; la velocidad narrativa ha disminuido marcadamente. Los primeros diez capítulos cubren aproximadamente tres años y medio. Esta desaceleración apunta a la importancia de estas escenas finales.
DOMINGO — La entrada triunfal
Lee Marcos 11:1-11
y Zacarías 9:9-10
RVR1960
(Mt. 21.
1-11; Lc. 19.
28-40; Jn. 12.
12-19)
1 Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos,
2 y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo.
3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá.
4 Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron.
5 Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?
6 Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron.
7 Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él.
8 También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino.
9 Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
10 ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!
11 Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.
NTV
1 Mientras Jesús y los discípulos se acercaban a Jerusalén, llegaron a las ciudades de Betfagé y Betania, en el monte de los Olivos. Jesús mandó a dos de ellos que se adelantaran.
2 «Vayan a la aldea que está allí — les dijo — . En cuanto entren, verán un burrito atado, que nadie ha montado jamás. Desátenlo y tráiganlo aquí.
3 Si alguien les pregunta: “¿Qué están haciendo?” simplemente digan: “El Señor lo necesita y él lo devolverá pronto”».
4 Los dos discípulos salieron y encontraron el burrito en la calle, atado frente a la puerta principal.
5 Mientras lo desataban, algunos que estaban allí les preguntaron: «¿Qué están haciendo, por qué desatan ese burrito? ».
6 Ellos contestaron lo que Jesús había dicho y se les dio permiso para llevarlo.
7 Así que llevaron el burrito a Jesús y pusieron sus prendas encima y él se sentó allí.
8 Muchos de la multitud tendían sus prendas sobre el camino delante de él y otros extendían ramas frondosas que habían cortado en los campos.
9 Jesús estaba en el centro de la procesión, y la gente que lo rodeaba gritaba: «¡Alaben a Dios! ¡Bendiciones al que viene en el nombre del Señor!
10 ¡Bendiciones al reino que viene, el reino de nuestro antepasado David! ¡Alaben a Dios en el cielo más alto! ».
11 Así Jesús llegó a Jerusalén y entró en el templo. Después de mirar todo detenidamente a su alrededor, salió porque ya era tarde. Después regresó a Betania con los doce discípulos.
¿Qué está sucediendo aquí?
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9 Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.
10 Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra.
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9 ¡Alégrate, oh pueblo de Sion! ¡Grita de triunfo, oh pueblo de Jerusalén! Mira, tu rey viene hacia ti. Él es justo y victorioso, pero es humilde, montado en un burro: montado en la cría de una burra.
10 Quitaré los carros de guerra de Israel y los caballos de guerra de Jerusalén. Destruiré todas las armas usadas en la batalla, y tu rey traerá paz a las naciones. Su reino se extenderá de mar a mar y desde el río Éufrates hasta los confines de la tierra.
La mitad de esta historia se refiere al envío de dos discípulos, por parte de Jesús, a un poblado cercano para buscar un asno en el que él entraría a Jerusalén. ¿Por qué se dedica tanto tiempo a este relato?
La respuesta es doble. Primero, porque demuestra las capacidades proféticas de Jesús, exaltando así la dignidad de su arribo y vinculándolo a la voluntad de Dios. Segundo, este aspecto de la historia establece una conexión con Zacarías 9:9-10
, que describe al rey entrando en Jerusalén montado sobre un burro. También es reminiscente de la entrada de Salomón en Jerusalén sobre un asno 1 Reyes 1:32-48
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9 Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.
10 Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra.
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9 ¡Alégrate, oh pueblo de Sion! ¡Grita de triunfo, oh pueblo de Jerusalén! Mira, tu rey viene hacia ti. Él es justo y victorioso, pero es humilde, montado en un burro: montado en la cría de una burra.
10 Quitaré los carros de guerra de Israel y los caballos de guerra de Jerusalén. Destruiré todas las armas usadas en la batalla, y tu rey traerá paz a las naciones. Su reino se extenderá de mar a mar y desde el río Éufrates hasta los confines de la tierra.
, cuando Adonías trató de usurpar el trono y David ordenó que Salomón fuera inmediatamente coronado.
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32 Y el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la presencia del rey.
33 Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y montad a Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón;
34 y allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey sobre Israel, y tocaréis trompeta, diciendo: ¡Viva el rey Salomón!
35 Después iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque a él he escogido para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá.
36 Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey y dijo: Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi señor el rey.
37 De la manera que Jehová ha estado con mi señor el rey, así esté con Salomón, y haga mayor su trono que el trono de mi señor el rey David.
38 Y descendieron el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, y montaron a Salomón en la mula del rey David, y lo llevaron a Gihón.
39 Y tomando el sacerdote Sadoc el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: ¡Viva el rey Salomón!
40 Después subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba la gente con flautas, y hacían grandes alegrías, que parecía que la tierra se hundía con el clamor de ellos.
41 Y lo oyó Adonías, y todos los convidados que con él estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruendo?
42 Mientras él aún hablaba, he aquí vino Jonatán hijo del sacerdote Abiatar, al cual dijo Adonías: Entra, porque tú eres hombre valiente, y traerás buenas nuevas.
43 Jonatán respondió y dijo a Adonías: Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón;
44 y el rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc y al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada, y también a los cereteos y a los peleteos, los cuales le montaron en la mula del rey;
45 y el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo han ungido por rey en Gihón, y de allí han subido con alegrías, y la ciudad está llena de estruendo. Este es el alboroto que habéis oído.
46 También Salomón se ha sentado en el trono del reino,
47 y aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey adoró en la cama.
48 Además el rey ha dicho así: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo mis ojos.
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32 Entonces el rey David ordenó: «Llamen al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Benaía, hijo de Joiada». Cuando ellos llegaron a la presencia del rey,
33 él les dijo: — Lleven a Salomón y a mis funcionarios hasta el manantial de Gihón. Salomón irá montado en mi mula.
34 Una vez allí, el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo ungirán rey de Israel. Hagan sonar el cuerno de carnero y griten: “¡Que viva el rey Salomón!”.
35 Luego escóltenlo de regreso, y él se sentará en mi trono. Él me sucederá en el trono, porque yo lo he nombrado para que sea gobernante de Israel y de Judá.
36 — ¡Amén! — respondió Benaía, hijo de Joiada — . Que el Señor, Dios de mi señor el rey, ordene que así sea.
37 Que el Señor esté con Salomón así como ha estado contigo, mi señor el rey, ¡y que engrandezca el reino de Salomón aún más que el suyo!
38 Entonces el sacerdote Sadoc y el profeta Natán junto con Benaía, hijo de Joiada, y la guardia personal del rey llevaron a Salomón hasta el manantial de Gihón; y Salomón iba montado en la mula que pertenecía al rey David.
39 Allí el sacerdote Sadoc tomó de la carpa sagrada el frasco de aceite de oliva, y ungió a Salomón con el aceite. Luego hicieron sonar el cuerno de carnero, y toda la gente gritó: «¡Que viva el rey Salomón! ».
40 Toda la multitud siguió a Salomón hasta Jerusalén, tocando flautas y gritando de alegría. La celebración estaba tan alegre y estruendosa que el sonido hacía temblar la tierra.
41 Adonías y sus invitados escucharon la celebración y los gritos casi al terminar el banquete. Cuando Joab oyó el sonido del cuerno de carnero, preguntó: «¿Qué está pasando? ¿Por qué hay tanto alboroto en la ciudad? ».
42 No había terminado de hablar, cuando llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar. — Entra — le dijo Adonías — , porque eres un hombre bueno. Seguramente traes buenas noticias.
43 — ¡Para nada! — respondió Jonatán — . ¡Nuestro señor, el rey David, acaba de proclamar rey a Salomón!
44 El rey lo envió al manantial de Gihón con el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, y Benaía, hijo de Joiada, e iban protegidos por la guardia personal del rey. Montaron a Salomón en la mula del rey
45 y Sadoc y Natán lo ungieron rey en el manantial de Gihón. Acaban de regresar, y toda la ciudad está celebrando y festejando. Por eso hay tanto ruido.
46 Es más, ahora mismo Salomón está sentado en el trono real como rey,
47 y todos los funcionarios reales han ido a felicitar al rey David y a decirle: “¡Que su Dios aumente la fama de Salomón aún más que la suya, y que engrandezca el reinado de Salomón aún más que el suyo!”. Entonces el rey inclinó la cabeza en adoración mientras estaba en su cama
48 y dijo: “Alabado sea el Señor, Dios de Israel, quien el día de hoy ha escogido a un sucesor que se siente en mi trono mientras yo aún vivo para presenciarlo”.
“Quinientos años antes del nacimiento de Cristo, el profeta Zacarías predijo así la venida del Rey de Israel. Esta profecía se iba a cumplir ahora. El que siempre había rechazado los honores reales iba a entrar en Jerusalén como el prometido heredero del trono de David” (DTG 537).
Jerusalén está ubicada en una región de colinas, a una altitud de unos 740 metros. En los días de Jesús, su población era de entre 40.000 y 50.000 personas, pero ese número aumentaba en ocasión de la Pascua. La ciudad cubría una superficie de unos 125 kilómetros cuadrados, pero el monte sobre el que se erigía el Templo ocupaba casi 18 de esos kilómetros. El hermoso complejo del Templo dominaba la ciudad.
Jesús entró por el este: descendió por el Monte de los Olivos e ingresó en la ciudad probablemente por la Puerta Dorada (actualmente tapiada) en dirección al Monte del Templo. La ciudad entera se vio agitada por la llegada de Jesús, pues todos se daban cuenta de la relevancia de su acción simbólica. La multitud que acompañaba a Jesús gritaba hosanna, un término cuyo significado original era “salva ahora”, pero que luego llegó a tener el sentido de “gloria a Dios”.
El tiempo del secreto, de la confidencialidad en la que Jesús había insistido a lo largo del Evangelio de Marcos, ha terminado. Ahora Jesús entra en la ciudad mediante una bien conocida acción simbólica vinculada a la realeza. Ingresa al Templo, pero por cuanto es tarde, simplemente mira alrededor y parte luego a Betania con los doce discípulos. Lo que pudo haber terminado en una revuelta concluye, en cambio, con su serena salida de allí. Pero el día siguiente sería diferente.
La acción de montar sobre un asno sugiere humildad. ¿Por qué es ese un rasgo tan importante, especialmente para los cristianos? ¿Hay algo de que podamos enorgullecernos a la luz de la Cruz?
LUNES — Un árbol maldito y un templo purificado
Lee Marcos 11:12-26
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(Mt. 21.
18-19)
12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre.
13 Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos.
14 Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos. (Mt. 21.
12-17; Lc. 19.
45-48; Jn. 2.
13-22)
15 Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;
16 y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno.
17 Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
18 Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina.
19 Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad. (Mt. 21.
19-22)
20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.
21 Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
22 Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.
23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.
24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
25 Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.
26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.
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12 A la mañana siguiente, cuando salían de Betania, Jesús tuvo hambre.
13 Vio que a cierta distancia había una higuera frondosa, así que se acercó para ver si encontraba higos; pero solo tenía hojas porque aún no había comenzado la temporada de los higos.
14 Entonces Jesús dijo al árbol: «¡Que nadie jamás vuelva a comer tu fruto! ». Y los discípulos lo oyeron.
15 Cuando llegaron de nuevo a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar a los que compraban y vendían animales para los sacrificios. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas,
16 y les prohibió a todos que usaran el templo como un mercado.
17 Les dijo: «Las Escrituras declaran: “Mi templo será llamado casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones».
18 Cuando los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa oyeron lo que Jesús había hecho, comenzaron a planificar cómo matarlo; pero tenían miedo de Jesús, porque la gente estaba asombrada de su enseñanza.
19 Esa tarde Jesús y los discípulos salieron de la ciudad.
20 A la mañana siguiente, al pasar junto a la higuera que él había maldecido, los discípulos notaron que se había marchitado desde la raíz.
21 Pedro recordó lo que Jesús había dicho al árbol el día anterior y exclamó: — ¡Mira, Rabí! ¡La higuera que maldijiste se marchitó y murió!
22 Entonces Jesús dijo a los discípulos: — Tengan fe en Dios.
23 Les digo la verdad, ustedes pueden decir a esta montaña: “Levántate y échate al mar”, y sucederá; pero deben creer de verdad que ocurrirá y no tener ninguna duda en el corazón.
24 Les digo, ustedes pueden orar por cualquier cosa y si creen que la han recibido, será suya.
25 Cuando estén orando, primero perdonen a todo aquel contra quien guarden rencor, para que su Padre que está en el cielo también les perdone a ustedes sus pecados.
¿Cuál es el significado de los eventos descritos aquí?
En la mañana, mientras venía de Betania, a unos tres kilómetros de Jerusalén, Jesús sintió hambre. Al ver una higuera frondosa, se dirigió a ella para encontrar tal vez algún fruto temprano. Esta acción no habría sido considerada un hurto, puesto que, según la legislación del Antiguo Testamento, uno podía comer del campo o el huerto de un vecino para satisfacer su apetito Levítico 19:9-10
Levítico 23:22
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9 Cuando siegues la mies de tu tierra, no segarás hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu tierra segada.
10 Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.
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9 »Cuando recojas las cosechas de tu tierra, no siegues el grano en las orillas de tus campos ni levantes lo que caiga de los segadores.
10 Harás lo mismo con la cosecha de la uva, no cortes hasta el último racimo de las vides ni recojas las uvas que caigan al suelo. Déjalas para los pobres y para los extranjeros que viven entre ustedes. Yo soy el Señor tu Dios.
Deuteronomio 23:25
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22 Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.
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22 »Cuando recojas las cosechas de tu tierra, no siegues el grano en las orillas de tus campos ni levantes lo que caiga de los segadores. Déjalo para los pobres y los extranjeros que viven entre ustedes. Yo soy el Señor tu Dios».
. Pero no encontró fruto, y dijo al árbol: “Nunca más coma nadie fruto de ti” Marcos 11:14
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25 Cuando entres en la mies de tu prójimo, podrás arrancar espigas con tu mano; mas no aplicarás hoz a la mies de tu prójimo.
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25 También, cuando entres en el campo de un vecino, podrás arrancar los granos de trigo con la mano, pero no cortarás las espigas con la hoz.
. Aquello era una acción atípica y extraña de parte de Jesús, pero lo que acontece inmediatamente es más impactante aún.
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14 Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.
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14 Entonces Jesús dijo al árbol: «¡Que nadie jamás vuelva a comer tu fruto! ». Y los discípulos lo oyeron.
Lo que sucede luego tuvo lugar, probablemente, en el atrio de los gentiles, donde tenía lugar la venta de animales para los sacrificios (una novedad implementada poco antes por Caifás). Jesús expulsa a los vendedores para restaurar el culto reverente. Su acción es una afrenta directa contra los que estaban a cargo del sistema del Templo.
Jesús vincula dos pasajes del Antiguo Testamento en su dura reprimenda contra el profano tráfico. Insiste en que el Templo debe ser una casa de oración para todos los pueblos Isaías 56:7
, incluyendo enfáticamente a los gentiles. Luego dice que los líderes han convertido el Templo en una cueva de ladrones Jeremías 7:11
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7 yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.
(A)
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7 Los llevaré a mi monte santo de Jerusalén y los llenaré de alegría en mi casa de oración. Aceptaré sus ofrendas quemadas y sus sacrificios, porque mi templo será llamado casa de oración para todas las naciones.
Más tarde, al final de esta asombrosa jornada, Jesús abandona la ciudad junto con sus discípulos Marcos 11:19
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11 ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice Jehová.
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11 ¿No reconocen ustedes mismos que este templo, que lleva mi nombre, se ha convertido en una cueva de ladrones? Les aseguro que veo todo el mal que ocurre allí. ¡Yo, el Señor, he hablado!
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19 Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.
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19 Esa tarde Jesús y los discípulos salieron de la ciudad.
A la mañana siguiente, al ir nuevamente a la ciudad ver Marcos 11:20-26
, los discípulos se asombran al ver la higuera marchita de raíz. Jesús imparte una lección acerca de la oración y el perdón como parte de su explicación acerca de lo ocurrido. ¿Qué significa todo esto?
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(Mt. 21.
19-22)
20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.
21 Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
22 Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.
23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.
24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
25 Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.
26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.
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20 A la mañana siguiente, al pasar junto a la higuera que él había maldecido, los discípulos notaron que se había marchitado desde la raíz.
21 Pedro recordó lo que Jesús había dicho al árbol el día anterior y exclamó: — ¡Mira, Rabí! ¡La higuera que maldijiste se marchitó y murió!
22 Entonces Jesús dijo a los discípulos: — Tengan fe en Dios.
23 Les digo la verdad, ustedes pueden decir a esta montaña: “Levántate y échate al mar”, y sucederá; pero deben creer de verdad que ocurrirá y no tener ninguna duda en el corazón.
24 Les digo, ustedes pueden orar por cualquier cosa y si creen que la han recibido, será suya.
25 Cuando estén orando, primero perdonen a todo aquel contra quien guarden rencor, para que su Padre que está en el cielo también les perdone a ustedes sus pecados.
Estos dos relatos constituyen la cuarta historia sándwich del Evangelio de Marcos (ver la lección 3). En las historias de ese tipo, se emplea la ironía que se dramatiza mediante personajes paralelos que realizan acciones opuestas o mediante personajes opuestos que realizan acciones paralelas. En esta historia, la higuera y el Templo están en paralelo. Jesús maldice la higuera, pero purifica el Templo, dos acciones opuestas. Pero la ironía consiste en que los dirigentes religiosos se complotarán ahora para matar a Jesús, y esa acción significará el fin de los servicios del Templo, los cuales hallaron su cumplimiento en Jesús.
¿Qué cosas de tu vida necesitan ser limpiadas por Jesús? ¿Cómo ocurre esto?
MARTES — ¿Quién dijo que podías hacer eso?
Lee Marcos 11:27-33
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(Mt. 21.
23-27; Lc. 20.
1-8)
27 Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos,
28 y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?
29 Jesús, respondiendo, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas.
30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme.
31 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
32 ¿Y si decimos, de los hombres…? Pero temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta.
33 Así que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
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27 Nuevamente entraron en Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por la zona del templo, los principales sacerdotes, los maestros de la ley religiosa y los ancianos se le acercaron.
28 — ¿Con qué autoridad haces todas estas cosas? — le reclamaron — . ¿Quién te dio el derecho de hacerlas?
29 — Les diré con qué autoridad hago estas cosas si me contestan una pregunta — respondió Jesús — .
30 La autoridad de Juan para bautizar, ¿provenía del cielo o era meramente humana? ¡Contéstenme!
31 Ellos discutieron el asunto unos con otros: «Si decimos que provenía del cielo, preguntará por qué nosotros no le creímos a Juan.
32 ¿Pero nos atrevemos a decir que era meramente humana? ». Pues tenían temor de lo que haría la gente, porque todos creían que Juan era un profeta.
33 Entonces finalmente contestaron: — No sabemos. Y Jesús respondió: — Entonces yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas.
¿Qué desafío plantearon los líderes religiosos a Jesús y cómo respondió él?
Un día después de que Jesús limpió el Templo, los líderes religiosos lo confrontan en sus atrios y le preguntan con qué autoridad había actuado el día anterior. No pretenden escuchar la verdad, sino entramparlo. Si dice que su autoridad proviene de Dios, ellos negarán que un simple carpintero de pueblo tenga tal autoridad. Si él dice que su autoridad es humana, lo despreciarán como a un tonto.
Pero Jesús percibe la trampa y les dice que contestará su pregunta si ellos responden primero una suya. Lo que les pregunta es si el bautismo de Juan el Bautista provenía de Dios o de los hombres. Ellos se dan cuenta al instante de que son ellos quienes han sido entrampados. Si admiten que ese bautismo provenía de Dios, Jesús les dirá: “¿Por qué no le creyeron?” Si dicen que fue una iniciativa humana, temen la reacción de la gente. Así que, mienten y responden que no saben. Esto da a Jesús la oportunidad de rehusarse a contestar la pregunta de ellos.
Lee Marcos 12:1-12
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(Mt. 21.
33-46; Lc. 20.
9-19)
1 Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.
2 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de estos del fruto de la viña.
3 Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías.
4 Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado.
5 Volvió a enviar otro, y a este mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros.
6 Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.
7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra.
8 Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña.
9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros.
10 ¿Ni aun esta escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo;
11 El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
12 Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron.
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1 Después Jesús comenzó a enseñarles con historias: «Un hombre plantó un viñedo. Lo cercó con un muro, cavó un hoyo para extraer el jugo de las uvas y construyó una torre de vigilancia. Luego les alquiló el viñedo a unos agricultores arrendatarios y se mudó a otro país.
2 Llegado el tiempo de la cosecha de la uva, envió a uno de sus siervos para recoger su parte de la cosecha;
3 pero los agricultores agarraron al siervo, le dieron una paliza y lo mandaron de regreso con las manos vacías.
4 Entonces el dueño envió a otro siervo, pero lo insultaron y le pegaron en la cabeza.
5 Al próximo siervo que envió, lo mataron. Envió a otros, a unos los golpearon y a otros los mataron,
6 hasta que le quedó solo uno, su hijo, a quien amaba profundamente. Finalmente, el dueño lo envió porque pensó: “Sin duda, respetarán a mi hijo”.
7 »Los agricultores se dijeron unos a otros: “Aquí viene el heredero de esta propiedad. ¡Matémoslo y nos quedaremos con la propiedad!”.
8 Así que lo agarraron, lo asesinaron y tiraron su cuerpo fuera del viñedo.
9 »¿Qué creen qué hará el dueño del viñedo? — preguntó Jesús — . Les diré: irá y matará a esos agricultores y alquilará el viñedo a otros.
10 ¿Nunca leyeron en las Escrituras: “La piedra que los constructores rechazaron ahora se ha convertido en la piedra principal.
11 Esto es obra del Señor y es maravilloso verlo” ? ».
12 Los líderes religiosos querían arrestar a Jesús porque se dieron cuenta de que contaba esa historia en contra de ellos, pues ellos eran los agricultores malvados; pero tenían miedo de la multitud, así que lo dejaron y se marcharon.
¿Cómo continuó Jesús su negativa a responder, y con qué efecto?
Jesús presenta una parábola acerca de una viña, un propietario y arrendatarios a quienes el dueño alquila el campo. La historia que Jesús narra tiene grandes similitudes con la parábola de la viña en Isaías 5, donde Dios presenta una acusación contra el Israel infiel. Cualquiera habría reconocido el paralelo, especialmente los líderes religiosos.
La historia se desarrolla de una manera muy inusual, dado que los arrendatarios se niegan a entregar el fruto de la viña al propietario. En lugar de ello, maltratan y matan a los siervos que él envía. Finalmente, el dueño envía a su amado hijo, a quien espera que ellos respeten. Pero no ocurre eso. Razonan, en cambio - y extrañamente - que, si matan al hijo, la viña les pertenecerá. Su descabellado razonamiento es sorprendente, y la sentencia que se les impondrá está justificada.
Lo que Jesús estaba haciendo en esta historia era dirigir a los líderes religiosos una solemne advertencia acerca del desenlace de su conducta. Vista desde esta perspectiva, su parábola es un amoroso pre-aviso. Aún no es muy tarde para que cambien y eviten un juicio seguro. Algunos de ellos se arrepentirán, cambiarán y aceptarán a Jesús. Otros, no.
MIERCOLES — Deberes terrenales y resultados celestiales
Lee Marcos 12:13-27
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(Mt. 22.
15-22; Lc. 20.
20-26)
13 Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra.
14 Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?
15 Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea.
16 Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César.
17 Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él. (Mt. 22.
23-33; Lc. 20.
27-40)
18 Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo:
19 Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano.
20 Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia.
21 Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera.
22 Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer.
23 En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?
24 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?
25 Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos.
26 Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
27 Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis.
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13 Después los ancianos enviaron a algunos fariseos y partidarios de Herodes para hacer que Jesús cayera en la trampa de decir algo por lo cual pudiera ser arrestado.
14 — Maestro — dijeron — , sabemos lo honesto que eres. Eres imparcial y no tienes favoritismos. Enseñas con verdad el camino de Dios. Ahora dinos, ¿es correcto que paguemos impuestos al César o no?
15 ¿Debemos o no pagarlos? Jesús se dio cuenta de su hipocresía y dijo: — ¿Por qué intentan atraparme? Muéstrenme una moneda romana, y les diré.
16 Cuando se la dieron, les preguntó: — ¿A quién pertenecen la imagen y el título grabados en la moneda? — Al César — contestaron.
17 — Bien — dijo Jesús — , entonces den al César lo que pertenece al César y den a Dios lo que pertenece a Dios. Su respuesta los dejó totalmente asombrados.
18 Después se acercaron a Jesús algunos saduceos, líderes religiosos que dicen que no hay resurrección después de la muerte. Le plantearon la siguiente pregunta:
19 — Maestro, Moisés nos dio una ley que dice que, si un hombre muere y deja a una esposa sin hijos, su hermano debe casarse con la viuda y darle un hijo para que el nombre del hermano continúe.
20 Ahora bien, supongamos que había siete hermanos. El mayor se casó y murió sin dejar hijos.
21 Entonces el segundo hermano se casó con la viuda, pero también murió sin dejar hijos. Luego el tercer hermano se casó con ella.
22 Lo mismo sucedió con los siete y aún no había hijos. Por último, la mujer también murió.
23 Entonces dinos, ¿de quién será esposa en la resurrección? Pues los siete estuvieron casados con ella.
24 Jesús contestó: — El error de ustedes es que no conocen las Escrituras y no conocen el poder de Dios.
25 Pues, cuando los muertos resuciten, no se casarán ni se entregarán en matrimonio. En este sentido, serán como los ángeles del cielo.
26 »Ahora bien, en cuanto a si los muertos resucitarán, ¿nunca han leído acerca de esto en los escritos de Moisés, en la historia de la zarza ardiente? Mucho después de que Abraham, Isaac y Jacob murieron, Dios le dijo a Moisés: “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”.
27 Por lo tanto, él es Dios de los que están vivos, no de los muertos. Ustedes han cometido un grave error.
¿Qué está ocurriendo aquí y qué verdades enseña Jesús?
Los líderes religiosos estaban tratando de sorprender a Jesús en algo que pudieran usar para condenarlo ante el gobernador romano o ante el pueblo. En el caso de esta controversia, la cuestión giraba en torno al pago de impuestos. En esa época y lugar, negarse a pagar los impuestos podía ser interpretado como un acto de rebelión contra el Gobierno romano, un delito grave.
La respuesta de Jesús acerca de dar a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios lo puso a salvo de una trampa, pero también significó una profunda lección sobre la responsabilidad del creyente hacia el Gobierno. Jesús:
“declaró que, ya que estaban viviendo bajo la protección del poder romano, debían dar a ese poder el apoyo que exigía mientras no estuviese en conflicto con un deber superior. Pero, mientras se sujetasen pacíficamente a las leyes del país, debían en toda oportunidad tributar su primera fidelidad a Dios” (DTG 568).
Lo que viene luego es una pregunta acerca de la resurrección de los muertos. Los saduceos eran un grupo sacerdotal que aceptaba solo los cinco libros de Moisés como Escritura. No creían en la resurrección de los muertos. El escenario que presentaron a Jesús fue probablemente hipotético, y tenía que ver con siete hermanos y una mujer. De acuerdo con la ley de Moisés, a fin de preservar la propiedad dentro de la familia, cuando un hombre moría sin dejar descendientes, su hermano debía casarse con la viuda, y el primogénito resultante de esa unión era considerado legalmente como hijo del difunto Deuteronomio 25:5-10
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5 Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco.
6 Y el primogénito que ella diere a luz sucederá en el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de este no sea borrado de Israel.
7 Y si el hombre no quisiere tomar a su cuñada, irá entonces su cuñada a la puerta, a los ancianos, y dirá: Mi cuñado no quiere suscitar nombre en Israel a su hermano; no quiere emparentar conmigo.
8 Entonces los ancianos de aquella ciudad lo harán venir, y hablarán con él; y si él se levantare y dijere: No quiero tomarla,
9 se acercará entonces su cuñada a él delante de los ancianos, y le quitará el calzado del pie, y le escupirá en el rostro, y hablará y dirá: Así será hecho al varón que no quiere edificar la casa de su hermano.
10 Y se le dará este nombre en Israel: La casa del descalzado.
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5 »Si dos hermanos viven en una misma propiedad, y uno de ellos muere sin tener un hijo varón, la viuda no podrá casarse con alguien que no sea de la familia. En cambio, el hermano de su esposo tendrá que casarse y tener relaciones sexuales con ella para cumplir con los deberes de un cuñado.
6 Al primer hijo varón que ella tenga de esa relación se le considerará hijo del hermano fallecido, para que su nombre no sea olvidado en Israel.
7 »Sin embargo, si el hombre se niega a casarse con la viuda de su hermano, ella deberá ir a la puerta de la ciudad y decirles a los ancianos allí reunidos: “El hermano de mi esposo se niega a preservar el nombre de su hermano en Israel: se niega a cumplir con los deberes de un cuñado al no casarse conmigo”.
8 Entonces los ancianos de la ciudad lo llamarán y hablarán con él. Si aun así se niega y dice: “No quiero casarme con ella”,
9 la viuda se acercará a él en presencia de los ancianos, le quitará la sandalia del pie y le escupirá la cara. Luego declarará: “Esto es lo que le pasa a un hombre que se niega a darle hijos a su hermano”.
10 A partir de entonces, todo Israel se referirá a su familia como “¡la familia del hombre al que le quitaron la sandalia!”.
Procurando desacreditar la doctrina de la resurrección, los saduceos proponen aquí un dilema moral: ¿De cuál de los hermanos será esposa la mujer cuando ocurra la resurrección? Jesús contrarresta el argumento de ellos en dos pasos, haciendo referencia a las Escrituras y al poder de Dios. Primero, describe el poder de Dios en la resurrección e indica que la institución del matrimonio ya no existirá en el Cielo. Luego, defiende la doctrina de la resurrección apelando a Éxodo 3, donde Dios dice que es Dios de Abrahán, Isaac y Jacob. Jesús da a en-tender que esto significa que Dios los resucitará; ellos no pueden permanecer muertos si Dios es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, quienes están, por ahora, muertos.
Si alguien te preguntara si conoces el poder de Dios, ¿qué le responderías y por qué?
JUEVES — El mandamiento más importante
Lee Marcos 12:28-34
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(Mt. 22.
34-40)
28 Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?
29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.
30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.
31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos.
32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él;
33 y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios.
34 Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.
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28 Uno de los maestros de la ley religiosa estaba allí escuchando el debate. Se dio cuenta de que Jesús había contestado bien, entonces le preguntó: — De todos los mandamientos, ¿cuál es el más importante?
29 Jesús contestó: — El mandamiento más importante es: “¡Escucha, oh Israel! El Señor nuestro Dios es el único Señor.
30 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.
31 El segundo es igualmente importante: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Ningún otro mandamiento es más importante que estos.
32 El maestro de la ley religiosa respondió: — Bien dicho, Maestro. Has hablado la verdad al decir que hay solo un Dios y ningún otro.
33 Además yo sé que es importante amarlo con todo mi corazón y todo mi entendimiento y todas mis fuerzas, y amar a mi prójimo como a mí mismo. Esto es más importante que presentar todas las ofrendas quemadas y sacrificios exigidos en la ley.
34 Al ver cuánto entendía el hombre, Jesús le dijo: — No estás lejos del reino de Dios. Y, a partir de entonces, nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
¿Qué profunda preguntahizo el escriba amigable, y cuál fue la doble respuesta de Jesús?
Hasta este punto del Evangelio de Marcos, la mayoría de los líderes religiosos, con pocas excepciones, son antagónicos a Jesús. Esto es particularmente cierto en el caso de Jerusalén, donde Jesús ha confrontado al liderazgo acerca de la adoración en el Templo, algo que se encuentra en el corazón mismo del judaísmo. Por lo tanto, el hecho de que un escriba escuchara las disputas y apreciara las respuestas de Jesús demuestra honestidad y valentía frente a la animosidad prevaleciente contra él. Habría sido más fácil simplemente permanecer en un segundo plano y solo observar, aun simpatizando con Jesús. Pero este hombre no hace eso.
El escriba penetra hasta el corazón mismo de la religión con su pregunta acerca de cuál de los mandamientos es el más importante. Jesús responde con simplicidad y claridad citando la Shemá, la confesión de fe del judaísmo tomada de Deuteronomio 6:4-5
. El más importante de los mandamientos, dice Jesús, es amar a Dios con todo el corazón, el alma, la mente y las fuerzas; es decir, con la totalidad del ser. Jesús concede un extra al escriba al mencionar el segundo mandamiento en orden de importancia: cita nuevamente el Antiguo Testamento, esta vez Levítico 19:18
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4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.
5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
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4 »¡Escucha, Israel! El Señor es nuestro Dios, solamente el Señor.
5 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
. Este mandamiento consiste en amar al prójimo como a uno mismo.
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18 No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.
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18 »No busques vengarte, ni guardes rencor contra tus hermanos israelitas, sino ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.
La gente se pregunta a veces cómo es posible exigir el amor. El contexto cultural del mandato que aparece en Deuteronomio ayuda a esclarecer esto. Ese lenguaje es tomado de los antiguos pactos o tratados entre partes, y el término traducido como “amor” se refiere al hecho de ser fiel a los requerimientos convenidos en el acuerdo, cumpliéndolos fielmente. Por lo tanto, aunque no se descarta el afecto profundo entre las partes, ese término está mucho más centrado en las acciones que demuestran esa lealtad.
El escriba fue honesto y apreció la claridad y la simplicidad de la respuesta de Jesús, reconociéndolas a viva voz. Uno puede imaginar los ceños fruncidos de los otros líderes religiosos puesto que el escriba honesto afirma que la respuesta de Jesús es válida, algo que ninguno de ellos estuvo dispuesto a hacer. Jesús también expresó su reconocimiento hacia el escriba por su respuesta honesta al decirle que no estaba lejos del Reino de Dios. No estar lejos no significaba estar dentro. Lo que el escriba todavía necesitaba era reconocer quién era Jesús y seguirlo, un paso adicional en el camino de la fe.
¿Cómo aprendemos a amar a Dios y a nuestro prójimo como a nosotros mismos? ¿Por qué es la Cruz la clave para obedecer estos mandamientos?
VIERNES - Para Estudiar y Meditar
Lee los capítulos “Un pueblo condenado”, “Cristo purifica de nuevo el Templo” y “Controversias” en el libro El Deseado de todas las gentes, de Elena de White, pp. 547-576.
“El acto de Cristo de maldecir el árbol que con su propio poder había creado se destaca como una amonestación a todas las iglesias y a todos los cristianos. Nadie puede vivir la Ley de Dios sin servir a otros. Pero son muchos los que no viven la vida misericordiosa y abnegada de Cristo. Algunos de los que se creen excelentes cristianos no entienden lo que constituye servir a Dios. Planifican y estudian para agradarse a sí mismos. Solo obran con respecto al yo. Para ellos, el tiempo solo tiene valor en la medida que les permite juntar para sí. Este es su objetivo en todos los asuntos de la vida. No obran para otros, sino para sí mismos. Dios los creó para vivir en un mundo donde debe realizarse un servicio abnegado. Los designó para ayudar a sus semejantes de toda manera posible. Pero el yo es tan enorme que no pueden ver otra cosa. No están en contacto con la humanidad. Los que así viven para el yo son como la higuera, que tenía mucha apariencia pero no llevaba fruto. Observan las formas del culto, pero sin arrepentimiento ni fe. Profesan honrar la Ley de Dios, pero les falta obediencia. Dicen, pero no hacen. En la sentencia pronunciada sobre la higuera, Cristo demostró cuán abominable es a sus ojos esa vana pretensión. Declaró que quien peca abiertamente es menos culpable que quien profesa servir a Dios pero no lleva fruto para su gloria” (DTG 550, 551).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
PREGUNTA 1
A lo largo de los evangelios, Jesús se refiere una y otra vez a las Escrituras y a cómo deben cumplirse. ¿Qué nos dice esto acerca de cuán centrales son ellas para la vida de la fe? ¿Por qué debemos rechazar fervientemente todo intento de rebajar la autoridad de las Escrituras, especialmente la idea de que ellas son meramente las ideas de las personas acerca de quién es Dios y de cómo obra?
PREGUNTA 2
¿Dónde se encuentra la línea apropiada de separación entre la Iglesia y el Estado? ¿Cómo ilumina ese debate la enseñanza de Jesús en Marcos 12:13-17
?
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(Mt. 22.
15-22; Lc. 20.
20-26)
13 Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra.
14 Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?
15 Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea.
16 Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César.
17 Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él.
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13 Después los ancianos enviaron a algunos fariseos y partidarios de Herodes para hacer que Jesús cayera en la trampa de decir algo por lo cual pudiera ser arrestado.
14 — Maestro — dijeron — , sabemos lo honesto que eres. Eres imparcial y no tienes favoritismos. Enseñas con verdad el camino de Dios. Ahora dinos, ¿es correcto que paguemos impuestos al César o no?
15 ¿Debemos o no pagarlos? Jesús se dio cuenta de su hipocresía y dijo: — ¿Por qué intentan atraparme? Muéstrenme una moneda romana, y les diré.
16 Cuando se la dieron, les preguntó: — ¿A quién pertenecen la imagen y el título grabados en la moneda? — Al César — contestaron.
17 — Bien — dijo Jesús — , entonces den al César lo que pertenece al César y den a Dios lo que pertenece a Dios. Su respuesta los dejó totalmente asombrados.
PREGUNTA 3
Busquen textos que hablen de la resurrección. ¿Por qué esta doctrina es tan central para nuestra fe, especialmente al considerar el estado de los muertos?
Repaso de la Lección
LECCIONES DE VIDA - Pr. Robert Costa